El Talento,

la verdadera herramienta de Inclusión

Pinocho

Gepetto quería un hijo y lo modeló con mimo y cariño. Mientras lo construía imaginó cómo sería ese niño. Iría a la escuela, como los demás niños. Tomaría su merienda, como los demás niños. Le llevaría una manzana a la maestra, haría los deberes, jugaría en la calle, como los demás niños. Como muchos padres, Gepetto sólo quería que su hijo fuera como los demás. Pero Pinocho era diferente. Él estaba hecho de otro material. Intentó ser como los demás, se esforzó, pero nunca estuvo muy seguro de qué es lo que tenía que hacer en cada momento. Esta inseguridad le llevó por el mal camino.

Al final Pinocho consigue por fin ser un niño como los demás al mostrar su valor y ver cómo su padre al fin le quería tal y como era. Quiero pensar que lo que finalmente ocurre es que su padre por fin deja de ver defectos en él, deja de fijarse en aquello que le falta y empieza a verle como lo que es, un niño.

Esta inseguridad le llevó por el mal camino

Muchos llevan años tratando de incorporar a la escuela nuevas herramientas que permitan por un lado modernizar la educación, y por otro encontrar la fórmula de la inclusión, un modelo del que todos los niños puedan participar.

Son innumerables las formaciones, propuestas en redes e iniciativas disponibles para incorporar en el aula las TICs, la robótica, el ajedrez, la escritura creativa, la inteligencia emocional, la neuroeducación, la teatralización, el flipped classroom, la gamificación y, por supuesto, el aprendizaje por proyectos o resolución de problemas.

Imagino que muchos educadores pueden estar desorientados, desmotivados, incluso saturados viendo tal proliferación de “innovaciones” y sobrepasados por la ansiedad que puede generar pensar que debe uno formarse y experimentar sobre todas y cada una de ellas.

Sin embargo, creemos que la mejora de la educación y el logro de un sistema inclusivo no es cuestión tan sólo de herramientas. Es innegable que sin herramientas no podemos construir el barco, y que cuanto más herramientas manejemos y más experiencia adquiramos en su manejo, con más agilidad y menos esfuerzo podremos construir este barco.

Pero el problema es que aún no hemos dado con la clave de cómo debe ser ese barco porque todavía no hemos llegado a comprender hacia donde debe ir. El objetivo determina el cómo, y el cómo, las herramientas que vamos a priorizar.

Mantener el sistema

Tienen entonces lugar debates sobre si la educación debe centrarse en los contenidos, formar mejores ciudadanos o procurar la felicidad de los niños. Y esto nos lleva a incorporar nuevas iniciativas que traten de concienciar a los niños sobre el respeto al prójimo y al medioambiente, desarrollen su solidaridad, trabajen sus emociones y haga el contenido más atractivo. Pero aún parece que nos falta algo.

Y es que todo lo que estamos haciendo pretende mejorar lo que ya existe. Hacer el sistema más atractivo, más interactivo, cooperativo, y experimental. Pero a la postre, mantener el sistema.

Como Gepetto, nuestro sistema ha diseñado un modelo de niño perfecto y, viendo que muchos niños quedan fuera de este modelo, genera herramientas, adaptaciones, metodologías para ayudar a todos a converger hacia nuestro modelo.

Incluso podemos ver algunos bienintencionados prospectos educativos definiendo ese modelo ideal de niño. “Nuestros alumnos son líderes, tecnológicos, solidarios, comunicativos, atrevidos, extrovertidos …” y, a continuación, el ranking en las notas de selectividad ¿Y que ocurre con todos los niños que no cumplen este modelo, con los introvertidos, los observadores, los prudentes, los independientes que no tienen interés en liderar nada? ¿Y con los que eligen la formación profesional, un proyecto propio o una actividad más creativa o una artística? Estos niños ¿”no valen”?

Más allá de métodos y tecnologías, de recursos y formación. Nuestro problema es que sólo damos valor a un modelo de estudiante y todos nuestros esfuerzos se concentran en que todos los niños converjan hacia ese modelo. Así, también definimos que “adaptaciones” daremos a todos aquellos niños que necesiten ayuda para parecerse a nuestro particular Pinocho.

«Les teñimos de rubio, les plantamos unos tacones, les ponemos a dieta, y unas lentillas azules, para que se parezcan a nuestra Barbie rubia pre-diseñada. Aquellos que nacen morenos, bajitos o menos esbeltos, necesitan adaptación. Y a los que se pasan de “guapos”, no les hacemos caso, porque ya van sobrados».

Abraham Maslow, en su libro “El hombre autorealizado” ya postula en contra de este “hombre adaptado” y “sin problemas”, que resulta muy poco brillante y de dudosa validez. Para Maslow, es más deseable buscar como modelo al “ser humano desarrollándose íntegramente y autorealizándose”, aquél en quién todo alcanza un estadio de pleno desarrollo, cuya naturaleza interior se manifiesta libremente en vez de resultar doblegada, oprimida o negada.

Desarrollar nuestro propio potencial es una necesidad de todo ser humano, como lo son comer o sentir que pertenecemos a un grupo de referencia. Igual que cuando no comemos o dormimos lo suficiente, la insatisfacción de nuestras necesidades de desarrollo también acarrea problemas de salud física (hambre, sed, funcionamiento del organismo) o psíquicas (falta de aceptación, de amor, de autoestima), y genera problemas de convivencia (competencia insana, intolerancia, insolidaridad, agresividad, acoso…). Todos, desde que nacemos nos dirigimos hacia nuestra propia autorealización, es decir:

«La realización creciente de las potencialidades, capacidades y talentos; el cumplimiento de la misión, destino o vocación; el conocimiento y aceptación más plenos de la naturaleza intrínseca propia y la tendencia constante hacia la unidad, integración o sinergia, dentro de los límites de la propia persona».

A. Maslow

Cualquiera que sea su profesión, todas las personas de éxito preguntadas definen la motivación, la persistencia y el espíritu de sacrificio, la auto-superación y constancia como el principal responsable de sus logros. Logros que a su vez se han dado en el campo que constituye su pasión.

Así, es fácil concluir que persistencia y pasión son los dos ingredientes básicos e inter-relacionados del desarrollo humano. La persistencia es fruto de la motivación, y la motivación es fruto de haber encontrado tu pasión.

Si entendemos esto, es fácil concluir que la labor de la escuela no debería ser convertirse en un distribuidor de contenidos, que selecciona qué temario, en qué momento, a qué ritmo y de qué modo debe cada alumno acceder, aprender y ser evaluado. Y tampoco en forjar buenos y felices ciudadanos pues estas cualidades surgen del interior del individuo y no pueden ser impuestas desde el exterior. Son pues subjetivas.

Generar

oportunidades

La labor de la escuela no debe ser otra que la de generar para cada niño el entorno y la oportunidad y aportarle las herramientas necesarias que le permitan descubrir su pasión, activar su motivación y desarrollar su potencial, dejando que cada niño se desarrolle, no para alcanzar un modelo concreto, sino creciendo y superándose a sí mismo. La labor de la educación no debe ser otra que la de estimular y acompañar a cada niño hacia su proceso de auto-realización plena.

Este proceso es el responsable de nuestra autoestima y ésta de nuestro desarrollo equilibrado y sano que nos permite crecer como personas y como ciudadanos. Es esta autoestima la que nos permite desarrollar la motivación, persistencia y constancia necesarios para perseguir nuestros sueños.

La responsable de darnos la seguridad en nosotros mismos necesaria para participar en procesos cooperativos, para profundizar en nuestro aprendizaje, para exigirnos más. Pero es también la autorrealización, la consecución de los propios logros la que nos hace crecer como mejores personas y, por tanto, mejores ciudadanos, la que nos da una mejor comprensión del mundo y nos hace soñar con cambiarlo, una mayor empatía con el prójimo y nos hace más tolerantes y solidarios.

La necesidad de autorealizarnos es común a todos nosotros. Una escuela que trata de llevar a cada alumno un paso más allá sobre su propio estado, respetando las fortalezas, el ritmo y los intereses propios, dando el mismo valor a todas las inquietudes, es la verdadera escuela inclusiva.

Y ahora sí, estando de acuerdo en el objetivo, ya podemos preguntarnos ¿Cómo podemos fomentar este desarrollo libre? ¿Cuáles son las mejores condiciones educativas para conseguirlo? ¿Qué clase de mundo necesitamos para que crezcan en él este tipo de personas? ¿Qué clase de mundo crearán éstas? Recordando las palabras de Maslow:

«Las personas enfermas son producto de una cultura enferma y hacen a ésta aún más enferma. Las personas sanas pueden existir gracias a una cultura sana y hacen a ésta aún más sana. Existe la posibilidad real de fomentar el desarrollo individual, mientras que es mucho más difícil curar los síntomas neuróticos sin una ayuda externa».

Muchos debates sobre educación quedarían solventados si nuestra mirada estuviera puesta en el desarrollo del potencial de cada alumno en lugar de en obtener un consenso sobre cuál es la mejor medida a adoptar.

¿Cuándo deben aprender a leer los niños?

Cada uno a la edad que este preparado y cuando su interés por la lectura le lleve a ello.

¿En qué medida debemos utilizar las Tics?

En la medida que responda a los intereses y necesidades particulares de cada alumno.

¿Por qué nos decantamos, por el ajedrez, la robótica, el teatro?

Por aquello que responda a los intereses de tus alumnos.

¿Cuál debe ser el criterio de agrupamiento cuando trabajamos por proyectos?

El criterio que más aporte al desarrollo de destrezas de cada niño en cada momento particular, en cada proyecto, en cada grupo.

¿Cómo trabajar la cohesión del grupo?

Trabajando la autoestima positiva en cada niño, pues sólo cuando nos sentimos seguros de nuestras ideas y aportaciones somos capaces de aportar valor a un proyecto y aceptar e incorporar las críticas o mejoras.

¿Cuál debe ser el criterio de evaluación?

El que determina en qué medida hemos conseguido que cada alumno se supere a sí mismo, una evaluación que debería implicar tanto al alumno como al maestro y la cooperación con las familias, pues es la correcta armonía entre todos ellos la responsable de un crecimiento adecuado.

¿Cuáles deben ser los contenidos de primaria, o secundaria? ¿Cuáles las opciones de secundaria o bachillerato?

Las que den respuesta a los intereses de cada alumno.

¿Qué medidas tomar contra el acoso escolar, el fracaso, el abandono?

Generar un entorno donde todos los niños se sienten valorados por cómo son, y se encuentran ocupados en su constante desarrollo personal, siendo retados y estimulados en este desarrollo teniendo en cuenta sus intereses, motivaciones, potencial y fortalezas.

Desarrollar

nuestro talento

La necesidad de desarrollar nuestro talento es lo que todos tenemos en común. La escuela inclusiva es aquella que respeta y admira el tesoro que cada niño esconde y aporta las condiciones necesarias para que se explore a si mismo, descubra su potencial y lo desarrolle sin límites y sin obligarle a converger hacia ningún estándar.