Antes que nada, definiré qué entiendo por espíritu crítico porque, actualmente, la crítica suele entenderse en su acepción negativa cuando existe también una faceta muy positiva de la misma.

Por espíritu crítico vamos a entender ‘aquello que manifestamos a través de actitudes que valoran tanto la propia persona que las ejerce como su propio entorno con una mirada que acepta la complejidad de la vida’.

Esta acepción invita a:

Contrastar

Ideas, sentimientos, hábitos, estudios, etc.

Analizar

Los hechos, los datos, las percepciones y la información más allá de lo que parece para poner por delante el saber y la experiencia antes que el parecer.

Ponderar

Habiendo contrastado y analizado las situaciones, las personas con espíritu crítico establecen criterios de ponderación para establecer criterios buscando un equilibrio ante un determinado hecho u objeto.

Construir

Desde esta ponderación construye conscientemente sus decisiones y las acciones a llevar a caboY una vez ha tomado una decisión, revisa y evalúa aquello que ha construido en todo este recorrido, para hacer balance de lo aprendido y de lo mejorable.

El espíritu crítico no solo supone una mirada externa del que está observando y/o participando, sino un proceso y una mirada hacia uno mismo para poder establecer criterios que puedan hacer de una observación y una acción un criterio que permita construir, en sentido positivo, una solución o salida a una determinada situación sea esta problemática o no.

Esto nos aleja mucho de lo que se entiende comúnmente por el verbo criticar tan utilizado, casi como un deporte, en muchos medios de comunicación y en el ámbito de la política, donde unos cuantos se creen «construirse» solo por el hecho de rebatir o desacreditar al otro. Es decir, aquí la crítica supone en realidad un ‘librarse de la propia responsabilidad porque solo se le atribuye al otro’.

ALTERNATIVAS ELABORADAS

Espíritu crítico y método científico

Cuando alguien basa su estrategia únicamente en objetar, desmentir al otro sin proponer claramente una propuesta propia es que en realidad poco se ha dedicado a contrastar, a considerar la posibilidad de que el «otro» también tiene cosas interesantes que aportar y, sobre todo, que, o bien, esconde su propuesta a través del ruido que genera criticando al otro; o bien, poca cosa tiene que aportar porque lo único que le interesa es ocupar el lugar del «otro» y, por eso, lo emplea criticando sin propuestas alternativas elaboradas.

En realidad, el espíritu crítico tiene bastante en común con el método científico, y el método científico tiene como fin último poder establecer criterios y base para aportar luces sobre nosotros como personas y el mundo que nos rodea. Lo cual solo puede ser positivo.

Si nos educáramos en el espíritu constructivo, muy probablemente también construiríamos mejores relaciones, alejadas de prejuicios facilones y con poca substancia, aunque sí muy cómodos para eludir la responsabilidad que supone pensar un poco antes de hablar sin aportar gran cosa de interés. Aunque sí, también es verdad que hay a quien no le gusta ejercitar sus propias capacidades y son muy comodones y también hay a quienes no les interesa que sean ejercitadas.

ESPÍRITU CONSTRUCTIVO

Cuando pones en marcha tu espíritu crítico suelen abrirse muchas posibilidades porque, de repente, descubres muchas más opciones que no habías tenido en cuenta a priori porque no habías ni reparado en que podían existir. También supone un golpe de realidad que, a veces, nos cuesta asumir pero que, sin embargo, nos permite poder tomar decisiones ajustadas a nuestras posibilidades sin –por ello– renunciar a nuestras aspiraciones.

Ganamos también en tolerancia porque abrimos nuestro foco de percepción valorando más cuestiones que las primeras que nos vienen sin haber reparado en matices, detalles importantes o no habernos escaneado antes nuestros propios prejuicios.  Nos construimos con más seguridad; ya que el proceso por el que hemos transitado para llegar a una determinada conclusión –que nos lleve a una determinada acción– se habrá hecho sobre una base mucho más rica que si nos precipitamos sin tener en cuenta elementos que también requieren ser considerados.

Además, podemos ejercitar el espíritu crítico para luego desarrollar el espíritu constructivo con otras personas lo cual amplia nuestro campo de visión con la ventaja de poder compartir nuestros pareceres, nuestros sueños y nuestros proyectos y podemos alimentarnos mutuamente de las riquezas de todas las personas que participan en este proceso.

NUESTRO PROPIO TIEMPO

Y finalmente, ejercitamos nuestras capacidades cognitivas que podemos balancear junto con nuestras emociones con lo cual desarrollamos nuestra propia inteligencia emocional.

Obviamente, el espíritu crítico requiere de cierto tiempo y éste es el reto, hoy en día ya que todo parece ir muy rápido. Mientras escribía este artículo me llamaron de una empresa de telefonía móvil para hacerme una oferta. «Solo es para hoy». Nada de lo que me ofertaban lo tenía identificado como una necesidad por muy atractivo que fuera. Este un ejemplo tonto.

Pero, a diario, tomamos decisiones menores que juntas acaban suponiendo algo que, lejos de ayudarnos a construirnos como realmente queremos nos llevan a lugares en los que nos acabamos preguntando cómo llegamos hasta aquí.  El espíritu crítico tiene la ventaja de darnos también un criterio respecto a la gestión de nuestro propio tiempo (‘saber distinguir entre lo que debo responder rápidamente o lo que me puedo tomar un tiempo’) y de nuestras necesidades.

¿Cómo tratas a tu espíritu crítico y qué cosas u otras cosas podrías obtener desarrollándolo?

¿Cuántas cosas has construido con espíritu crítico y cuantas cosas aprendiste gracias a él?

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Alexandra Farbiarz Mas es coach, facilitadora en mejora de habilidades y comunicóloga ambiental. Empezó su carrera profesional en la divulgación de contenidos técnico-científicos para el gran público, y en la comunicación corporativa, lo que le llevó, de forma natural, a dedicar especial atención a la comunicación interpersonal y a la comunicación entre las personas y su entorno, fijándose en todo aquello que los limita o los potencia. Actualmente compagina su trabajo en el ámbito del bienestar de las personas y organizaciones con el de responsable de comunicación en un despacho de derecho ambiental y colaboraciones en proyectos de sensibilización ambiental. En el ámbito de la formación/facilitación se ha especializado en mejora de la comunicación para personas y organizaciones, creatividad (grupal o individual) y liderazgo. También es risoterapeuta. Educación: Licenciada en Sociología por la Universitat de Barcelona, Master en Comunicación Científica por la UPF, Diploma EU en Psicología Aplicada a las Organizaciones por la UOC y Máster en Coaching Personal por la Escuela Coach Creativo (Málaga), Certificado de aptitud pedagógica (UPC), Formación en Risoterapia y juego expresivo (Escuela de Risoterapia y desarrollo humano Enrique Aguilar).