CAMBIO EDUCATIVO

Es mucho lo que podemos autoevaluar y cuestionar acerca de nuestras prácticas pedagógicas. Sin duda, llevamos páginas y páginas escritas sobre lo que deberíamos mejorar, partiendo de aquellas a donde cuestionamos la enseñanza tradicional y su desajuste con la realidad que hoy atraviesan las formas de aprender de nuestros alumnos. Sin embargo, es imposible afirmar que el cambio educativo es posible sin los docentes.

A pesar de ello, estamos asistiendo a la conformación de una representación social que vincula a maestros y profesores como únicos y últimos responsables de la calidad educativa. Así es como se multiplican los ataques en los medios contra la docencia a la que se le atribuye una pésima enseñanza. ¿Puede acaso afirmarse de manera tan contundente que exista una relación lineal entre bajos resultados de aprendizaje y mala enseñanza? Pareciera al menos una visión bastante reduccionista del proceso educativo.

Cambio educativo, 

de la mano de los docentes

CAMBIO EDUCATIVO Y DOCENTES

Somos los propios docentes quienes tenemos la capacidad de cuestionar nuestras prácticas, reunirnos a discutir con colegas en diversos espacios y enunciar caminos posibles para el cambio. De allí a que esto habilite la apertura de una catarata de críticas infundadas, hay un abismo. Y no se trata de un espíritu “corporativo”, sino de la posibilidad de comunicar e intercambiar ideas desde una posición fundada y no desde el sentido común o la mera experiencia educativa como alumno.

Hace muchos años, leí una afirmación de César Coll1 que siempre quedó en mi pensamiento: “el alumno es el responsable último de su aprendizaje”. A pesar de ello nadie parece dudar del enorme “poder” de los docentes para producir esos aprendizajes. ¿Hasta dónde llega ese poder? ¿Cuál es el grado de influencia? ¿Es posible atribuir los malos resultados de unas pruebas de calidad educativa a la enseñanza de los docentes? Sólo desde una perspectiva reduccionista podríamos verlo de ese modo.

CULTURA DEL ESFUERZO

Lo más paradójico aparece cuando en estos cuestionamientos a la enseñanza se habla de la falta de promoción de una “cultura del esfuerzo” entre los alumnos. ¿Es factible que un maestro o profesor logre inculcar el valor de esta cultura por su accionar? Una cultura no puede construirse con la voluntad o la guía de una persona. Creer que es posible resulta, al menos, una exageración.

Pues bien, en este escenario a donde interjuegan múltiples variables que condicionan el aprendizaje, reducir todo a la enseñanza sobredimensiona y culpabiliza –inútilmente– a los docentes del fracaso educativo.

Por otro lado, no podemos dejar de pensar sobre las condiciones de trabajo en las que el docente lleva a cabo la enseñanza; así como en las situaciones contextuales particulares que atraviesan los alumnos.

Los resultados de aprendizaje son producto de la conjunción de factores tan distintos como determinantes, todos y cada uno de ellos. ¿Por qué entonces siempre se ataca a los docentes?

Desde una perspectiva política, culpar a los docentes resulta una respuesta hábil: haciéndolo se justifican cantidad de decisiones, pero fundamentalmente las salariales. Si los maestros y profesores son malos, no sería necesario remunerarlos bien. O, en el mejor de los casos, se piensan en formas de recompensar a “los buenos” y castigar a “los malos”.

Claro que desde el punto de vista pedagógico es difícil sostener cualquier proyecto de cambio educativo que no considere a los maestros y profesores. De este modo, la tensión que se genera entre las críticas y culpabilizaciones –desde lugares ajenos a la docencia– ponen a los protagonistas necesarios del cambio fuera de la escena a donde se deberían realizar.

¿Podría servir de algo esta resolución?

MODELOS EDUCATIVOS

Nadie pone hoy en duda la crisis de modelos educativos. Nos encontramos atravesando una extensa transición entre la nostalgia por la enseñanza tradicional y la adopción de “innovaciones” que no han sido analizadas ni probadas como para dar prueba de efectividad en la enseñanza. Los extremos nos van alejando cada vez más de la posibilidad real de cambio educativo.

Estamos inmersos en un callejón sin salida mientras se siga atacando a la docencia. La forma de iniciarnos en el cambio es de la mano de la reflexión autocrítica y la construcción de colectivos docentes de intercambio de ideas y propuestas. Pero habrá que dejar de lado los ataques sistemáticos a la profesión desde lugares ajenos al ejercicio de la profesión si de verdad se aspira a mejorar. Los medios de comunicación, como referentes que operan fuertemente sobre las representaciones sociales, tienen un lugar de privilegio en el proceso de construir o deconstruir la imagen de la docencia.

¿Estarán a la altura o echarán más

leña al fuego?

Maestros y profesores que son reconocidos por la sociedad y por su comunidad necesariamente resultan comprometidos con su tarea cotidiana. Aquellos que son ignorados o –lo que es peor– maltratados tenderán a reproducir el trato que les dispensan y a enajenarse de su trabajo.


1 Coll Salvador, C. (1990): «Significado y sentido del aprendizaje escolar. Reflexiones en torno al concepto de aprendizaje significativo». En Aprendizaje escolar y construcción del conocimiento. Ed. Paidós. España.

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Primero fui profesora de Educación Inicial, luego Licenciada y Profesora en Ciencias de la Educación de la Universidad de Buenos Aires. Continué mi formación de Doctorado en la UNED en la que obtuve el Diploma de Estudios Avanzados.

Desde hace más de 20 años me dedico a la enseñanza de la Didáctica en las carreras de formación del profesorado para la Educación Inicial y la Educación Primaria, en la Escuela Normal Superior Nro. 1 de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. También doy cursos de formación continua para docentes en ejercicio.

Me he dedicado especialmente a temas de innovación educativa, en particular a la inclusión de las TIC en la enseñanza. Además de la enseñanza, mi otra gran pasión es escribir. Así que luego de algunos libros y artículos, inicié en el 2013 la aventura de mi blog “Pensar la Escuela”.