Sigamos con esas ausencias que definen un sistema. Una mayoría del profesorado sigue instalado en la enseñanza tradicional: un mismo contenido estandarizado que se enseña a todos de la misma forma. De poco sirve cualquier reforma curricular si la aplicación de ella sigue siendo anacrónica. El aprendizaje por competencias sigue sin realizarse mayoritariamente. El síndrome lampedusa: todo cambia para que todo siga igual.

Desde INED21 en: “Desde la igualdad a la excelencia”, hemos propuesto la introducción necesaria de dos competencias necesarias: la competencia emocional y la competencia creativa. Ayer hablamos de la primera, profundizemos en la segunda hoy. Definimos competencia creativa como la competencia que da una solución novedosa a un problema o reto. Es la competencia de las competencias, porque se realiza a través de todas las demás: hay creatividad lingüística, matemática, social o artística…

La competencia creativa dinamiza nuestra metodología porque obliga al profesorado a adoptar nuevas estrategias en su relación de enseñanza-aprendizaje. La creatividad se puede y debe sistematizar en su perspectiva metodológica. Si no se hace, lo que queda es el subjetivismo y el caos metodológico. Subjetivismo significa que cada uno define por sí mismo la creatividad: vale todo. Caos porque al no haber metodologías específicas para el fenómeno de la creatividad, vamos al romanticismo pedagógico: la inspiración como método. Un espacio creativo se construye, no se improvisa.