Lo que sigue es la propuesta de evaluación de INED21: la evaluación situacional. Siendo coherentes con el realismo contextual y el pluralismo pedagógico que defendemos, nuestra propuesta no es reduccionista: no pretende ser la única evaluación correcta y específica que se puede o debe hacer. Lo repetimos: la complejidad educativa desborda cualquier reduccionismo. Dicho de otro modo: debe integrarse en las habilidades de evaluación indispensables en la formación docente. Es una propuesta que surge del trabajo de aula, y puede ser interesante en la medida que tiene una serie de características que, a continuación, explicamos. Hay otros tipos e  instrumentos de evaluación que son viables y necesarios: el pluralismo existe para que cada profesor lo aplique según su contexto de aula.

Desde INED21 defendemos que todo verdadero aprendizaje es aprendizaje competencial. ¿Qué ha ocurrido? Lo hemos confundido con una metodología específica: el aprendizaje por competencias. La evaluación situacional implica el objetivo de un aprendizaje competencial. Tiene un núcleo conceptual: relacionar las situaciones que podemos diseñar metodológicamente, con niveles de dificultad de aprendizaje. Hay una complejidad en el aprendizaje que se refleja competencialmente, esto implica que debe tipologizarse. Resumiendo: todas las situaciones posibles que puede resolver el alumnado, están relacionadas con una tipología de complejidad de aprendizaje. Un ejemplo: si tomamos las pruebas PISA, veremos que se piden diferentes acciones sobre una situación/ problema, acciones que tienen una complejidad cognitiva creciente. En INED21 hemos tipologizado tres niveles de dificultad, por lo tanto tres niveles situacionales. La psicología cognitiva y educacional tiene mucha investigación respecto a esa complejidad cognitiva/emocional que debemos tener en cuenta.

La evaluación situacional es una síntesis evaluativa y tiene en cuenta el umbral evaluativo: un nuevo concepto que introducimos para explicar y dominar nuestro trabajo de aula. Hay un elemento que, muchas veces, no se tiene en cuenta en el proceso evaluativo. En nuestro análisis lo denominamos el umbral evaluativo, que viene determinado por varios factores, nombramos algunos: número de alumnos, tipo de actividad y/o tarea, recursos disponibles, tiempo y espacio, tipo e instrumento de evaluación que se realiza. El umbral evaluativo consiste en el número de variables que un profesor puede controlar adecuadamente para que su evaluación sea fiable y válida, y viene determinado por los factores que tiene cada situación evaluativa. Ese es el gran problema del aprendizaje por competencias. Resumido: el concepto de competencia es tan amplio que supera nuestro umbral evaluativo. La competencia es una estación de llegada, pero no es el tren que nos lleva a ella en gran parte de las etapas educativas. Esa ha sido la gran confusión: lograr unos niveles de competencia con una metodología específica, el aprendizaje por competencias. Dejamos para otra ocasión la naturaleza de la formación profesional. Innovar educativamente, al igual que en otros campos, significa sintetizar: dominar una complejidad de forma realista. Nuestra propuesta cumple esta característica: habilita sencillamente un modo de evaluar. Tenemos en cuenta ese umbral evaluativo como un factor indispensable que toda innovación en habilidades de evaluación debe comprender. Olvidarlo, es no comprender lo que un profesor puede hacer en un trabajo de aula.

La evaluación situacional es un elemento que, junto a otros, puede servir de transición metodológica hacia un aprendizaje competencial. Desde INED21 la evaluación situacional está unida a la propuesta de equilibrio metodológico. ¿Por qué? Porque se trata de partir de las prácticas existentes hacia una transición metodológica: para ello es indispensable el equilibrio metodológico. No debemos confundir el aprendizaje por competencias que es una metodología específica, con el verdadero objetivo: lograr un aprendizaje competencial.  Ahora bien, hay que ofrecer modelos que ayuden a esa transición metodológica, no se puede negar el trabajo de aula que se está realizando actualmente. Reconociéndolo hay que complementarlo y, finalmente, transformarlo: realismo frente al idealismo de tantos programas autonómicos que son rechazados por gran parte del profesorado. ¿Por qué? Porque no comprenden que hay que partir del nivel formativo y práctica de aula existente, ofreciendo modelos de complemento, transición y mejora. Esa es nuestra apuesta desde INED21.

Nuestra propuesta de equilibrio metodológico / evaluación situacional lleva incorporada una flexibilidad metodológica, donde todo docente podrá aplicarla según su contexto de aula. Un ejemplo: si todas las situaciones de aprendizaje se dividen en tres niveles de dificultad, un profesor podrá diseñar y evaluar de una forma realista ese trabajo de aula y poder adaptar su materia en esa transición a un aprendizaje competencial. Podrá elegir muchas secuencias didácticas en un mismo nivel situacional o entre diferentes niveles situacionales: se abre un espacio donde su imaginación didáctica podrá concretarse. La imaginación didáctica que defendemos se puede desarrollar formativamente: lo hacemos y lo haremos desde INED21, compartiendo diferentes estrategias de diseño, transformación y creación didáctica. No pretendemos tener la solución, sencillamente es una posibilidad que ayudará a muchos compañeros a realizar un aprendizaje competencial, junto a otras habilidades de formación indispensables. Pero debemos ayudar a esa transición, lo demás es la crítica constante que no ofrece posibilidades y que al final cronifica los problemas. Podemos mejorar, lo demás significa que todo siga igual.

La evaluación situacional permite una individualización metodológica de forma operativa. Objetivo que se enuncia, pero que sabemos de la dificultad de llevarlo en el trabajo de aula. Si disponemos de una tipología de situaciones, podemos establecer eficazmente en qué nivel competencial se encuentra, dentro de esa línea ascendente que es lograr un aprendizaje competencial. Esta característica facilita la incorporación operativa del aprendizaje competencial, ya que esa operatividad estructura y da un elemento de seguridad metodológica al profesor en el aula. En INED21 siempre tenemos en cuenta esta afirmación: toda innovación educativa debe ser operativa. No basta con proponer algo novedoso, algo que tantas veces ocurre en cierta innovación: es el problema del aprendizaje por competencias y de su evaluación. Arriesgamos una explicación: las novedades legislativas no deben prescribir nuestro trabajo de aula, nos debe habilitar en él desde una formación realista y adecuada. No está sucediendo, es hora de un cambio que mejorará todo el sistema.  

La evaluación situacional quiere ser una solución coherente con la  característica que define un aprendizaje competencial. ¿Cuál? Un alumno se desarrolla competencialmente cuando sabe resolver situaciones concretas en diferentes contextos, a través de lo que ha adquirido y que demuestra solucionando esa situación. Saber gramática no implica saber escribir una redacción correctamente. Memorizar los tiempos verbales en inglés, no implica saber comprar una barra de pan en una tienda en inglés. Esa es la gran diferencia. Por lo tanto, todas las situaciones deben tipologizarse por su dificultad de aprendizaje. Nuestra estrategia significa comprender que hay una dificultad competencial en todas las situaciones de aprendizaje. Esas situaciones las dividimos en tres niveles de dificultad que nos acercan a las prácticas de evaluación internacional. Sencillo, operativo y práctico para todo profesor en su trabajo de aula.

Otra ventaja del modelo es que el alumno tiene la motivación de ir desarrollando su nivel competencial, subiendo en la dificultad situacional: el aprendizaje competencial como reto. Vivimos en la era del aprendizaje, ésta se caracteriza porque todo sujeto tiene una multiplicidad de situaciones de aprendizaje que la sociedad industrial nunca sospechó. Es hora de introducirla progresivamente en nuestro trabajo de aula. Desde INED21 no creemos en la saturación de las revoluciones educativas que tanto imperan. Hay algo más difícil y progresivo: cambiar nuestras prácticas diarias a partir de lo que hacemos. El gran cambio es comprender lo que es una situación de aprendizaje, frente al aprendizaje por contenidos tradicional. Nuestra opción es hacer esa transición con nuestra propuesta de equilibrio metodológico.

Quien ha seguido nuestra línea de reflexión, comprenderá finalmente la propuesta integrada de INED21. Tenemos que desarrollar esta transición metodológica: saber diseñar situaciones de aprendizaje a partir de las prácticas tradicionales que aún son mayoritarias en nuestras aulas. Se puede, pero implica esta secuencia desde INED21: formación en equilibrio metodológico para que la evaluación situacional se integre en las habilidades de evaluación que todo profesor debe dominar, junto a otras viables y necesarias. Frente al memorismo, el aprendizaje competencial: el objetivo y final de cualquier verdadero aprendizaje. Es triste ver cómo se ha confundido esto con una metodología específica: el aprendizaje por competencias. No es lo mismo. Un detalle: la memoria es importante, pero ésta es lo contrario del memorismo vacío que tantas veces sigue en nuestras aulas.

Desde INED21 nuestra investigación y reflexión ha ido incorporando toda esta reflexividad basada en el trabajo de aula y que define nuestra propuesta pedagógica. Resumimos conceptualmente nuestro trabajo: equilibrio metodológico ( pluralismo pedagógico); propuesta y clarificación del aprendizaje competencial frente al aprendizaje por competencias; imaginación didáctica: ese conjunto de estrategias de flexibilidad metodológica que dinamiza nuestra trabajo de aula, de ahí que adelantamos un objetivo que hay que trabajar y lograr: la competencia creativa; evaluación situacional y umbral evaluativo; aula síntesis como tecnorrealismo. Todo lo anterior con un denominador común: el realismo contextual. Dicho de otro modo, el contextualismo realista que siempre defendemos: es el docente en su situación y contexto de aula el que debe interpretar y aplicar qué tipo de metodología es adecuada. Lo repetimos: la complejidad educativa desborda cualquier reduccionismo metodológico.

Hay que mejorar y facilitar el trabajo de aula, dada la complejidad del mismo: nuestra propuesta quiere incorporarse a ese pluralismo metodológico que todo profesor debe dominar. Sintetizar la evaluación del aprendizaje competencial por niveles de dificultad: una tipología de tres situaciones, donde en cada nivel de dificultad esté integrado la complejidad del aprendizaje. Sintetizar es lo contrario de multiplicar las variables de control. Todos lo sabemos en nuestro trabajo de aula: tenemos un umbral evaluativo. Realismo, operatividad y coherencia para ayudar a esa renovación metodológica. Una solución más para ese pluralismo que apoyamos: el equilibrio metodológico.