Desde las neurociencias entendemos mucho mejor el desarrollo infantil.
Nos permiten tener totalmente claro que la mejor preparación para la escuela hasta los 6-7 años -algo repetido hasta la saciedad sin que se haga caso alguno de ello-, es y debe ser la no-escuela; pero sí es y debe ser EDUCACIÓN.

EDUCACIÓN es integrar la realidad-real, es participar de y en la naturaleza del medio afectivo acogedor, es el juego integrador, es experimentar, es descubrirse y descubrir, es inventarse y crear, es desarrollo de habilidades y destrezas naturales sin cortapisas, sin imposiciones, sin barreras. El niño como niño, no como adulto, y sin presiones ni aceleres.
El niño en el medio afectivo-afectuoso familia: personas+recursos y oportunidades. El niño en el ámbito familiar más educadores que le acompañan en su propia realización humana y social, complementando a la familia y también involucrando a la familia en la dinámica educativa. Eso es (mejor dicho, debiera ser) la etapa educativa de 0 a 6 años; etapa que no es escolar.

Ser EDUCACIÓN

“En el viaje entre el nacimiento y el caminar, se siembran las semillas del lenguaje y el habla”, lo dice Sally Goddard. Esas semillas crecen durante los años que siguen, pero sin prisas pues necesitan múltiples y diversos desarrollos, con tiempo para ello. Si hay prisa no hay ternura ni cuidado; lo invisible va lento y nosotros no lo vemos si tenemos prisa, prisa de que los niños dejen de ser niños y así recorten su desarrollo neurológico, esencial para educarse.

El desarrollo neurológico es un complejo proceso que se despliega desde el nacimiento (meses antes) y que tiene su origen y sus bases fundamentales en la interacción entre la genética, el entorno próximo del bebé primero y después el niño que experimenta directamente, por iniciativa y decisión propias, con las realidades naturales y sociales.

El desarrollo se alimenta de la acción en movimiento y la experimentación directa del cuerpo, su cuerpo, con la realidad circundante. Experiencia que va madurando el cerebro mientras este organiza el mundo en la persona y para la persona. Toda interferencia en ese proceso es una barrera en su eficaz realización. Es interferencia imponer aprendizajes escolares para los que no está habilitado el complejo neuro-funcional antes de los 6-7 años en que los niños acceden a la abstracción que requieren letras y números.

Decía Pestalozzi: ”Haced que los niños busquen aquello que son capaces de hallar por sus solas fuerzas”. ¡Qué poco caso hacemos de los grandes educadores! Forzamos a los niños no a que busquen, sino a que odien lo que, por serles impuesto y martillado antes de que su mente lo busque, crea barreras en su querer (emocional) y, por consiguiente, en su aprender.

EDUCAR, decía B. Russell, es calentar corazones y mentes. Escolarizar infantes para llenar sus cerebros es la forma de enfriar corazones y ofuscar mentes; así creamos obstáculos en el camino de la inteligencia y la libertad de pensamiento; cada día lo constatamos con más y mayores evidencias.

EDUCAR complementando e implicando a los padres, supliendo limitaciones de la familia, ahondando en las necesidades vivenciales del niño: su desarrollo neurológico, su madurez funcional, su integración sensorial, su gran riqueza emocional.

EDUCAR aportando lugares y espacios, profesionales y recursos para ello. Tener el personal más cualificado para la función más importante: EDUCAR. Lugar y espacios conectados con la naturaleza en su genuina expresión. Conectados con el mundo real y personal, no el artificial ni virtual, no el abstracto mientras el niño funciona en concreto.
Jardín de infancia, Oasis o lugar educativo,…con libertad de acción, participación, experimentación, creación, interacción y presencia acompañada por la acción educativa de padres y especialistas educadores.

Los niños progresan, pero no son progresistas

Los niños progresan, pero no son progresistas. Los niños siempre han sido digitales pero hasta más allá de los 7 años la mejor preparación para el mundo on-line es el mundo off-line. Los niños necesitan y aprenden más, mucho más en la interacción humana y en la naturaleza real, no la virtual, no pantallas, no artificial que son solo estímulos que les sobrecargan.

Las palabras son las manitas con las que tocamos nuestro mundo; pero si las palabras solo vuelan desde pantallas, son humo que deja a las manos inertes.

Enseñar a mirar: la realidad, el entorno, la naturaleza, la vida en todas sus formas; eso es arte y todo arte es importante para educar. El mundo y la vida están llenos de maravillas, el niño necesita maravillas para llenarse con los milagros de cada día, es la forma mejor de vivir y le pone en el camino de llegar a ser plenamente humano, algo difícil pero posible con esta educación porque estará en situación de asombro y gratitud, bases del desarrollo emocional.

No hay educación si no es emocional

No hay educación si no es emocional. No tiene sentido hablar, enseñar o impartir “educación emocional”; si hay educación es emocional o no es educación. Desde aquí partimos para decir con total claridad: La EDUCACIÓN es anterior en el tiempo y diferente de la escolaridad; la EDUCACIÓN se realiza en el medio afectivo familiar que puede y debe ser ayudado por educadores bien formados para ello y con recursos apropiados para los niños en su etapa educativa.

Nuestro sistema oficial es de enseñanza, no educativo. Sin duda la escuela, a su debido tiempo, también ayuda y refuerza la educación, siempre y cuando el niño llegue a la etapa escolar con buenas bases de educación adquiridas durante su etapa educativa, de los 0 a los 6 + años.