Nuria López Roca

Nuria López Roca, es maestra, especialista PT. Pronto se cumplirán 20 años de su trayectoria en Centros de Menores. Actualmente, ejerce de directora de IES Can Balo, un centro ubicado con su dirección fiscal en el municipio en Marratxí, Islas Baleares. Es necesario aclarar que se trata de un centro educativo donde no hay adolescentes correteando por su aulas, ni un edifico donde están todas su aulas y sus docentes…  sino un IES que representa la unión y dignificación de un equipo docente muy potente y comprometido en la búsqueda de CÁMINOS DE ÉXITO para jóvenes que ven su vida truncada por acontecimientos.

IES can Calo es la suma de todas las aulas ubicadas en los centro socioeducativos donde se ejecutan medidas de privación de libertad además de otros espacios terapéuticos (proyecto joven) para chicos y chicas que necesitan dar un cambio en su vida.

Nuria, La Maes, como le gusta que le llamen sus alumnos y alumnas, nos cuenta  que ya ha pasado 20 intensos años como docente en Centros de menores.

«Pronto se cumplirán 20 años desde que dejé la escuela en la que había trabajado cuatro años para entrar en el mundo de los centros de menores o como se conocían entonces, reformatorios, ejercí 13 como maestra del centro Fusteret, algo más de 5 cursos como  coordinadora de las unidades docentes adscritas a la Fundación socio-educativa S’Estel, (organismo encargado de la gestión de los tres centros de privación de libertad de las Islas Baleares: Centro SE «Es Pinaret», Centro SE «Es Fusteret» y Centro SE «Es Mussol», los centros donde se encuentran ubicadas dichas unidades) y ya, para iniciar el tercer curso,  como directora del IES «Can Balo»».

Existen dos grandes grupos de centros: los de protección (los menores son retirados de sus familias por graves situaciones de desamparo. Los niños pasan a centros de protección y cada Comunidad Autónoma se convierte en la responsable de su tutela y los de reforma (ingresan por cometer delitos).

Se calcula que en España hay alrededor de  43.000 niños y jóvenes tutelados por el Estado, de los cuales solo un 14 por ciento están en familias de acogida; otros, en pisos asistidos; y la mayoría, en los llamados «Centros de menores». 

«Al inicio del curso 99/00 es el momento en el cual decido iniciarme en el mundo de los menores con medidas judiciales. En los centros llamados «de reforma». En aquel momento, el antiguo Centro de menores Sagrada Familia, ubicado en Palma, iniciaba un proyecto para crear un espacio socioeducativo al alcance de chicos y chicas en libertad vigilada, que además poseían un absentismo crónico considerable; alumnado que había desaparecido de las aulas ordinarias de manera temprana y que consecuentemente había empezado a tener problemas serios legales y personales y que se iniciaba dentro del circuito de justicia juvenil con una medida judicial de Centro de Día».

Afortunadamente, cada vez el concepto de atención a la diversidad va más ligado, por una parte, al concepto inclusión, entendido como ‘igualdad de oportunidades para todos y todas desde la equidad’; y, por otra, a la respuesta a una realidad innegable y que solo puede ser vista desde una mirada positiva: la diversidad es variedad y la variedad es riqueza.

«Muchos profesionales somos los y las que luchamos por la eliminación de las etiquetas, por la supresión de categorías o vamos en contra una educación que en lugar de sumar, resta. Es hora que dejemos de hablar de alumnado con discapacidad cognitiva o sensorial, con TDAH, minorías étnicas o … menores infractores (y ya no digamos delincuentes juveniles)».

Ha llegado el momento en el que hablar de menores infractores es hablar de alumnado con grandes  necesidades socieducativas que debemos cubrir desde una mirada limpia y proactiva, pero también de grandes capacidades sin descubrir,

«Los menores son infractores o delincuentes, pero para el profesorado del IES Can Balo son alumnado de gran intensidad, con necesidad de nuevas oportunidades, de poder hacer las paces con la escuela, de poder volver a creer con ellos mismos… de sentir que fueron alumnos y alumnas  y que aprender, mola».

«Como directora de las aulas de los centros de menores,  mi misión, desde hace ya casi 20 años, es luchar por un cambio de gafas y conseguir que la sociedad en general, y la escuela en particular, esté dispuesta a dar una segunda, tercera,… o décima oportunidad a un grupo de alumnos que tropezaron y entraron en una carretera a la que nunca debieron acceder: la de justicia juvenil».

Cada año, unos 2500 de estos menores en toda España cumplen la mayoría de edad y deben abandonar esta tutela. La falta de conocimiento sobre estos centros hace que los chicos que salen de ellos, a los 18 años, tengan el estigma de conflictivos.  De ahí el interés de Nuria por dar visibilidad y normalidad a la vida y estudios de estos jóvenes.

En 1999 se avecinaba de forma inminente una nueva ley la cual iba a suponer un cambio importante: Cambiar los centros de menores desde una perspectiva punitiva y correctora a una educativa e insertora.

Llegó la ley Penal Juvenil (Ley Orgánica 5/2000, de 12 de enero, reguladora de la responsabilidad penal de los menores), y entró en vigor en enero de 2001 dando una vuelta importante al panorama de la justicia juvenil. Ahí estábamos dispuestos a convertir esos llamados «menores infractores» en alumnado «con necesidades educativas». Ahí estábamos para reivindicar también sus grandes capacidades.

Esta ley NO permitía vincular a los menores infractores con un centro que revelara su situación judicial, así que debíamos crear caminos de conexión con centros escolares normalizados de la red comunitaria. Sentíamos que la escuela necesitaba un cambio importante y estábamos dispuestos a luchar por ello desde el escenario de los centros de menores.

ALUMNOS

La suerte de la pedagogía:

de infractores a alumnos

Nuria López nos relata cómo ha vivido en estos 20 años esta evolución gracias al trabajo de equipo de un grupo de profesionales.

«En 1999, iniciamos el diseño de un nuevo proyecto. Después de un primer curso de experiencia piloto el cual nos permitió entender todos los entresijos de la ley penal juvenil y encontrando puntos que promocionaran una armonía legislativa con la ley educativa  de ese momento (LOGSE-1990): Conceptos como inclusión, normalización, respuestas a necesidades educativa, interés superior del menor o asunción de responsabilidades formaron parte de un proyecto que poco a poco fue tomando forma y que a pesar de que se inició como una aula,  ahora estamos hablando de 14 unidades docentes de todas las modalidades educativas existentes».

Las diferencias importantes que introdujo la nueva ley se resumen en dos elementos importantes:

Subir la edad penal de 12 a 14 años.

Se da un peso importante al interés del menor, pasando de una perspectiva muy punitiva y correctora  a una más  socio-educativa, (a pesar de que seguía siendo normal y correctora).

Se pone el foco en el menor, dándole protagonismo y acompañándole en una reincorporación social con éxito.

«A día de hoy El IES can Balo está compuesto por  19 profesionales ubicados en 12/13 diferentes unidades docentes o de formación, sitas entre cinco dispositivos diferentes. Estas unidades que tratan de ser un espacio de cariz formativo donde TODOS  los menores con medidas de privación de libertad, a la vez que alumnos (una media de 100 alumnos al día), puedan  encontrar respuesta adaptada a sus necesidades educativas relacionadas con el mundo académico, con unas estrategias adecuadas, con agrupamientos y  secuencias de tiempo coherentes a la realidad de cada chico y chica  y sobre todo intentando garantizar el ÉXITO (concepto relativo que debe adaptarse a cada uno de nuestros chicos y chicas). Estas unidades tienen un objetivo común: que cada uno de estos menores infractores vuelvan a ser un ALUMNO/A DE ÉXITO».

Paso a paso.

«En un primer momento de la transformación de los centros,  nos iniciamos en un proceso donde aún no conocíamos las palabras como trabajo por proyectos o tareas integradas, pero sí que empezaron a surgir dinámicas de aula constructivas, donde florecían alumnos y alumnas competentes, responsables y sobre todo directores de su proceso… dinámicas y experiencias adaptadas a las necesidades de estos protagonistas, grandes alumnos escondidos debajo del disfraz de menores infractores. Pudimos ir viendo como esos chicos y chicas volvían a creer en ellos, se sentían bien con el traje de alumno y a pesar de sus miedos al fracaso querían volver a un aula para demostrar lo que eran capaces de hacer».

«¿Tuvimos éxito a la primera? ¡NO! Ese primer año se inició un camino que, a pesar de caídas y tropezones, se vislumbraba como un horizonte el “éxito”».

La incorporación a IES ordinarios se realiza por fases:

En la primera fase reciben la formación en las aulas de los centros de menores.

Si la medida judicial lo permite (Régimen Abierto o Semi-Abierto) cuando su proceso se va redirigiendo se prepara el retorno a un centro ordinario, pero no dejan de estar desvinculados a los centros de menores.

Su matrícula administrativa siempre estará en un centro de la red pública y sus calificaciones siempre serán de su centro de referencia, siendo la coordinación continua entre el equipo y los diferentes centros escolares, parte de la clave del éxito.

«Paralelamente empezamos a trabajar con colegios, institutos y centros concertados con el objetivo de crear esas segundas o décimas oportunidades que necesitaban nuestros chicos y chicas pero esta vez con garantías de éxito, con esa mirada que ya no vería menores infractores sino alumnos con grandes posibilidades. Se redactaron diferentes convenios y protocolos y luchamos por crear un marco de atención de calidad, y sobre todo justo, e indispensable para la sociedad del siglo XXI».

Y así, como nos indica Nuria La Maes «comenzaron a escribir una historia que necesita ser leída, escuchada y conocida para dar la visibilidad que merece este alumnado».

¿Para qué sirve la utopía? 

Ella está en el horizonte.

Me acerco dos pasos,

ella se aleja dos pasos más.

Camino diez pasos

y el horizonte se corre

diez pasos más allá.

Por mucho que yo camine

nunca la voy a alcanzar.

¿Para qué sirve la utopía?

Sirve para eso:

para caminar.