UN MUNDO DE RUIDO

¿Has paseado alguna vez al lado de alguien y os habéis quedado callados de repente? ¿O sin tema de conversación? ¿Has mirado fijamente a alguien a los ojos sin la necesidad de articular palabra? Hoy en día es casi imposible para la mayoría de las personas verse en situaciones así sin sentirse realmente incómodas.

Vivimos en un mundo de ruido en el que necesitamos cubrir aquello que más grita: el silencio. El silencio resulta tan necesario como respirar, pero como no es clave para sobrevivir prescindimos de él.

Llevamos vidas frenéticas, llenas de notas mentales o apuntadas en la agenda. Nos cuesta decir «no» y nos cuesta poco criticar. Vemos perfectamente lo que nos falta en la vida, y en lo que no nos falta vemos principalmente la parte negativa. Pretendemos ignorar que casi nada es urgente y que mañana mismo podríamos no estar aquí. Y la manera más simple de ignorarlo es llenar la vida (y la agenda) de ruido. Y de repente un día, sin previo aviso, pierdes a un ser querido o te despiden en el trabajo y ahí lo tienes… el silencio. ¿Ahora qué?

De un tiempo a esta parte, el ruido nos molesta. Hablamos de silencios incómodos cuando simplemente tenemos a alguien delante y no decimos nada, como si fuese estrictamente necesario. Salimos a correr o vamos al gimnasio con los cascos puestos, nos cuesta conducir sin sintonizar la radio o comer sin poner la televisión. ¡Hay incluso quien necesita el ruido para poder quedarse dormido! Hemos llegado a inventar la expresión «uy, esto no puede ser nada bueno» cuando percibimos el silencio.

Nos cuesta decir «no»

y nos cuesta poco criticar

En una sociedad esencialmente hiperconectada, huimos del silencio. El ruido nos llega por varios canales: visual, acústico y mental. Solo trata de establecer porcentajes en tu propio día a día. Nos engañamos incluso creyendo, en ocasiones, que estamos en un momento de descanso o silencio solo porque no hay sonidos alrededor, y, sin embargo, no soltamos las redes sociales, considerando que no son ruido.

Lo son, y muy potente. Su ruido genera hasta frustración cuando nuestras propias vidas no producen tanta cantidad de impacto como las de otros. La tecnología facilita nuestras vidas y la actividad, pero destroza nuestro silencio. Es ahí donde entramos nosotros para tomar decisiones.

Volviendo a los ejemplos anteriores, el día que nos sucede algo que marca nuestro día, repentinamente no queremos ruido. Solo oímos la realidad: lo que está dentro. Y esto no está ahí solo ese día, tenemos pulso propio en todo momento, sin embargo, decidimos no escucharlo. No pasamos tiempo a solas con nosotros sin sentir necesidad de ver, oír o pensar cosas, en resumen, sin buscar. No hay nada que buscar, no continuamente al menos.

La tecnología facilita nuestras vidas y la actividad,

pero destroza nuestro silencio

Pretendemos ignorar que casi nada es urgente y que mañana mismo podríamos no estar aquí. Y la manera más simple de ignorarlo es llenar la vida (y la agenda) de ruido.

Todo esto, además, lo estamos transmitiendo a nuevas generaciones, que buscan incesantemente entretenimiento, aprobación, canciones, experiencias materiales, y todo sin renunciar al ruido. O lo más triste, como comprobé una vez, sin ser capaces de mencionar (sí, incluso con todo lo que tienen o les damos) tan solo diez cosas que les guste muchísimo hacer. Ya ni hablamos de que estén en silencio sin usar nada… No nos molesta el silencio en sí, nos molesta sentir el miedo de no ser capaces escuchar. Nos come el miedo a estar vacíos o a contarnos verdades. Como me gusta decir y mencioné una vez en mi libro: cuando hay silencio oyes. Esa respuesta que no es rápida, que no llega instantáneamente, es la única que necesitas.

AMAR EL SILENCIO

Quiero dejarte tres tips aquí para comenzar a amar el silencio, solo si quieres y solo si lo decides:

1

Ignora la tecnología

Para empezar, puedes hacerlo durante dos horas seguidas en la franja horaria que prefieras (y no, no vale durmiendo 😉 ) Esto te ayudará a practicar tu independencia. Si te cuesta, recurre a esta pregunta: ¿qué es tan urgente que no pueda esperar dos horas?

2

Elimina algo de ruido acústico

¿sabes? llevo meses saliendo a correr sin música, y ahora me cuesta volver a mis antiguos hábitos, cuando el ritmo que siento es el de mi latido y no una canción, hasta la respiración mejora. Pasea o toma tu ducha en silencio. Aprende a disfrutar de tus momentos.

3

Observa tu ruido mental

Practica meditación o yoga. Sorpréndete a ti mismo pensando en el trabajo mientras cenas o haces deporte, y tratándote con amabilidad, vuelve a tus sabrosos bocados. Trata de poner más atención a tus platos, a tu respiración, a tu familia, a los momentos reales. Esto provocará que se reduzcan tus niveles de estrés y se dispare tu agradecimiento por todo lo que hay en ti y en tu vida.

Necesitamos volver al silencio. El silencio grita y cuando no lo oyes la vida se ocupa de ello. Tú tienes un corazón que palpita cada día, que te recuerda lo más importante: que estás vivo.

¿Cuántas veces has escuchado

tus latidos?

No nos engañemos, vivimos en un mundo al que adaptarnos, pero adaptarse no significa perderse.

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Orientadora de vida y futuro juvenil. Especialista en adolescentes. Madrileña licenciada en Filología Inglesa. Apasionada del mundo de la Educación y el Talento. Máster en Neuropsicología, Inteligencias Múltiples y Mindfulness para jóvenes y adultos. MentorCoach. Formación continua en Inteligencia Emocional, Oratoria, Emprendimiento, Coaching o PNL. Conferenciante y formadora. Actualmente, trabajando el Liderazgo Emocional con las personas para transformar sus vidas y con su propio método para orientar adolescentes de forma que consigan tomar decisiones responsables y de calidad sobre sus vidas personales y sus futuros profesionales. Cree firmemente en la felicidad y en el potencial humano a cualquier edad: “Nunca se es pequeño para soñar en grande”.