¿Qué hacemos cuando nos surgen los problemas que nos alteran, paralizando nuestra vida rutinaria?

Muchas veces, me pregunto si la vida se acomoda a nosotros o somos nosotros los que nos acomodamos a ella. Este artículo surge como la reflexión sobre una conversación que mantuve con un amigo. Este me comentaba sobre lo relajado de su vida, su familia, su trabajo y sus hobbies.

Un día, se  presentan una serie de acontecimientos  que le descolocan y sobrepasan su rutina diaria.  Esto comienza a preocuparle,  pues empieza a entrar en un terreno desconocido que le lleva a un fuerte desgaste a nivel emocional, causándole un aumento de ansiedad,  provocándole estrés. Todo su afán es decidir si esconderse y dejar que pasen las cosas o preocuparse  entrando en un círculo vicioso que es el que favorece el estrés.

¿SENTIR TEMOR?

Pienso que sentir temor ante una situación desconocida, que puede incluso amenazar nuestro bienestar, es una cosa normal. Ahora bien, si somos negativos y nos retro-alimentamos con ideas y pensamientos de tendencia negativa, aunque no sean ciertos, ahí SÍ empiezan nuestros problemas.

Cuando hay que solventar un error o dar un paso hacia atrás, aprendemos que las excusas o culpar a los demás no soluciona nada. Recular ante los desafíos suele bloquear el aprendizaje y las nuevas formas de mejorar.

Siempre da un paso adelante ante lo que te depara la vida, enfréntate con valor, este es un ingrediente vital, tal como dijo Anaís Nin «La vida se encoge o se expande en proporción al valor de uno».

Piensa que eres una persona que vales mucho, que tienes muchas posibilidades y potencialidades que tienes que descubrir, eres una persona que tienes que aprender, que buscarás las ayudas necesarias y que irás por aquello que te hace ilusión y quieres conseguir. Te darás cuenta de que la vida está llena de opciones, que puedes lograr lo que te propongas, que encontrarás los medios, paso a paso, que tú te lo mereces.

LOS PROBLEMAS Y LAS DECISIONES

Solucionar problemas y tomar decisiones

¿Qué es un problema? Un problema es un asunto del que se espera una solución; ahora bien, la mayoría de las veces no se encuentra esa solución. Los motivos pueden ser muchos, pero nunca te  asustes, no lo dramatices: intenta plantear una perspectiva más abierta y seguro que obtendrás su solución si eres lo suficientemente persistente.

Cuando encontréis problemas que no tienen solución porque no podéis ejercer algún tipo de control sobre ellos, debéis aprender a aceptarlos; pues la aceptación nos libera emocionalmente más que la negación, que nos crea un sentimiento de indefensión el cual nos limita –y nos encierra– a nuevas búsquedas de soluciones, produciendo en nosotros un estado de desesperación y ansiedad.

Facilitadores en la resolución de problemas

Conocimientos.

Empatía.

Mentalidad abierta.

Confianza.

Experiencia.

Flexibilidad emocional.

Tenacidad.

Responsabilidad.

Barreras en la resolución de problemas

Escasez de retos.

Poco sentido de la responsabilidad personal.

Miedo al rechazo.

Mentalidad cerrada.

Exceso de confianza.

Presiones de tiempo.

Miedo al fracaso.

Burocracia.

Thomas D´Zurilla y Marvin Gold Fried buscaron una solución de problemas basada en cinco pasos:

1

Especificar el problema.

2

Perfile su respuesta.

3

Haga una lista con sus alternativas.

4

Vea las consecuencias.

5

Evalúe los resultados.

Anna Fores y Marta Ligioiz, también nos plantean una serie de pasos ante la presentación de un problema:

¿Cuál es la situación realmente? La analizo desde diferentes perspectivas posibles. ¿Quiero superarlo? El decirnos que queremos hacerlo y que vamos a poner los medios, paso a paso, «enciende» nuestras potencialidades para ponerlas en marcha.

¿Qué puede estar provocándola? ¿Que puede empeorarla o mejorarla? Me centro al final en el listado de posibles mejoras que se me ocurran, así como en resolver o evitar lo que la empeora o provoca.

¿Necesito información que no tengo? ¿De quién podría obtenerla?

¿Necesito ayuda? ¿De un profesional, familiar o amigos? Pedir ayuda es un ensayo de humildad y humanidad que todos necesitamos ¿De quién o de quiénes? Hay miedos intensos, llamados «fobias», caracterizados por el gran componente emocional y neurovegetativo que se activa (con sudoración intensa, temblores, mareos, taquicardia, alteraciones respiratorias…) en las que es conveniente recibir ayuda profesional.

¿Qué necesito fortalecer en mí? ¿Qué habilidades y herramientas adquiridas me ayudarían a afrontar las situaciones? ¿Dónde aprenderlas? Cuando nos sentimos enfermos buscamos ayuda médica, cuando necesitamos aprender una materia nos acercamos a escuelas o universidades.

¿Qué primer paso puedo dar para mejorar la situación y mi estado personal? Iré progresivamente al encuentro de nuevas opciones.

¿Qué puede contener de positivo o bueno esta situación? Aunque a veces nos cueste, a menudo se encuentran. Escribirlas nos ayudara a ampliar nuestra visión y reforzar la confianza y la esperanza.

Tomar decisiones

«Cuando una persona posee un mayor grado de confianza, seguridad y autonomía resulta más fácil tomar decisiones.

Autonomía significa dominio propio, debes comprender que eres el responsable de tu vida y de tu destino, autonomía es tomar las riendas de tu vida en tus manos y tener la mayor sabiduría para decidir y actuar.

Así que recuérdalo muy bien, para tomar buenas decisiones debes informarte primero, informarte adecuadamente, e infórmate completamente».

Recuerda que no tenemos que resolver las cosas a solas, vivimos un mundo lleno de posibilidades y personas dispuestas a echarnos una mano, no rechacemos las ayudas ni construyamos armaduras a nuestro alrededor.

A la hora de enfrentarse a un  problema  debemos mencionar los siguientes conceptos ya que están muy relacionados:

La responsabilidad.

El miedo.

La importancia de la preocupación.

Enfrentarse al cambio.

Toma de decisiones.

Dejar de postergar las cosas, algunos le llaman procrastinar.

Responsabilidad

Una persona responsable toma decisiones conscientemente y acepta las consecuencias de sus actos, dispuesto a rendir cuenta de ellos. La responsabilidad es la virtud o disposición habitual de asumir las consecuencias de las propias decisiones, respondiendo de ellas ante alguien. Responsabilidad es la capacidad de dar respuesta de los propios actos.

Una persona responsable trata de que todos sus actos sean realizados con unos criterios de Justicia y de cumplimiento del deber en todos los sentidos.

Ser responsable es un signo de madurez, ya que las obligaciones que se nos presentan algunas las hacemos con gusto y otras muchas veces no son agradables, implican esfuerzo.

Ser responsable es comprometerse y esto a veces tiene consecuencias y somos nosotros quienes decidimos, recordando siempre que   todo aquello  que prometemos que sea correcto debemos hacerlo porque queremos y debemos ser responsables con ello.

Es preferible ser hombres libres, dueños de sus actos, capaces de tomar decisiones y de asumir sus consecuencias.

Resaltar la importancia de la actitud que tomemos ante la vida a la hora de tomar  las decisiones que se nos presenten pues marcarán a las personas en dos categorías: las personas  que hacen  que las cosas pasen y las que esperan que pasen.

Si usted es de los primeros, los que esperan, los que no toman la responsabilidad, los que no quieren crecer ante los retos, quizá terminará pensando que todo es una cuestión del destino o de la suerte.

Si es de los segundos de los que tienen  un propósito definido y actúa para conseguirlo, entonces es una persona responsable y por lo tanto tiene la capacidad de preveer, conocer y aceptar todas las consecuencias de sus actos tomando las decisiones que considere apropiadas.

«Tomar las riendas de nuestra vida, pasa por responsabilizarnos  de nuestras emociones, de nuestras decisiones  y de nuestros actos».

¿Cómo desarrollar la responsabilidad?

  • Asumiendo y tomando las decisores adecuadas.
  • Cumpliendo con la parte que nos corresponde en un trabajo con nuestros compañeros u otro compromiso.
  • Buscamos soluciones a los problemas y asumimos las consecuencias.
  • Somos conscientes de que nadie puede responder por nosotros.
  • Asumiendo en forma cabal todos los deberes y ejercitando todos nuestros derechos.

«Debemos recordar  siempre que debemos responder de nuestros actos  a nosotros mismos, a la familia, a la escuela y a la sociedad».

Miedo

Un miedo real nos alerta, nos protege y prepara para afrontarlo y tomar medidas. Un miedo que nos bloquee y no nos deja reaccionar hacia la protección, se convertía en un problema.

Un miedo inventado nos produce un sentimiento de indefensión e impotencia, con un estrés que puede llegar a ser crónico, deformando la realidad y disminuyendo nuestras capacidades. Tampoco nos ayuda.

Miedo al cambio

Uno de los  obstáculos principales que pone en peligro la mejora de nuestra autoestima y hace peligrar nuestra estabilidad en la vida es el miedo al cambio, pues lo que es conocido nos da seguridad y estabilidad, aunque sea “poco bueno”.

Cuáles pueden ser las razones de este miedo al cambio:

  • Tener una autoestima baja.
  • Creer que el cambio nos hace inestables.
  • Nos provoca pensamientos catastróficos y extremistas, sobre lo que ese cambio nos puede traer.
  • Perder la atención y el apoyo de la gente que nos quiere ayudar.
  • La posibilidad de perder el control sobre nuestra vida.
  • Lo erróneo, de valorarnos en función de lo que hacemos o tenemos.

Creencias respecto al cambio

Tanto nuestro pensamiento como las creencias, influyen en nuestras emociones y en las decisiones que vamos a tomar. Ante esto podemos adoptar una actitud positiva, es decir confiar en lograr aquello que nos propongamos aprendiendo a vencer los obstáculos que vayan surgiendo. Pues es importante pensar de una manera positiva que todos tenemos facilidad para hacer algunas cosas y un poco de dificultad para hacer otras y pensar siempre que lo importante no es solo hacer lo fácil, sino que el esfuerzo siempre da sus frutos.

Preocupación

La preocupación es una de las emociones que tienen un mayor desgaste, esta relacionada con la manera de  percibir y evaluar los acontecimientos que se nos presentan y la manera que nosotros tenemos para hacerles frente a la hora de solucionarlas.

Nos preocupamos ante un peligro o amenaza, física, emocional o psicológica, estas preocupaciones nos producen una angustia y un gran desgaste que en la gran mayoría de las ocasiones esas amenazas nunca van a suceder.

Desde que nos levantamos por nuestra cabeza pasan montones de pensamientos que nunca van a ocurrir y sin embargo ahí están haciéndonos un gran daño.

Veamos unos ejemplos: nos levantamos por la mañana y  nuestra cabeza ya esta trabajando, ¿a cuanta gente echaran hoy del trabajo?, ¿Serán felices mis hijos?, ¿Cómo será el resto de mi vida? Etc.

«El noventa y nueve por ciento de lo que nos preocupa nunca ocurre, pero no dejamos de preocuparnos. ¡Que forma tan horrible de vivir! ¡Qué manera tan horrible de agredir  a nuestro cuerpo!».

Leo Buscaglia

Los problemas no vienen de fuera, los producimos nosotros mismos por lo que somos responsables de los pensamientos que  tenemos en la cabeza en cualquier momento dado.

«El estrés nace,

vive y muere en tu cerebro»

Nos dice Anaís Nin que «No vemos las cosas como son, las vemos tal como somos nosotros».

Postergar

«Yo sé que tendría que hacer eso o aquello y no lo hago, pero ya me llegará el momento».

Existen tres frases que apoyan a postergar, estas son:

  • Esperando: «Espero que las cosas vayan mejor».
  • Deseando: «Deseo que se arreglen las cosas».
  • Quizá: «Quizá las cosas se solucionarán solas».

Nunca nadie logra nada, con ninguna de estas palabras por más veces que las repitiera.

¿Cómo funciona?

Yo sé  que debo hacer aquello, pero en realidad tengo miedo de hacerlo mal, o que no me gusta hacerlo. Entonces me digo a mi mismo que lo haré en el futuro, y así no tengo que admitirme a mi mismo que no lo voy a hacer. Y me es más fácil aceptarme a mi mismo de esta manera”. Este razonamiento es engañoso   y suelo poner en juego cuando nos enfrentamos con qué tenemos que hacer algo que es desagradable o difícil.

Hoy en día también se habla de procrastinar, podéis ver un artículo en: Calidad de vida en adultos y personas mayores.

TOMAR DECISIONES

La experiencia de nuestra vida

A lo largo de nuestra vida hemos ido decidiendo entre diferentes posibilidades, algunas veces hemos acertado y otras no, pero con todo lo que hemos vivido, hemos ido aprendiendo unas cuantas cosas:

EXPERIENCIA: Los éxitos y fracasos del pasado son muchas veces la base de una buena decisión futura.

BUEN JUICIO: El sentido común y la madurez conseguidos con el paso de los años son nuestros mejores aliados.

AMPLITUD DE MIRAS: Todo lo pasado a lo largo de nuestra vida nos hace saber que no hay una sola.

Cómo afrontar la toma de decisiones

Lo primero que hay que hacer, es pensar de una forma positiva acerca de nuestra capacidad para decidir. Pensar de una manera positiva nos ayudará a:

Ver las cosas como retos, como DESAFÍOS.

Saber que siempre se puede hacer algo ante los problemas.

BUSCAR SOLUCIONES, solos o con ayuda.

Sentirnos mejor con nosotros mismos, más capaces, más seguros.

Recuerda que una ACTITUD POSITIVA nos predispone al éxito en la toma de decisiones.

Lo que hay que hacer para tomar decisiones

Si necesitamos decidir sobre algo,  podemos seguir unas cuantas recomendaciones para hacerlo del mejor modo posible. Es importante que las sigamos en el mismo orden que las exponemos.

SER lo más CONCRETO posible. Hay que analizar y encontrar cuáles son las cuestiones importantes y cuáles no.

Buscar soluciones. Se trata de ver todas las POSIBILIDADES existentes en relación con la cuestión que hemos de resolver.

ELEGIR la solución que más nos convenga para lograr el resultado que buscamos.

Pasar a la práctica. Hasta ahora hemos pensado, ahora hay que PONER EN MARCHA nuestra decisión.

COMPROBAR cómo nos ha ido, para rectificar en caso de que los resultados no hayan sido los esperados.

Algún consejo más

Es importante no decidir nada cuando estamos alterados.

La TRANQUILIDAD es una buena aliada.

Sabemos que cada persona tiene su «propio estilo» para decidir. Estas recomendaciones pueden ayudarnos a saber lo que solemos hacer bien y en lo que tenemos que mejorar.

Tener más años no significa dejar de tomar decisiones. Todo lo contrario. Ya hemos aprendido que PODEMOS EQUIVOCARNOS, pero también sabemos que aprendemos de nosotros mismos y de los demás. Eso nos ayudará la próxima vez.

No olvidemos: de sabios es rectificar. Convéncete. Eres capaz de hacerlo.


BIBLIOGRAFÍA

FLORES MIARAVALLES Anna y LIGIOIZ VAZQUEZ. Marta: Descubrir la neurodidáctica. ED. UOC

SOCIEDAD ESPAÑOLA DE GERIATRÍA Y GERONTOLOGÍA: Tomar decisiones, saber envejecer. Prevenir la dependencia.