“La educación es el arma más poderosa que puedes usar para

cambiar el mundo”

Nelson Mandela

“No rechaces tus sueños.

¿Sin la ilusión el mundo qué sería?”

Ramón de Campoamor

“Cuando pienso en mi vocación

no temo a la vida”

Antón Chéjov

Empiezo el año con un estreno que me hace sentir muy honrada y feliz, la invitación de José Luis Coronado y Víctor González, fundadores del Magazine INED21, a contribuir en el viaje de reflexión y compromiso con la Educación que supone su inspiradora y ejemplar iniciativa.

#Educailusionados-Magazine-INED21

 Fotografía libre de derechos encontrada en http://splitshire.com/astro-photographer/

En tan importante estreno, para mí, deseo haceros una invitación: imaginar el camino que conduce hasta nuestra vocación. Es este difícil viaje podemos perdernos, tomar desvíos nada acertados o incluso, en ocasiones, abandonar antes de concluirlo. A pesar de los peligros, su complejidad no le resta un ápice de belleza, y alcanzar su escarpada cima es una de las experiencias más gratificantes de nuestra vida, pues confiere a nuestra vida significado y propósito.

Para realizar nuestra travesía vocacional será preciso llevar escoltas que nos protejan del peligro de la incertidumbre. Y que mejores guías para esta aventura que la educación  y la ilusión. Más, quizás os preguntéis, ¿por qué ellas?

EDUCACIÓN

Cuando hablamos de educación, al menos desde mi punto de vista, tratamos asuntos cómo:

Aprender a Vivir.

Descubrir el papel protagonista en nuestro particular recorrido vital.

Asumir nuestro carácter multidimensional.

Comprender que conocer nuestros valores puede ayudarnos a alcanzar la felicidad propia y la de los que nos rodean.

Incluir el espíritu crítico en nuestra mochila como pack básico.

La grandeza que se esconde en identificar nuestros talentos –todos nacemos con extraordinarias habilidades innatas y es un triste despilfarro no ponerlas en valor–.

Y desde luego, hablar de educación implica hacerlo como sinónimo de reconocer y honrar nuestro propósito en la vida, y es, precisamente ahí, en dónde reside el fundamento por el que la educación resulta de inestimable ayuda  en el recorrido hacia nuestra vocación.

La educación,  así entendida, camina siempre de la mano de la ilusión, nuestra otra compañera de viaje,  y es entonces cuando –pido de antemano disculpas por la invención lingüística– nos sentimos  #educailusionados.

Estar #educailusionados es condición sine qua non para que la pedagogía, con su trabajo,  contribuya a la manifestación de nuestra vocación –nuestra particular Estrella Polar– de manera que nos inspiremos para  comprender el sentido de nuestra existencia.

ILUSIÓN

Hace algunas semanas la casualidad, o quizás mi creciente interés por todo lo referente a las motivaciones humanas, me condujo hasta el libro “Breve tratado de la ilusión” del gran filósofo y ensayista Julián Marías (Valladolid, 17 de junio de 1914 – Madrid, 15 de diciembre de 2005).

Teniendo en cuenta que en mi trabajo con personas y organizaciones, inmersas en procesos de cambio, la ilusión es una premisa atornillada a nuestras conversaciones, y que vivimos momentos en los que requerimos reconsiderar nuestra interpretación de la realidad, leer Breve tratado de la ilusión ha resultado un inspirador regalo.

No voy a diseccionar aquí el libro de Julián Marías –  recomiendo, y mucho, su lectura-  pero es preceptivo compartir aquí dos ideas que, respecto de la ilusión, me han inspirado a entender su razón de ser en la búsqueda de nuestra vocación:

La semántica positiva de la ilusión, que al parecer es privativa de los que hablamos español. Tiene la condición de ser un secreto español y mientras en el resto de lenguas su significado tiene sólo un sesgo negativo, en nuestro idioma se adoptó, a principios del siglo XIX, el sentido excelso y exclusivo que nos permite, a ti y a mí, “tener ilusión” por alguien o por algo, “estar llenos de ilusión”, “sentirse ilusionado”, considerar un proyecto “ilusionante” o “tener ilusión por su trabajo”. Todos los seres humanos deberíamos realizar el viaje del que trata este artículo, pero si además hablamos español,

¡Sería una locura desperdiciar

tamaña ventaja!

El segundo preciado regalo es descubrir que la vocación, desde la ilusión entendida, adquiere el carácter de personal e intransferible. Es decir, que no existen dos vocaciones exactas, como tampoco dos personas idénticas. 

¿Tenemos ilusión por

nuestra vocación?

La ilusión nos acompaña a lo largo de toda la vida, especialmente durante la niñez, y dado su carácter de anticipación, y nuestra percepción proyectiva, la ilusión actúa como indiscutible fuerza motriz de todos nuestros proyectos.

Pero si queremos que la ilusión sobreviva, debemos saber que necesita alimentarse de la inquietud por lo que ha de venir, por lo nuevo y, esto, no es fácil de conquistar.

Con el paso del tiempo perdemos la ilusión, no como consecuencia de nuestras desilusiones que es la otra cara de la moneda, sino que abandonamos nuestra capacidad de imaginar el futuro y nos acuartelamos en territorios como saberlo todo o apalancarnos a  la seguridad y comenzamos a mirar todo cambio e innovación con desdén desde nuestra zona de confort.

En nuestra calidad de padres, docentes y sociedad misma, si nos bajamos del tren de la ilusión, ¿cómo podremos propiciar el desarrollo de la ilusión en las nuevas generaciones?, ¿cómo podremos enseñarles a despertar el sentido más brillante de la trayectoria vital de cada individuo o, lo que es lo mismo, su vocación?

VOCACIÓN

A mitad de la segunda década del siglo XXI -cuando vivimos en una sociedad híper conectada y en la que creatividad e innovación emergen cómo bandera de nuestra adaptación al cambio, de la adopción de continuos retos, de nuevas cuestiones éticas, etc. – requerimos comprender, más si cabe que nunca, y de una vez por todas, que el verdadero significado de vocación nos habla de propósito, ambición, aspiración, finalidad y también de trascender más allá de nosotros mismos al ámbito de la comunidad. Una comunidad, en la que todos precisaremos saber pensar globalmente aunque nuestra actuación sea local.

Nuestra vocación es única, como únicos somos

cada uno y cada una de nosotros

La vocación empieza su camino al inspirarse en la de otros, nos miramos en las profesiones, en las tareas, en las experiencias de otros, en sus logros y fracasos, en sus risas y en sus llantos y en esta fase de observación, la vocación es algo genérico, sin personalidad alguna,   y puede concernir a cualquiera. En esta etapa tan sólo estamos ante un concepto de vocación “profesionalizada”, y, con todo, es la que como sociedad y cultura tenemos generalmente aceptada.

Más tarde, y al igual que la vida nos moldea, nuestra vocación se concreta a lo largo del itinerario personal a través de nuestra propia experiencia y particular percepción, siendo esto el principal motivo por el que debemos considerar que la vocación es mucho más que una profesión, de hecho puede llevar consigo varias o incluso solaparse éstas en algún momento de nuestra vida.

Hemos dicho antes, al referirnos a Julián Marías y su Breve tratado de la ilusión, que la vocación, vista desde la óptica de la ilusión tiene carácter de personal e intransferible. Pero, ¿por qué es la ilusión la que imprime la naturaleza específica a nuestra vocación?

BALANCE INSOBORNABLE

Lo  que la sociedad parece esperar de cada uno, cómo nos influye la opinión de los demás, lo que somos o creemos ser, y también las circunstancias que vivimos, entorpecen la visión que tenemos de nosotros mismos. Lo que nos revela, verdaderamente, nuestras auténticas aspiraciones, en palabras del profesor Marías  “es el balance insobornable de nuestra ilusión”, y por eso, si te sientes ilusionado, busca en esa ilusión, no te conformes, no desistas. En las ilusiones se encuentran las señales inequívocas de nuestra particular Estrella Polar, la vocación.

Cuando la ilusión se instala en nuestra vida es algo así como albergar el optimismo en el norte de nuestra brújula interior –optimismo entendido como el estilo de interpretar los acontecimientos con la atención puesta en la solución de un problema, o en el caso que nos ocupa, en descubrir nuestra vocación–.

Si nos prestamos atención, si nos escuchamos, sentimos la ilusión en nuestras entrañas y es ella quién pone, en esa emoción primigenia que percibimos, el acento necesario para encontrar nuestros talentos.

Talentos, que son, ni más ni menos, que aquellas cosas que nos gustan y hacemos muy bien, que enmarcan a la perfección nuestra singularidad y que nos ayudan, de una parte, a resolver nuestra vida profesionalmente hablando, y de otra, lo más importante de todo, a dotar de sentido y propósito nuestra vida.

Todos precisaríamos estar #educailusionados para este viaje, sin embargo la mayoría de nuestros actuales sistemas educativos sólo responden a las expectativas que establece la sociedad para cada individuo, y olvidamos así, su esencial misión cómo impulsores de la singular odisea de cada persona:

Salir al encuentro de nuestra

Estrella Polar