A pesar de que en el 2018 se abrieron las puertas de lo que parecía ser el comienzo de una revolución, podemos afirmar con total rotundidad que es el 2019 el que despunta como el año del feminismo. Parece que tantos acontecimientos ocurridos alrededor de todo el mundo, no nos han dejado otra alternativa, «el 2019 será feminista o no será»; ya se podía leer en los titulares de muchas publicaciones poco antes de Nohevieja.

Casi estrenando el año y con apenas unos meses transcurridos, son muchas las campañas en los medios de comunicación que nos recuerdan insistentemente que estamos en la era del feminismo; lemas y hashtags procedentes de diversos contextos han conseguido ser trending topic a nivel mundial, batiendo récords históricos y poniendo todo el foco de atención en la «marea violeta».

Todo esto parece indicar que el feminismo está de moda. Actualmente, es prácticamente imposible pasar un solo día sin que llegue a nosotros, de la manera que sea, un mensaje de apoyo a las mujeres o enalteciendo el posicionamiento de la mujer en la sociedad.

A través de declaraciones en redes sociales, vídeos, fotografías, camisetas, escaparates, publicidad, discursos políticos, etc., nos recuerdan constantemente que nos encontramos inmersos en plena lucha feminista y que «el cambio» está cerca. Cada día se suman nuevas empresas que quieren aportar su granito de arena a la causa, ofreciendo descuentos, exclusividad o ayudas a la población femenina.

Hoy en día, el movimiento está tan en boga que no es difícil encontrar, por ejemplo, eventos únicamente para mujeres, formación exclusiva para mujeres, establecimientos sólo para mujeres o tarifas sólo para ellas.

En algunos sectores en concreto, como son la moda y el cine, la bandera del feminismo ondea con mucha más intensidad, ya que son prácticamente inexistentes los espectáculos en los que no acabe todo tiñéndose de violeta, incluyendo premios, discursos, incluso el color de la vestimenta.

En el campo de la política, por ejemplo, el feminismo y el amplio debate que al parecer aún suscita, se encuentra a la orden del día y de manera notoria y resaltada en cada discurso político o en cada programa electoral.

Aparentemente, este bombardeo constante que nos recuerda a diario el «nuevo» despertar de las mujeres, no tendría ninguna objeción, es más, deberíamos estar agradecidos; ya que, al ser sectores de enorme visibilidad y proyección mundial, los ideales del feminismo atraviesan fronteras y deberían expandirse con mayor facilidad.

Por lo que la cuestión no sería poner en duda el objetivo real de estas iniciativas, ya que el hecho de que estas empresas se lucren a costa de apoyar la causa, no tendría mayor importancia, ya que es lícito sacar beneficio de un proyecto al que además ayudas a difundir.

¿MODA?

¿Es el feminismo una moda?

La verdadera cuestión en todo esto es, ¿realmente esta macrodifusión del feminismo llega a la población con todo su significado?, ¿el consumidor entiende el mensaje más allá del artículo?, ¿es el feminismo una moda?

El problema de las modas es que son pasajeras, volátiles, y suelen durar lo mismo que dura su capacidad de sorprender. Al abusar de su uso, la gente termina aburriéndose y saturándose de la sobreexposición, corriendo el riesgo de que comiencen a generarse posturas oposicionistas o detractoras del movimiento, como parece ser que ya está empezando a suceder en nuestro país.

Es el concepto «feminismo» y toda la parafernalia de la que lo han envuelto es lo que está de moda, lo que hace que aumenten las ventas y se disparen las audiencias, matrículas o votos. El eslogan feminista es rentable y se explota más allá de lo que simboliza; lo que representa el término, sus ideales y valores se han descontextualizado por completo, el concepto se ha frivolizado de tal manera que ha quedado resumido a un lema vacío, pero con mucho enganche publicitario y político.

Las consecuencias de este fenómeno se observan en que, a pesar de estar rodeados de mensajes y campañas feministas, gran parte de la población sigue sin haber interiorizado por completo su significado.

Es asombroso y desolador observar cómo la gente aún sigue creyendo que este movimiento defiende la superioridad de la mujer en relación al hombre o que la palabra feminismo es el antónimo de la palabra machismo (cuando el concepto que define la postura igual de extrema pero opuesta al machismo ya existe y es otro, hembrismo, pero pocos los conocen).

Puede ser comprensible que por su estructura gramatical, la palabra feminismo lleve a confusión, incluso parece aceptable que el concepto está algo desfasado, ya que, al implicar ‘igualdad de género’ y al encontrar tanto a hombres como a mujeres involucrados en la lucha, el concepto podría actualizarse y evolucionar hacia connotaciones más neutras; pero sería muy injusto e irreverente olvidarnos de los más de 100 años de historia que conlleva esta palabra, además de que actualmente es el único término oficialmente aceptado para describir, literalmente, la igualdad entre géneros.

#Educación,

una poderosa herramienta

Como para tantos otros conflictos sociales y culturales, una poderosa herramienta para combatir esta desinformación, es la #educación. Educar e informar son las claves en esta batalla donde el primer peldaño que hay que subir es la interiorización y comprensión del concepto, para más adelante avanzar en un frente común con una meta compartida.

A pesar de este mencionado bombardeo constante de alusiones feministas en cualquier sector, o precisamente a causa de él, son muchas las posturas que aún cuestionan la necesidad de este movimiento y los motivos de su lucha.

Se discute acerca de la celebración del Día de la Mujer, manifestaciones, huelgas, movilizaciones, etc., pero la réplica es sencilla, pues sólo hace falta encender la televisión o abrir un periódico para darnos de bruces con la realidad: techo de cristal, corresponsabilidad en el hogar, conciliación familiar, micromachismos, brecha salarial, violencia de género, cosificación mediática, acoso sexual, patriarcado cultural…

El listado de titulares es tan extenso como alarmante; hemos aprendido a vivir normalizando la desigualdad de género en nuestra sociedad y parece que tras la carga mediática que despierta el feminismo, se comienza a hacer frente. Proponer eventos, merchandising y proyectos feministas ayuda, pero mejor sería cambiar mentes y crear conciencias; conseguir realmente que la población interiorice el significado del concepto, más allá de una simple estrategia de marketing para unos pocos.

Es costoso deshacernos, de la noche a la mañana, de un bagaje socio-cultural tan arraigado históricamente en nuestro país, es por ello por lo que fechas y actos como los anteriormente señalados, no pueden pasar desapercibidas en el calendario.

El mayor deseo sería que llegue el día en el que, por ejemplo, celebrar el Día de la Mujer no tuviese sentido, pues significaría que –por fin– hombres y mujeres gozarían de los mismos derechos y deberes, pero desafortunadamente aún estamos algo lejos de lograrlo, así que mientras esperamos a que ese día llegue, debemos seguir luchando no solo porque el feminismo esté de moda, sino porque la igualdad es el único camino posible.

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Licenciada en Psicología por la Universidad de La Laguna (ULL), especialización en Máster en Psicología Práctica Clínica, certificado por la Asociación Española de Psicología Clínica Cognitivo Conductual (AEPCCC) y especialización en  Máster en Psicología Forense  avalado por el Instituto Superior  de Estudios Psicológicos (ISEP). Homologación Psicología Sanitaria y Máster en Mediación civil y mercantil, experto en mediación familiar. Trayectoria profesional en el ámbito de la psicología clínica y social, desarrollando el trabajo tanto en instituciones públicas como privadas, incluyendo Hospitales en Salud Mental, Servicios Sociales, gabinetes especializados y empresas sanitarias privadas. El desarrollo profesional en el ámbito forense como perito psicóloga abarca el sector privado y además colaboraciones con los juzgados y la Administración de Justicia. Realización de cursos y talleres como docente, además de publicación de artículos y comunicaciones orales y escritas en congresos.