Desde mi particular atalaya actual, docente que ahora se encuentra fuera del aula, trabajando en la formación del profesorado, y padre de familia numerosa, tengo una perspectiva, interesante –ese es mi parecer– en el siempre jugoso y candente tema de la educación. Por ello, me atrevo en este artículo a informar un tanto del proceso que en breve se nos avecina de las notas de fin de trimestre, las siempre temibles o bienvenidas notas –según la suerte de cada cual, la disposición personal y familiar, el ámbito sociocultural, etcétera–; la referencia, en definitiva, numérica y exclusiva sobre la que se valora la trayectoria personal de cada alumno.

En primera instancia, y antes de adentrarme en arenas movedizas de mayor calado, creo que sería conveniente subrayar que el dato numérico no es más que un indicativo de por dónde, grosso modo, se encuentra el proceso en el que el alumnado se encuentra; NO es una etiqueta, positiva o negativa, que estigmatice el devenir inmediato y lejano del alumno. Ése es el espíritu de la ley, a este debemos remitirnos los docentes y sobre este particular tendríamos que trabajar con toda la comunidad educativa.

Para ahondar un poco más en el tema, les sugiero esta muy brillante charla TED: «No soy un siete».

Abundando en el tema, considero que, desde la óptica de las inteligencias múltiples, y coincidiendo con Carmen Pellicer, en el actual panorama educativo español, y me temo que global, lo único que se referencia en las notas es el dato numérico en torno a las inteligencias lingüística y matemática

Nuestro currículum no es más que un vasto compendio de estos dos términos de las ocho que Gardner estima. ¿Qué ocurre con el resto de la paleta que el egregio señor Gardner nos plantea a la comunidad educativa? Me temo que un flagrante y elocuente silencio administrativo…

Nos acercamos a unas fechas de indudable calado en cuanto a la cimentación de nuestra sociedad como heredera directa de la tradición judeo-cristiana; nos acercamos a unas fechas en las que, si te portas o te has portado bien, sus Majestades de Oriente van a ser generosos contigo, pero, si te portas mal, ¡ay!, las mismas Majestades apenas si van a reparar en brindarte carbón para que sepas que tienes que pagar por tu alma pecadora…

Salvando las distancias, haciendo un paralelismo que no considero forzado, creo que, en el panorama educativo español, por supuesto bien calado de la cultura judeo-cristiana a la que antes aludíamos, tenemos mucho de estos rasgos: si eres bueno y has sabido entrar por el «aro» de las pruebas estandarizadas, tendrás recompensa inmediata. Si no, pues tu ánima debe vagar durante un tiempo hasta que recuperes en un examen de nuevo lo que no has sabido trabajar…, amén de la consiguiente etiqueta que debes portar, muchas veces sine die

NOTITIS

A grandes rasgos, la sociedad tiene plenamente inoculado el virus de la «notitis»; nótese: ‘inflamación del curriculum concretado en el dato numérico derivado del examen’.

Se hace un lugar común en la actualidad preguntar en las fechas oportunas cómo ha ido el recuento numérico, obteniendo conclusiones, que –muchas veces– se hacen a priori, en función del registro obtenido. Se hace difícil plantear un debate en este tema sobre la necesidad de no etiquetar a la persona en función de la nota (resuena el vídeo de «no soy un 7» –vid. supra–); los docentes estamos hartos de encontrar numerosos perfiles en los que alumnado con un excelente registro apenas si tiene las herramientas necesarias para la vida adulta y, por el contrario, el alumnado con un menor bagaje en cuanto a las notas, manifiestan un proceder muy competencial para la vida adulta.

Creo, para que no todo sea criticar sin ánimo de construir, que lo ideal sería un informe cualitativo conforme a los procesos de logro que en ese momento se están desarrollando, con evidencias y que, de alguna manera, se asemejen a los informes médicos que recibimos cuando acudimos a consulta. Un informe que tuviese información sustancial de cara a otros profesionales y de cara a las familias, que sirviera de referencia para el propio alumnado, para las familias y para los docentes.

EL CAMINO

El camino que debemos recorrer

Estimo que es el camino que debemos recorrer, que nos encaminaríamos hacia una carrera docente más profesionalizada y con mejores herramientas para lo que todos, entiendo, perseguimos: la mejora individual de cada uno de los alumnos que redunde en una mejora colectiva de la ciudadanía que queremos para el futuro que se basa en este inmediato presente.