En este primer post del año 2018, deseo homenajear la figura de unos profesionales de la educación a los que, con vuestro permiso, (os) voy a denominar «docentes emergentes»1

Sois ese profesorado que, poco a poco, estáis poblando las aulas en todos los niveles educativos con el empuje y la energía que os da el saber que Otra Educación es Posible… y, con la urgencia que marca la evidencia de que, además, es necesaria.

La creación de un conocimiento pedagógico horizontal, popular y compartido ha sido lo que ha hecho posible vuestro empoderamiento. Docentes que habéis creído en vuestras posibilidades transformadoras y que habéis decidido no esperar a los cambios venidos «desde arriba» porque  estáis convencidos de que el cambio comienza en vosotros mismos.

Sois docentes que formáis parte de un grupo numeroso de profesorado empoderado en perfiles similares, aunque al mismo tiempo, diversos y complementarios, cuyas señas de identidad son:

1

Experiencia práctica contrastada (que compartís en físico y en virtual). Las aulas son vuestro medio.

2

Formación actualizada en pedagogías emergentes (aquellas que están basadas en los movimientos renovadores pedagógicos de finales del siglo XIX y principios del siglo XX), pero que habéis actualizado con las inovaciones  devenidas en el siglo XXI, promovidas por la  incorporación de la tecnología a las estrategias para el aprendizaje. La innovación y el cambio es la motivación.

3

Conocimiento sólido en teorías de la educación, elemento esencial para iniciar una transformación seria y duradera, que cale en la cultura docente.

4

Dinámismo. Siempre en investigación-acción, en proyectos colaborativos, en eventos formativos, en publicaciones individuales y colectivas, que  difundís, compartendo vuestra alegría de ser un docente en crecimiento.

5

Inconformismo e insatisfacción con la realidad educativa con la que convivimos y el gran desasosiego que produce educar para una realidad que os parece inexistente, y que , en cualquier caso, tenéis la certeza de estar caducada.

Sois profesionales conscientes que para el cambio que deseáis, no basta sólo (como ya haceís) con innovar con metodologías didácticas rompedoras, sino que es preciso desarrollar en vuestro acervo profesional un marcado estilo crítico2 deseoso de modificar la cultura docente como elemento esencial de la transformación que anheláis, donde la innovación sólo es una etapa del comienzo de un proceso que, más temprano que tarde, nos llevará a una nueva educación.

Habéis  emprendido el camino hacia un cambio de paradigma, marcado por una  línea roja entre el antes y el ahora, un camino que produce una inseguridad que más que frenar os reta. Para ello contáis con dos elementos que os avalan:

I

El primero, humano

Por un lado, el apoyo de  la  sonrisa de vuestro alumnado; de sus familias y la comunidad educativa cercana con la que interactuáis a diario, que reconoce vuestra labor (y que os premia como “los mejores profesores del mundo” a diario); vuestra propia experiencia de progreso (importante como percepción íntima y aislada del medio emocional)

II

Teórico y legislativo

Por otro, los soportes teóricos, e incluso (aunque parezca inverosímil) legislativos. Teorías pedagógicas, contrastadas y actualizadas que han ido enriqueciendo sistemáticamente el concepto de aprender durante los últimos 100 años:

Las metodologías activas (procedentes de las pedagogías de la nueva escuela, las pedagogías basadas en la experiencia, la investigación  y la colaboración, las pedagogías críticas, las pedagogías cognitivistas, las pedagogías constructivistas…), e interactivas (contextualizadas e integradas con teorías conectivistas del aprendizaje, metodologías “Actions based learning” y las derivadas de la integración de la tecnología en los procesos de aprender).

Así os perfiláis como docentes para pedagogías emergentes para el siglo XXI, con alguno de estos rasgos:

Asumís que vuestro papel no es “dar clase”, sino que os reconocéis en vuestro rol de promotor, guía, garante y facilitador de aprendizajes verdaderos (duraderos, profundos y útiles), sabedores que resultado, al final del proceso docente es haceros  prescindibles.

Concebís el aprendizaje no como un proceso individual, sino como una experiencia social y compartida , que requiere aprender con los demás  y apoyados en ellos como soporte principal del aprendizaje.

Desarrolláis una educación centrada en el respeto a la individualidad. Para ello hacéis apología de la tolerancia y la diversidad: cada uno tiene derecho a ser y sentir diferente.

Tomáis como base la plasticidad neuronal: la  diversidad es  el eje del  aprendizaje y os fijáis el objetivo en  potenciar las potencialidades. Hacéis real al máxima de que “más que aceptar la diversidad se trata que se viva”.

Respondéis  a la  “desprofesionalización” a la que estamos sometidos los docentes en la actualidad (currículos cerrados, planificaciones “prêt-à-porter”, evaluaciones y materiales estandarizados y descontextualizados, ránkings, la educación como mercadeo,…) con trabajo innovador, formación continua, tenacidad  e inconformismo profesional…

Os empoderáis horizontalmente, con otros “iguales docentes”, compartiendo, cooperando e investigando en proyectos colaborativos que se promueven gracias a la red, la que consideráis una aliada.

Reconocéis la necesidad de formación transdisciplinar que conjugue creatividad con racionalidad, humanismo y filosofía con progreso digital y científico, respeto y conocimiento del patrimonio común natural y cultural con avance  y desarrollo  tecnológico.

Valoráis la tecnología -y los nuevos entornos de aprendizaje creados a partir de ella- como liberadores  del aprendizaje en una ubicación estable y determinada,  como modificadores  de la naturaleza del conocimiento en las sociedades y como generadores de nuevos elementos integrados en los procesos de aprendizaje. 

Estáis convencidos de vuestra condición de educadores más allá de los currículos y espacios formales y os esforzáis en la unión de espacios formales e informales para enriquecer  y retroalimentar el aprendizaje que se produce en unos y otros: hacéis que el mundo  real entre en las aulas, porque lo que hay en  las aulas es mundo real.

Dáis importancia a los procesos cognitivos y metacognitivos de evaluación, por lo que creáis entornos en el que los estudiantes mejoran constantemente y juzgan de forma objetiva su propio proceso y evolución.

Estas convicciones os llevan, en resumen, a replantearos vuestro rol, a releer las metodologías de ayer y de hoy, a repensar la organización de vuestras aulas y centros, su diseño, sus espacios y tiempos, a conocer y reconocer vuestra cultura docente, para transformar la educación.

Gracias

Permitiros  la alegría de saber que vivís un momento histórico en la educación, y que como decía el sabio campesino:

«No valoréis sólo la cosecha que habéis recogido,

valorad también las semillas que habéis plantado» 

Por todo ello, GRACIAS por todo lo que estáis sembrando.


Referencias

1 García Pérez, J.B. (2017) ¿Emerger un nuevo tipo de docente, de abajo arriba?, en Forés A. y Subías, E. (Coords.) : Pedagogías Emergentes. 14 preguntas para el debate. Octaedro-ICE: Barcelona. pp 143-159.

2 Felipe Trillo Alonso. El profesorado y el desarrollo curricular: tres estilos de hacer escuela