Continúo el ciclo dedicado al currículo. La primaria es la etapa más larga tal como lo tenemos diseñado aquí. El largo peregrinaje hasta la adolescencia. Relativamente suave para los maestros pero, en su conjunto, complejo. Aprender los lenguajes del mundo, dije en otro post. Pero el niño de seis y el niño de doce son alienígenas de planetas distintos. Si es difícil coordinar el currículo visible, imaginen el oculto. Hace falta mucha coordinación para que los niños intuyan que están viendo el mismo mundo. Que los maestros contrasten sus visiones a menudo es fundamental.

Les cuento la mía

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Qué son las cosas y de dónde salen. Ya no sé si es una leyenda urbana que he oído, eso de que los niños de ciudad crean que las lechugas crecen en el supermercado. En una de mis bibliotecas de investigación para jóvenes, escribí un librito sobre los materiales en época de Cervantes. Intentaba que los jóvenes repararan en lo equívoco que es todo lo que hoy tenemos entre manos comparado con lo claro que estaba en aquella época. Cuando leo en la prensa el anuncio de un móvil de cerámica (no sé qué parte será de ese material) tengo que resistir la tentación de imaginarlo de Manises o de La Bisbal.

Creo que aclarar la naturaleza del mundo físico que habitamos es una de las misiones del maestro de primaria. Pero hay muchas otras. Lo natural se mueve y hay que captar un mundo en proceso. O en procesos. La Selección Natural es un mecanismo natural… hasta que apareció el ser humano. Siempre digo que el evolucionismo debería enseñarse desde el parvulario. Sonará a exageración, pero encontrar la manera de hacerlo intuir a los párvulos, de irlo mencionando en serio o en broma hasta que se encienda alguna luz, es una posibilidad. No se trata de enseñar evolucionismo sino a pensar usándolo. Y la primaria no es mal momento, en el ciclo que sea. Posiblemente no pueda llegarse a una incorporación plena del concepto hasta la adolescencia o más tarde, pero cuando se domina, es como las navajas suizas, sirve para todo.

Y digo que la selección natural funcionó (y lo sigue haciendo con nuestra complicidad o sin ella) hasta la llegada del ser humano porque a nuestra conciencia le repele. No concebimos que al ser humano deba ni pueda seleccionársele para la muerte o la extinción. El darvinismo social (si Darwin hubiera levantado la cabeza) es una muestra de lo animales que podemos ser. Que la vida humana sea realmente sagrada no sólo de boquilla, en el futuro, dependerá en gran parte de nuestra labor como maestros. Y la etapa primaria es buen momento para asentar un concepto correcto del ser humano. Ya trataran en la secundaria los problemas que eso plantea en la realidad. Aunque puedan anticiparse ideas al respecto y hasta llegar a debates más o menos profundos (Vigotsky nos da permiso).

Para vivir en el mundo debemos ver, medir y comparar. Yo creo que las medidas no hay que estudiarlas sino usarlas y vivirlas. Cada escala tiene las suyas: metros y centímetros para lo cotidiano, kilómetros y años luz para lo lejano y alucinante, milímetros y micras para lo misterioso y profundo. Mi experiencia es que el sistema métrico, a palo seco, parece algo muy abstracto. Y eso sirve también para nuestras vidas: milenios, siglos, décadas y años. Los seres humanos vivimos en décadas, pero pensar en siglos no nos iría mal. Parecería difícil tanta magnitud a edad tan temprana pero para lo fácil ya están los libros, un maestro llega más lejos.

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Y al final viene lo más difícil y lo más importante, meternos en nuestro propio yo. Creo que es algo que la escuela no ha tocado mucho desde hace tiempo y que ahora reivindica. Por cierto, he acabado el libro de José Antonio Marina sobre la sabiduría, que al fin y al cabo es aprender a vivir con uno mismo y con los demás, y refuerzo mi idea de que es materia de escuela en colaboración con familias y ciudades o pueblos. Y yo, de momento, no le tendría en cuenta eso de que los mejores cobren más. Lo veo como un simple apunte que hay que profundizar mucho. El mismo dice que no quiere ser ministro porque sabe que gestionar no es lo suyo.

En fin, si no me he dejado nada importante, creo que si mis alumnos tuvieran imágenes propias y claras de lo que he metido en la tabla me sentiría satisfecho. Pero es la comunidad quien debe validarlo.

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Licenciado en Prehistoria e Historia Antigua. Profesor de EGB y Primária entre 1980 y 2000. Redactor de textos escolares y enciclopedias juveniles para la editorial TEXT/LA GALERA. Autor de novela juvenil. Postgrado de Edición en la UOC. Autor del proyecto Biblioteques d'Investigació Jove y del blog LLIBRE DE TEXT: L'ANCIEN RÉGIME. Miembro de la Societat Catalana de Pedagogia y del grupo "Narració i pedagogia". Actualmente retirado.