Hoy quisiera reunir una serie de experiencias, observaciones y lecturas que, dispersas, me persiguen desde hace tiempo. Reunir significa analizar las consecuencias de aquello que no me permite pensar de la misma forma: estas palabras son consecuencia de lo que describe. La actualidad mediática repite sin cesar lo que es ya un tópico: la educación debe cambiar y adaptarse a este nuevo estadio del capitalismo, la sociedad del conocimiento. Esa adaptación puede darse como reproducción social o como transformación social, una supuesta dicotomía que otro día abordaré. Este análisis es una continuación de educar para la incertidumbre: una serie de hipótesis educativas que pueden abrir líneas en esa nueva ecología del aprendizaje que significa vivir en la sociedad red. Hoy pretendemos unificar y desarrollar este enunciado educativo y sus implicaciones: educar para la extrañeza. 

Educar para la extrañeza significa educar para identificar y seleccionar la excepcionalidad dentro de las series continuas de la información. Quien no sea capaz de darse cuenta de aquello que incumple una continuidad en un elemento, proceso o estructura, es alguien que tendrá muchas dificultades para innovar en cualquier área o ámbito en una sociedad del conocimiento. Aquel que sigue extrañándose, es aquel que sigue sensible para la excepcionalidad. La extrañeza es inseparable de cualquier acto creativo. No hay innovación sin creatividad.

Educar para la extrañeza significa educar para reconocer la problematicidad dentro de los elementos, procesos y estructuras que nos rodean. Reconocimiento que implica desarrollar procesos cognitivo-emocionales en esa normalidad que nos invade con la saturación informacional, un desarrollo que implica reconocer esa problematicidad singular que obstaculiza o paraliza una dinámica. Quien no tenga desarrollada sus diferentes tipos de atención, no será capaz de reconocer aquello que problematiza una situación informacional. Esa es la diferencia, muchas veces, entre el proceso creativo y el proceso de reproducción. La creatividad siempre reconoce una problematicidad que la pone en movimiento.

Educar para la extrañeza significa educar para la síntesis de nuevos elementos, procesos y estructuras. La linealidad y secuencialidad que caracterizó a la sociedad industrial, nos ofreció una seguridad que no volverá. Una hipótesis: la sociedad del conocimiento implica una fragmentación de sus series de información para su propio desarrollo. La fragmentación y síntesis continua de todo elemento, proceso y estructura, es parte del nuevo modo de producción. Una fragmentación que acelerará su dinamismo. Todo lo anterior explica, junto a otros factores, que saber sintetizar en cualquier elemento, proceso y estructura sea esencial. La extrañeza sabrá diferenciar qué tipos y nuevas síntesis son posibles en esta aceleración de lo fragmentario, propia de nuestra época. Crear es, entre otras cosas, sintetizar  aquello que no se relacionaba adecuadamente.

Educar para la extrañeza es educar para identificar y desarrollar la excepcionalidad, la problematicidad y la capacidad de síntesis. Extrañeza o capacidad de asombro para aquello que normalmente pasa desapercibido. Esta reflexión debe acompañarse de didácticas específicas que diseñen situaciones de aprendizaje. Construir nuevas series de secuencias didácticas es una de las características que denominamos imaginación didáctica. Uno de los cursos y programas que ofrecerá INED21 es esa competencia: las diferentes estrategias y habilidades para desarrollar la imaginación didáctica, una forma realista de mejorar nuestro trabajo de aula o nuestra tarea profesional en otros campos.