El dilema

Educación / Mundo

La renovación de la Educación es difícil porque es una empresa principalmente de la conciencia, más que de la inteligencia. No se trata sólo de diagnosticar y de sugerir mejoras y actos de renovación. Se trata de que toda una comunidad se reconozca en el diagnóstico y entienda las mejoras. Después, toda la comunidad debe verse capaz de emprenderlas.

Los peores despotismos ilustrados

La inteligencia penetra en los problemas como una taladradora. Pero sin el apoyo de la conciencia puede agujerear donde no es útil para todos. Es más fácil avanzar en el conocimiento de un área del saber que entender la totalidad, y lo cierto es que proporciona una falsa sensación de plenitud.

Fue más fácil, en el siglo XIX, trasladar a la escuela las disciplinas universitarias con el criterio de un político que ensayar una visión del mundo provisional con que abrir los ojos a los niños. Equiparo conciencia con «abrir los ojos».

Conciencia tenían las clases dirigentes, conciencia de clase. Veían un mundo pero era un mundo mutilado, una humanidad partida en razas y «calidades», en licenciados y paisanos. Cada vez cuesta más «ver» un mundo así, hemos progresado algo, pero tampoco alcanzamos a ver un mundo mejor que no sea borroso. Ese mundo depende de que todas las personas, o casi, puedan «ver el mundo» tan bien, o casi, como los mejores visionarios.

El problema es que éstos saben que el mundo dejaría de ser sólo proyecto de ellos y se les disputaría «su visión». Ellos necesitan personas con sólo inteligencia que les solucionen problemas concretos para establecer su plan sobre el mundo, en el supuesto de que es un plan para todos.

Posiblemente lo piensen así, pero sin una conciencia poderosa, las dinámicas sociales se vuelven perversas y alumbran los peores despotismos ilustrados.

Necesidades al mismo nivel

Creo que el párrafo anterior explica un poco los problemas de la escuela entre defensores de la competencia y el esfuerzo y defensores de la educación para la ciudadanía. Los primeros piensan que los niños no necesitan humanidades, sólo instrumentalidades. Los segundos piensan que los niños necesitan desarrollarse como seres sociales completos. Lo primero es demasiado concreto y limitador. Lo segundo demasiado difuso y paralizador.

En el mundo que tenemos, los situados ya se procurarán sus humanidades que les proporcionarán «visión del mundo». Los que no están situados y no alcancen a situarse, trabajarán para la visión del mundo de los otros.

Tal como están las cosas tiene su lógica. Vamos en el barco en que vamos y tiene que funcionar como funciona y navegar en la dirección en que navega a no ser que tengamos una alternativa que adquiera suficiente claridad y visibilidad. Si no, todo puede desmoronarse, es cierto. Los santos pedagogos del siglo XX no han tenido tiempo de cambiar el mundo en medio de dos guerras mundiales, de descolonizaciones y de grandes migraciones. Y mientras, la maquinaria ha seguido marchando y reclamando la satisfacción de sus necesidades. Sólo que la máquina no está preparada para que todo el mundo reclame sus necesidades al mismo nivel. Y cada vez más gente lo hace.

Un relevo necesario

El problema de la Educación es el principal problema de la Humanidad, en el fondo. De si somos una Humanidad coherente o una colección de pueblos o individuos que tienen un estatus mohoso que no siempre se reconoce. La sola inteligencia nos permite funcionar de momento en el segundo supuesto.

La descohesión plantea problemas que ocupan a muchas inteligencias y se van resolviendo. La conciencia tiene una misión mucho más difícil, mantener una libertad consistente para cada individuo atendiendo al mismo tiempo a las necesidades de todos los demás. No es seguro que logremos algo así, pero creo que estaría mal no intentarlo.

Una Humanidad coherente ve a sus hijos como un relevo necesario y libre y no les impone el futuro más allá de las exigencias de lo ya hecho. Las capacidades de diálogo y empatía que eso exige tal vez sean desmesuradas, no lo sé. Pero hay que intentarlo.

Y si la escuela es el dispositivo principal de ese precario relevo de una Humanidad que se quiere inmortal, necesitamos saber qué somos, es decir, disponer de una Teoría de la Humanidad consensuada que todos los maestros entiendan y compartan. Y deben aprenderla en alguna parte. Después hablaré de eso.

Si después nos arrasa un planetoide errante, al menos moriremos con honor (al fin y al cabo creemos en Dios, ¿no?) y no se podrá decir que no habíamos hecho todo lo que estaba en nuestra mano.

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Licenciado en Prehistoria e Historia Antigua. Profesor de EGB y Primária entre 1980 y 2000. Redactor de textos escolares y enciclopedias juveniles para la editorial TEXT/LA GALERA. Autor de novela juvenil. Postgrado de Edición en la UOC. Autor del proyecto Biblioteques d'Investigació Jove y del blog LLIBRE DE TEXT: L'ANCIEN RÉGIME. Miembro de la Societat Catalana de Pedagogia y del grupo "Narració i pedagogia". Actualmente retirado.