Y volvemos a

etiquetar…

¿Qué tipo de centro eres? ¿Qué metodología sigues? ¿Todavía no has probado las nuevos métodos que están tan de moda? ¿Eres de mi grupo o del opuesto? ¿Cuántas placas puedes lucir en tu fachada? ¿A cuántos movimientos estás adherido? ¿Cuántas lenguas se hablan en tu centro?

Etiquetas, más etiquetas y volvemos a caer en el error de la «etiquetación». Parece que nos lo exige la sociedad, también las familias, pero ¿Y los docente? ¿Nos etiquetamos unos a los otros? Me temo que últimamente la respuesta es afirmativa y me asusta, me asusta mucho.

Exigimos a nuestros alumnos que no juzguen a sus compañeros por ser diferentes y los profesores ¿no lo estamos haciendo con nuestros compañeros?

TENDENCIA METODOLÓGICA

Me inquieta la situación que estamos viviendo, son tiempos fáciles para las escuelas y para los profesionales que trabajamos en ellas. Parece que todos andamos buscando la fórmula mágica que nos hará mejores que los demás, que nos permitirá llegar a los niveles que nos exigen diferentes evaluaciones externas; pero ¿ese debe ser nuestro objetivo? Corremos por los pasillos sin casi mirarnos porque siempre andamos estresados y cabizbajos, los claustros empiezan a dividirse en bandos según la «tendencia metodológica» con la que más comulga cada uno…

Cuando el momento nos debería llevar a estar más unidos que nunca, sumar esfuerzos, porque en la Educación debería haber espacio para TODOS.

¿Y si juntásemos el bien hacer, las buenas ideas y el esfuerzo de cada docente? ¿No cambiaría así esta situación de caos y comparación?

Además, percibo que el mundo educativo en muchas realidades se ha convertido en una «venta de métodos». Que me perdonen los puristas, que no se me mal interprete, no estoy en contra de las nuevas metodologías, pero las apoyo si las entiendo, si me siento cómodas con ellas, si veo cambio positivos en mis alumnos, si se dan las condiciones apropiadas para el aprendizaje.

Observo que las escuelas se miran y hasta se espían unas a las otras intentando descubrir qué hace el centro vecino para ofrecer algo diferente, algo que quizás no acaba de encajar con el estilo de la escuela o más importante con el Proyecto Educativo, pero parece que da igual porque la prioridad actual se ha convertido en llenar las aulas y/o ser el centro de moda. Así de claro y así de duro.

Falta reflexión, análisis, investigación

y respeto

LOS CONOCIMIENTOS

¿Dónde se han ido los conocimientos? Me intranquiliza que pongamos todo nuestro esfuerzo en pensar «con qué y cómo» se enseña y no  en «qué».  Parece que cada vez hay más profesionales que opinan que los conocimientos no son relevantes, que lo que es realmente prioritario es que los alumnos experimenten y vuelvan a experimentar… ¡Ah! Y, sobre todo, que sean muy felices.

Creo en la transmisión de conocimientos porque sin ellos ¿qué van experimentar? Sin poseer conocimientos, ¿qué podemos hacer? ¿Cómo resolver problemas reales y complicados sin conocer contenidos de diferentes áreas y materias? Elijamos bien qué queremos transmitir y después pensemos cómo hacerlo creando condiciones para que el aprendizaje sea posible, experimentando y disfrutando.

EL MÉTODO

Volvamos al debate que los claustros de profesores, las redes sociales y cientos de plataformas educativas mantienen: el método a usar. Perfecto, me meto en él para hacerme preguntas, muy sencillas; pero, creo que las acertadas, ofreciendo respuestas del mismo calibre:

¿Todos los docentes tenemos que utilizar el mismo método? NO

¿Todos los alumnos les va bien el mismo método? NO

¿Existe un método «mágico» que permitirá que todos los alumnos aprendan con alto nivel en el aula? NO

¿Todos los docentes están obligados a utilizar un mismo método? NO

¡Aquí acaba el debate!

En mi opinión, ¿Qué es lo que realmente importa? el PROFESOR que haya en el aula, pero TODOS, sin excepción, sin considerar que uno es mejor que otro. ¿Por qué nos empeñamos a criticar a los que enseñan de forma distinta a la nuestra?

Necesitamos maestros que sepan qué enseñar porque son expertos en su materia, que transmitan con pasión y hagan disfrutar a sus alumnos, que conozcan los efectos positivos que son capaces de generar en sus estudiantes, que consigan que sus discentes descubran qué tienen que aprender y por qué, que se sientan cómodos, que vayan felices a la escuela, que repitan una y otra vez si es necesario, que sean capaces de re-direccionar si es necesario cuando descubran que un alumno o grupo no le sigue, dejando tiempo para aprender y disfrutar.

Un profesor debe ser una persona competente y RESPETUOSA. Debe estar seguro de lo que hace, de lo que quiere conseguir, siendo el líder en la clase, acompañando a sus alumnos, pero corrigiéndolos (ahora parece que si los corriges no eres un buen docente, corrección y felicidad pueden ir de la mano), animándolos a practicar, repetir, que se frustren si es necesario porque empezarán de nuevo con más coraje y determinación, con capacidad para analizar los resultados y probar distintos caminos para llegar a conseguir que el alumno aprenda entendiendo.

Y sí, ellos, los alumnos son los máximos protagonistas pero nos siguen necesitando: necesitan que les exijamos, que les corrijamos, que dialoguemos, que les digamos que eso no está del todo bien o que han hecho un gran trabajo,  que reconozcamos sus dificultades y capacidades, que les ofrezcamos alternativas, que les acompañemos a abrir nuevas oportunidades creando un entorno donde se sientan seguros, valorados y queridos.

MÉTODO A SEGUIR

¿Cuál debe ser el gran MÉTODO a seguir? En primer lugar, antes de elegir cualquier método, necesitamos sentirnos libres para enseñar, cómodos, esponjosos. Así que todos los métodos deberían ser buenos si consiguen sus objetivos, si se utilizan correctamente poniendo la importancia no en qué utilizamos sino en qué resultados tiene.

Un método que sume muchos aspectos, sin criticar a ninguno, sin rechazar todo lo anteriormente se ha hecho sería para mi el acertado. ¿Por qué tendemos a empezar siempre de cero? Quedémonos con lo bueno, con lo que funciona, escuchemos a los demás, dejemos de poner nuestra energía en parecer más modernos e innovadores. Así de evidente y así de sencillo.

Dejemos que cada docente actúe con libertad, sin presiones, pero con rigor, sin estar conducidos por «expertos gurús» que nunca han pisado en el aula; pero que se creen con la capacidad de decirnos lo que es mejor que hagamos.

Únicamente pido esto:

respeto, escucha y profesionalidad

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Psicopedagoga, maestra, logopeda. Máster en Educación Personalizada. Compagina la actividad docente con su trabajo de investigación de Doctorado sobre la Educación de los alumnos con Alta Capacidad. Colabora con diversas editoriales infantiles y juveniles, es autora del libro Femenino sin Límites (Ed. Plataforma) y miembro de El Deporte en Femenino. Dedica su jornada a la docencia, el acompañamiento psicopedagógico, la investigación y la promoción de la mujer en el mundo del deporte. En su día a día disfruta de sus dos grandes pasiones: la educación y el running. Maratoniana y ultra atleta promueve proyectos solidarios-deportivos en favor de la investigación del cáncer infantil. Apasionada de la lectura, el deporte y la radio.