Que la inteligencia en su concepción de Cociente Intelectual no es el único factor de éxito educativo, está ampliamente demostrado. Esta visión de la inteligencia ha resultado ser un reduccionismo que debe ser superado.

La formación de hábitos y actitudes, además del conocimiento y control de nuestras emociones, son partes de ese complejo que llamamos inteligencia emocional y social. Es una de las asignaturas pendientes de la educación del s. XXI: nuestras escuelas e institutos siguen en su mayoría sin afrontar estos aprendizajes adecuadamente.

Angela Lee Duckworth nos señala la importancia de la determinación en el proceso de aprendizaje. Uno de los criterios que, desde su experiencia, nos predice el éxito educativo.