Apnea del sueño

Realmente, los datos nos muestran que la afirmación de nuestro titular: Apnea del sueño, un problema en la conducta de nuestros jóvenes encierra una problemática que, pocas veces, se ha atendido con la seriedad que merece. Afortunadamente, como problema de salud pública, cada vez, es mayor el reconocimiento y la visibilidad que se le da.

Hemos de recordar que la falta de descanso, provocada por el hecho de no dormir, desemboca –muy a menudo– en tragedias que podrían haberse evitado: como accidentes de tráfico, o fallos humanos en ámbitos como el de la sanidad o el que nos atañe mas estrechamente, el de la enseñanza.

Quedarse dormido involuntariamente en clase, dormirse mientras se conduce (ya sea en un coche, sobre un pequeño ciclomotor o al mando de un patinete eléctrico) de camino o de vuelta del centro educativo y tener dificultad para realizar las tareas diarias –por el hecho de permanecer soñoliento– son las peligrosas consecuencias de este tipo de patología.

Por si fuera poco, las personas que no duermen son más proclives a padecer –y cronificar– cierto tipo de enfermedades como la hipertensión, la diabetes, la depresión y la obesidad; así como el aumento de la incidencia de cáncer. Por consiguiente, experimentan una mortalidad mayor y una calidad de vida menor; y, así, ven reducida drásticamente su productividad.

Aproximadamente, entre cincuenta y setenta millones de adultos en Estados Unidos tienen trastornos del sueño o insomnio. Y, de entre todos los síntomas, el ronquido es un indicador muy importante de que se padece apnea obstructiva del sueño.

Un problema sobre la conducta

La apnea del sueño y su incidencia en niños

Ha quedado demostrado que la apnea del sueño «tiene un impacto negativo en el comportamiento y rendimiento escolar. Según un estudio realizado en niños de entre 3 y 12 años, en el 75 por ciento de los casos afecta a la atención, la memoria, la estructuración espacial y la ansiedad. Además, la atención directa está alterada en el 45,5 por ciento de los niños, la hiperactividad en el 30,8 por ciento de los casos y el déficit de atención en el 53,8 por ciento». Según lo anterior, queda claro que la prevalencia de la apnea es alta en la edad infantil  y que  afecta a la atención, la memoria y la ansiedad del 75% de los niños que lo sufren. Esto es, no les permite descansar; lo que apunta –de nuevo– a la misma patología: la apnea del sueño, un problema en la conducta de nuestros jóvenes.

Los niños que roncan deben ser monitorizados para averiguar si estos ronquidos se convierten en ruidos de asfixia, pausas en la respiración y esfuerzos repentinos para respirar. Ahora bien, también ocurre que, aunque un niño no presente ronquidos claros, puede tener otros síntomas. A saber: respiración ruidosa, dormir con la boca abierta, pausas breves en la respiración, sueño inquieto, despertares del sueño…

Por todo lo anterior, nos encontramos con algunos niños que se quejan de somnolencia, o de que tienen menos energía en la mañana o durante el día; otros, estarán muy irritables y de mal humor, o tendrán dificultad para concentrarse en la escuela o en la casa. Vigilar este problema, a cualquier edad –ya sea en un bebé, en un niño o en un joven– y ponerle solución es ya, afortunadamente, una tarea al alcance de todos.