Tras la  revisión por parte del gobierno de España de los criterios para acceder a una beca universitaria y las controversias desatadas al respecto, parece apropiado hacer una serie de reflexiones, basadas en datos inequívocos y objetivos, sobre nuestro sistema universitario (educación terciaria de tipo A, si nos adaptamos a la nomenclatura internacional). Nos va a servir como referencia fundamental el último estudio científico publicado llevado a cabo por Francisco Pérez García, catedrático de fundamentos de análisis económico, de la universidad de Valencia en el verano del dos mil doce, para la fundación BBVA. También aportamos datos del informe Ined21 “Desde la igualdad a la excelencia.” Además se sustenta este artículo con los indicadores publicados por la OCDE en su informe 2013 “Education at a Glance 2013: OECD Indicators”

Los resultados ponen sobre la mesa algunos aspectos básicos. Así, la investigación aumenta progresivamente, pero persisten las debilidades en investigación aplicada y producción de patentes. La tasa neta de entrada de jóvenes de 18 años en España es de 49,1%, mientras que en muchos países desarrollados el dato se eleva al 60% y la media de la OCDE es del 59,3%. Tenemos muchas titulaciones pequeñas: el 29% de éstas tienen menos de 40 alumnos de nuevo ingreso al año. Los excesos permanentes de demanda en ciencias de la salud y los excesos de oferta en las ciencias experimentales y humanidades, reflejan rigidez organizativa y escasa capacidad de adaptación de las universidades a la realidad del mercado que dicta una probabilidad de estar ocupado de 10 a4 a favor de las ciencias de la salud sobre las ciencias sociales. Los indicadores expresan que existe un 20% de alumnos que inician los estudios terciarios y no titulan (fracaso en el rendimiento) Los trabajadores en ocupaciones altamente cualificadas  son el 34,9%, casi el peor dato de toda la UE, que alcanza una media del 39,5%; sólo estamos por encima de Grecia, Chipre, Bulgaria, Portugal y Rumanía. Esto es, el aprovechamiento por parte de la sociedad de la inversión realizada en los estudiantes, es muy mejorable y no está bien rentabilizada ni humana ni tecnológicamente.

Por otro lado, el CSIC y su laboratorio de Cibermetría, que cuenta con una base de 1.800 universidades, no clasifica a ninguna universidad española dentro de las 100 mejores del mundo. Debemos descender a la posición 150 para encontrar a la Complutense de Madrid, seguida de la Politécnica de Madrid (183), la Universidad de Sevilla (223), la Politécnica de Cataluña (227), la Autónoma de Barcelona (239) y la Universidad de Granada (270) A la luz de los datos aquellos de dicen que no van a permitir pasos atrás en el sistema universitario, deberían ser más prudentes.

En relación a otros países de la OCDE, las tasas que han de pagar los universitarios en España son en general bajas. Nos encontramos junto con Italia y Francia entre los países que pagan tasas de matrículas reducidas. La tasa media en nuestro país ascendió a 1.129$ anuales para el curso académico 2010-11 (Irlanda 6.450$, Chile 5.885$, USA 5.402$, Japón 5.019$, Países Bajos 1.966$, Italia 1.407$, Finlandia, México, Noruega y Suecia 0$) y el porcentaje de alumnos que reciben becas es del 35%. A pesar de ello, el total de jóvenes universitarios es limitado en comparación con la UE y OCDE, como ya hemos visto.

Estos datos, tendrán que ser actualizados con el impacto de las últimas modificaciones sufridas a partir del 2012 para ajustar las conclusiones; pero hasta el momento, y a la luz de los hechos, España cobra tasas de matrícula moderadas en comparación con los países de su entorno. Por lo tanto, el nivel de dependencia de los recursos públicos para financiar la educación terciaria es alto mientras que los  niveles de participación del alumnado en la universidad, se encuentran por debajo de la media de la OCDE.

Existen 4 modelos bien diferenciados de financiación de la educación superior:

1.-Países sin tasas de matrícula o con tasas de matrícula baja y con importantes sistemas de ayudas a los estudiantes (Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia)

2.-Países con tasas de matrícula elevada y con sistemas bien desarrollados de ayuda a los estudiantes (Australia, Canadá, Estados Unidos, Nueva Zelanda,  Holanda, Luxemburgo y Reino Unido)

3.-Países con tasas de matrícula elevadas y sistemas poco desarrollados de ayuda a los estudiantes (Corea, Chile y Japón)

4.-Países con tasas de matrícula bajas y sistemas poco desarrollados de ayuda a los estudiantes (España, Austria, Bélgica, Francia, Irlanda, Italia, Polonia, Portugal, República Checa, Suiza y México)

Las becas deberían ser un instrumento que la sociedad pone al servicio de aquellos que, demostrando un rendimiento académico y unos resultados notables, (eficiencia y productividad) tienen al mismo tiempo dificultades económicas encontrándose en alguna situación de desventaja social, cultural, económica, geográfica, étinica o de otra índole. Ningún país puede permitirse el lujo de diluir el talento de sus ciudadanos, por propio egoísmo ante la inversión realizada (reflujo o reversión) y de cara a un futuro desarrollo que mejore la cohesión social. Pero confundir las becas con un derecho por el simple hecho de permanecer en el sistema sin rendir cuentas, es igualmente otro lujo inadmisible. Es decir, debemos asegurar las mismas garantías para todos en la salida, pero el más allá (el camino y la meta) tiene que ser una potestad individual. Como dice José Antonio Marina, “se trataría de ofrecer una  socialización  de las oportunidades y una aristocracia del mérito.”

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Francisco Javier Fernández Franco, es funcionario del cuerpo de inspectores de educación con destino en la Delegación Territorial de Sevilla. Diplomado en maestro de EGB en las especialidades de primaria, educación física y pedagogía terapéutica. Licenciado en psicopedagogía y experto universitario en psicología del deporte y la actividad física. Articulista en varias revistas especializadas en temas educativos y ponente en seminarios y cursos de formación en diferentes instituciones relacionadas con el sistema educativo.
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  • Equidad y atención a la diferencia son dos de los principios sobre los que se sustenta cualquier sistema educativo que se tenga por progresista; pero ambos se entienden y se aplican mal y suelen estar en conflicto. Y forma parte de esta discusión si una política social equitativa es incompatible con la existencia de escuelas y universidades públicas de élite; es decir, instituciones con los mejores medios y profesores y un sistema riguroso y propio de selección de alumnos, dando por sentado que los condicionantes económicos no iban a ser un impedimento y que todos estos alumnos estarían becados.

    Porque, en este momento, asistir a las universidades de nuestro país, tanto públicas como privadas, no garantiza que se vaya a recibir una educación superior, por mucho que así se llame a las enseñanzas que allí se imparten.

    http://www.otraspoliticas.com/educacion/educando-a-las-elites

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