Hay datos que cuantifican un problema que, subjetivamente, todos los docentes saben y padecen. Les propongo uno que pasó minimizado en la marea mediática sobre los resultados PISA: somos uno de los países con índices más altos de interrupción escolar. Dicho de otro modo: nuestro trabajo de aula no se desarrolla en buenas condiciones. El realismo educativo empieza identificando un problema y ofreciendo posibles soluciones para el mismo: lo tenemos y nos afecta de una forma que, muchas veces, no reconocemos abiertamente. Hagámoslo, es parte de la solución.

El malestar docente tiene muchas dimensiones, una de ellas es que no puede desarrollar su trabajo en unas condiciones adecuadas para la tarea de enseñanza-aprendizaje. Un aula es un contexto que hay que construir y cuidar constantemente, ésta es una de las características del realismo contextual de INED21. Un aula es un contexto complejo donde el control de sus variables, condiciona el éxito o no del aprendizaje. Una de las más importantes es el control de aula, variable que está interrelacionada con otras que iremos analizando progresivamente. Podemos consensuar una afirmación sociológica: un aula es una de las construcciones sociales más complejas que existen, este hecho justifica la importancia del tema que estamos tratando.

Basándonos en la investigación asentada sobre el tema (Carol Weinstein; Andew Mignano; Diana Baumrind; C.M. Evertson; E.T.Emmer; más cercano y clásico en esta problemática: David Fontana); en la experiencia propia y de toda una red de compañeros que nos sitúan en esos contextos reales de conflicto, queremos adentrarnos en un tema donde habría que evitar dos posiciones que no resuelven nada: el negacionismo del mismo, por el cual nada hay que solucionar ya que no existe ningún problema; el pesimismo paralizante ante situaciones que, hemos interpretado, no podemos controlar. Dicho de otro modo: existe un problema en nuestras aulas y podemos solucionarlo. Ni negacionismo, ni pesimismo: realismo educativo.

Uno de los aspectos más importantes en un profesor del s.XXI: cómo mejorar nuestro control de aula. Es más: la complejización y diversidad progresiva de nuestro alumnado, permite pronosticar que el aula actual seguirá esta dirección. Resumiendo: un aula sin control es un aula donde no puede existir aprendizaje. No hay soluciones espontáneas que resistan las diferentes situaciones. No estamos solos: la tríada profesor-equipo directivo-familia debe funcionar adecuadamente, desde unas normas claras y explícitas.

La mediocridad de nuestro sistema educativo tiene en este factor una de sus explicaciones: no hemos dado la importancia debida al aula donde se juega el éxito o fracaso escolar. Hay que dar soluciones al alumnado conflictivo, pero estas soluciones tienen que respetar a esa mayoría silenciosa que tiene el derecho de aprender en un ambiente adecuado. Equilibrio y firmeza: equilibrio para que todo alumno pueda estar en clase en un clima de aprendizaje; firmeza para establecer los límites y normas que todos deben cumplir. Inteligencia emocional y autoridad en un continuo dinámico: clase, centro y familia.

Algunas preguntas que constantemente nos hacemos son en nuestro trabajo de aula: ¿es posible que domine esta situación? ¿cómo hacerlo? ¿es una limitación mía o es un problema que existe verdaderamente? Queremos iniciar nuestro análisis con esta afirmación: el control de aula es una habilidad que se puede adquirir y se puede desarrollar. La autoeficacia que Bandura nos enseñó, no deviene espontánea: es el resultado de la formación adecuada, motivación y experiencia que vamos adquiriendo en nuestra biografía docente.