Socializar la responsabilidad económica, es una versión actual de cristianismo económico. Todos tenemos la culpa, no hagamos preguntas, los designios de los mercados y los gobiernos son inescrutables para los ciudadanos corrientes. Solo cabe asumir esa culpa originaria: somos un país que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Lo demás es silencio, nada hay que explicar de lo que ocurrió.

La capacidad sacralizadora es infinita. ¿Quién se acuerda, presenciando estos rescates inmediatos y necesarios, de los sacrificios? La educación actual ha iniciado un largo desierto de inversión. El desconcierto y desmotivación que poco a poco impregnan a toda la comunidad educativa, está creando un callejón sin salida que solo el futuro podrá cuantificar. Hagámonos una pregunta: ¿hay algo que hacer, aparte de expresar el desaliento? Creemos que sí.

Desde INED21 queremos reivindicar lo que denominamos la deuda educativa que éste y los siguientes gobiernos tienen con esta sociedad. Tengamos memoria: esta deuda educativa es la inversión económica que nos iguale a la media de los países avanzados (OCDE), una deuda que debe concretarse en los presupuestos progresivamente, esa deuda es la memoria económica para una política educativa que esta sociedad merece.

Recordar lo obvio: cualquier nueva ley educativa, sin memoria económica, es retórica vacía. Esta deuda educativa está más allá de partidismos políticos. Frente a los sacrificios sin contrapartidas, la memoria educativa. Dicho de otra forma: devolver el futuro a las generaciones que hoy no pueden preguntar.