El romanticismo pedagógico incluye todas aquellas corrientes donde el desarrollo evolutivo y educativo del alumno, no debe ser interferido en la medida de lo posible. Crecer naturalmente nos llevaría al desarrollo pleno de sus capacidades cognitivas y creativas. Intentar estructurar u organizar ese desarrollo se verá como un obstáculo. Rousseau nos lleva a una sociedad creativa y plena. Romanticismo pedagógico, tememos que de actualidad.

Películas como “La educación prohibida” que critican ciertos sistemas educativos, gurus de la creatividad como Ken Robinson, pedagogías alternativas y sustitutivas de los sistemas formales, tienen ese denominador común: el alumno debe educarse libremente, desde su evolución natural e individual. Lo sentimos, pero el romanticismo pedagógico como el romanticismo político, son seductores en tiempos de crisis, pero peligrosos en sus consecuencias y presupuestos.

Primera crítica: la necesaria reforma de la educación actual, no habilita el romanticismo pedagógico. Presupuesto de partida: mistificar la naturaleza es afirmar que la espontaneidad de la misma no debe frenarse o encauzarse culturalmente. Resultado: produce espejismos respecto a lo que un alumno puede desarrollar por sí solo, y más grave aún, olvida el papel socializador de todo sistema educativo. Desde que nacemos estamos en una trama de retroalimentación naturaleza-cultura, creer que se debe y puede limitar, es una ingenuidad y no comprender la complejidad humana.

Segunda crítica: el desarrollo de las competencias en un alumno se da desde la estructuración de las mismas. Un alumno que domina diferentes tipos de comunicación, es un alumno que tiene pautas concretas para organizar cognitiva y emocionalmente dichos lenguajes. Es más, un alumno creativo es un alumno que domina y hace variaciones sobre estructuras aprendidas. El Picasso cubista era un Picasso que ya dominaba el realismo académico de su adolescencia. Es romántico pensar en la inspiración, pero no es eficaz ni real educativamente.

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  • Geraldine Lange

    Buenos días! haces una crítica, pero no la sustentas, cuando se critica algo hay que sustentarlo .

    • Se puede estar de acuerdo o no, pero los argumentos están explícitos en el post. Una lectura rápida puede no dar con ellos.
      Gracias por sus comentarios.
      Un saludo desde INED21

  • Mari Ángeles

    También este “romanticismo pedagógico” viene a dar luz sobre el camino a seguir en la innovación educativa que se requiere para el S. XXI. Creo que muchos de sus argumentos y preceptos son dignos de ser tenidos en cuenta, si no a ultranza, sí en sus fundamentos. Los chavales están tremendamente aburridos en el aula, es hora de escucharles,…

  • Francesc.

    Es un artículo interesante y algo antiguo, pero no puedo reprimir un par de comentarios… Tal vez por la brevedad, no sustentas la crítica que pretendes… Eso hace que el artículo me resulte un tanto superficial… Claro, es un post y no un artículo científico, ya lo entiendo… Pero creo que eso hace que simplifiques en exceso. Lo que propone “la educación prohibida” (por citar un ejemplo de los que pones) no es la no intervención pedagógica, sino “facilitar” al niño un contexto rico de estímulos… : No es difícil de entender que es más fáci remar a favor de la corriente que en su contra. De lo que se trata es de que el contexto se adapte al niño, y no el niño al contexto. La segunda de las críticas que haces se desmonta casi sola… Justamente, el concepto de competencia se estructura desde la acción. Y eso implica la definición de un currículum (del latín carrera, camino), y por tanto de un itinerario. Como bien debes saber, hay tres corrientes distintas que hablan de las competencias educativas. Por tanto, habría que definir qué entiendes por competencia. Otro aspecto en el que no puedo estar de acuerdo contigo es en el concepto de romanticismo pedagógico: Una cosa es el la inocencia pedagógica, al estilo rosseauniano (Rousseau lo que queria “demostrar” era simplemente que el ser humano es bueno por naturaleza) y la otra el romanticismo pedagógico. Romanticismo que, por cierto, compartían gente como Decroly, Montessori, Freinet, y con ellos todo el movimiento de la escuela activa. Por sintetizar, no hay que confundir la existencia de un currículum con la obligación de administrar al niño unos contenidos que le importan tres pepinos. Para acabar: sé romantico. Con tu mujer y con los niños. Estoy seguro que los dos lo van a agradecer. Un abrazo.