Uno de los peligros de la educación digital, es confundir el medio donde se desarrolla la tarea de enseñanza-aprendizaje: la Red, con la naturaleza de la didáctica que corresponde a ese medio. Este problema pedagógico tiene dos didácticas para su solución: las que afirman que debe dejarse libertad al alumno para explorar y aprender las diferentes habilidades que la Red requiere, las denominamos didácticas libres.
Un ejemplo de ello es el conectivismo de G.Siemens: en ella el profesor es un apoyo de un alumno en una dinámica de autoaprendizaje que la nueva educación implica, el alumno se sumerge en la navegación digital y a través del ensayo-error va configurando esas habilidades que la propia Red le ayuda a adquirir.
Dos críticas tenemos frente a esta corriente pedagógica: el autoaprendizaje presupone una autonomía que la mayoría de los alumnos no tienen, es más, precisamente esa autonomía crítica es el objetivo que ha de construirse educativamente; la naturaleza de la Red es fragmentaria, informal, interactiva, esto implica un concepto que denominamos: inversión digital. ¿Qué significa? Un fenómeno que todo profesor ha experimentado en su aula-red: cuanto más informal y fragmentario sean los espacios donde se desarrolla el aprendizaje, un ejemplo es la Red, más necesaria es la estructuración cognitiva y de habilidades que el alumno necesita. Otro día nos sumergiremos en los fenómenos asociados a la inversión digital.
Esto nos lleva a la otra corriente didáctica donde nos situamos, con la aportación del proyecto “Navegación inteligente”, las didácticas estructuradas. En ellas esas habilidades siguen una construcción reglada, una dinámica estructurada alrededor del espacio digital. Aquí el profesor no es un guía, sigue siendo el ejemplo y modelo de esa autonomía crítica que ha de construirse. Dos didácticas, dos formas de enfrentarse a la educación digital propia de las sociedades de la información.