Un sistema educativo se define por varias características: la estructura organizativa, el nivel de su profesorado, la relación de los agentes educativos (administraciones, familias, alumnos, docentes). Pocas veces definimos la educación formal por sus ausencias: aquellas ideas, contenidos o estructuras que faltan.

El avance de la neuropsicología y el desarrollo de las técnicas de imagen cerebral, junto a la ampliación de la psicología de su perpectiva de la mente desde los años ochenta, nos ha dado un nuevo factor que sigue desapercibido en el curriculum formal: las emociones y su influencia en todo el ámbito de la personalidad. Desde A. Damasio hasta la visión en panorámica de las inteligencias de H. Gardner, son muestras de los trabajos que no han tenido traducción educativa aún en nuestro trabajo de aula.

Las iniciativas aisladas que intentan compensar esta ausencia, son voluntarismo. Unas iniciativas que son de agradecer pero que no han tenido consecuencias formales, ni metodológicas aún. Dejo dos preguntas que todos podemos contestarnos: ¿cómo dentro de las competencias básicas no está reconocida la competencia emocional? ¿Qué formación metodológica recibe un profesor actual para introducir el ámbito de las emociones desde su perspectiva y materia? Se la adelanto: ninguna.