Alumnado

camaleón

Nuria ha solucionado el problema por un camino; Roberto, por otro. Ambos han dado con el resultado final; ambos lo han planteado de diferente manera y ambos han desarrollado sus hipótesis por distintas vías. A ella le ha llevado varios renglones y no pocas operaciones; a él, apenas unas líneas.

Ninguno de los dos lo ha hecho como dijo el profesor que se debían resolver estos ejercicios.

Pedro es docente de la vieja escuela. Piensa que la norma es para cumplirse y que si dejamos que el alumnado invente procedimientos para obtener el resultado final, la clase será un caos.

Considera que conocer los procesos estandarizados es parte del aprendizaje, ya que la vida tiende a eso, a la estandarización. El resultado es importante, por supuesto, de ahí que tanto Nuria como Roberto se merezcan buena nota en este problema (33% de la misma).

Pero no han hecho las cosas como él lo explicó en la pizarra, así que pierden puntos por lo que él considera «desarrollo», que vale otro 33% de la calificación de cada problema.

El 33% restante tiene que ver con la presentación, que Nuria gana por goleada debido a que ha metido el resultado en un cuadradito rojo, tal y como se explicó en clase.

Alumnado con

garantías de éxito

María lleva toda la vida de profesora. Ha captado eso de que no se trata de enseñar, sino de que aprendan. Comprende que no es infalible, y que ante un problema, el que los alumnos lo resuelvan como ella ha sugerido es solo una manera, quizás la más práctica, seguramente la más eficaz y, desde luego, la más habitual, pero no la única.

Ha entendido que el objetivo es que ellos encuentren la fórmula para ser críticos, creativos y resolutivos. Ha puntuado con la máxima nota tanto a Nuria como a Roberto, así como a Julián, que ha hecho el problema como ella lo explicó en clase, y a Natalia, que sin atinar con el resultado final, ha hecho un planteamiento novedoso y acertado aunque con un fallo en una operación final, cosa que no sucedería si en su colegio se permitiera el uso de calculadora.

Mercedes trabaja por proyectos desde hace cuatro cursos, en un colegio en el que plantear los procesos de enseñanza-aprendizaje mediante proyectos no es una impostura que queda bien en el folleto de publicidad, sino una realidad en la que se implica todo el claustro.

Sus proyectos involucran diferentes áreas, responden a una programación firme, ponen en el foco el desarrollo de las competencias y se evalúan en función de las mismas y no solo del producto final.

Es un centro sin demasiados recursos pero con mucho pulso; el entusiasmo suple la falta de inversión en tecnología. Para ella, que cada alumno resuelva el problema de distinta manera es una riqueza que le permite, además de corregir en la pizarra, suscitar diálogo entre sus alumnos, ver las distintas fórmulas para llegar a un resultado e, incluso, los aspectos buenos de la pluralidad, la diversidad y el espíritu crítico.

Antonio ha roto la baraja. Ni siquiera pone problemas. Para él, la resolución de conflictos no se asienta en enunciados más o menos ocurrentes cuya respuesta se basa en aritmética.

Para él, un alumnado crítico, creativo y solidario es aquel que comprende que un problema es una oportunidad, así que provoca a los suyos, les genera curiosidad, les ofrece dilemas ante los cuales ni siquiera la calculadora tiene voz. Sabe que las familias le exigirán que cumpla el temario y que Inspección analizará con lupa cuanto hace, pero se siente un francotirador del sistema cuyo objetivo no es que sus alumnos memoricen procedimientos sino que sean ciudadanos coherentes, implicados y generosos.

…Inspección analizará con lupa

cuanto hace

Nuria y Roberto tienen la suerte de que, a lo largo de su vida escolar, se van a topar con varios Antonios, varias Marías, varias Mercedes y varios Pedros, así como con otros que no se ajustan a ninguno de estos cuatro estereotipos.

Nuria y Roberto aprenderán a amoldarse a cada profesor, a darles lo que exigen y a, como auténticos camaleones, mimetizarse con la pedagogía de cada uno. Disfrutarán y sufrirán, aprenderán o simplemente aprobarán, crecerán o se sentirán limitados  según el viento que sople desde la mesa del profesor. Nuria y Roberto sobrevivirán al sistema educativo.

Aprenderán a mimetizarse con

la pedagogía de cada uno

Santiago es tutor y su mejor legado es haber hecho ver a Nuria y a Roberto que en esa disparidad de criterios de sus profesores hay una gran oportunidad, porque el mosaico de manías, objetivos, habilidades y caracteres del profesorado refleja cómo es la sociedad: plural, variada y, a veces, incoherente.

Y así, Nuria y Roberto, comprenderán de la mano de su tutor que adaptarse al momento y a las personas es parte del entrenamiento para ser mayor con garantías de éxitos; encajar las obsesiones de sus profes es adaptarse para la vida; hacer de lo distinto algo fructífero es encarar el siglo XXI como lo que es: un siglo marcado por la flexibilidad, el cambio continuo y la disparidad.

Santiago es un tutor que

sabe lo que se hace

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Tiene una trayectoria de más de veinte años en órganos de gestión, dirección y decisión, pero, sobre todo, con una opción personal decidida por la educación al margen de lo educativo. Eso es lo que él llama educación divergente.
Crítico con el sistema educativo actual y con los principios metodológicos habituales, aboga por la educación entendida como acompañamiento, superando la mera instrucción y militando la inclusión, la emoción y los vínculos como marcos imprescindibles para educar. En colegios, sí; en aulas, sí; en la realidad que tenemos, sí. Pero con otras claves.
Licenciado en Historia por la Universidad de Deusto, ha impartido clases en esta misma institución durante trece años, tanto en Filosofía y Letras como en el Instituto de Estudios de Ocio, en equipos de docencia y con alumnado de diferentes edades, sensibilidades y procedencias, como reflejan su paso por CIDE (alumnos de universidades de USA). Asimismo, lleva casi veinticinco años como profesor en Enseñanzas Medias, desarrollando su labor como docente en Bachillerato y ESO, así como en Proyectos de Refuerzo Educativo Específico y Diversificación Curricular, además de ocupar puestos de responsabilidad en Dirección. Formado en innovación metodológica, lleva varios años colaborando activamente con Innovación Educativa del Gobierno Vasco (Berritzegune), con la agencia vasca de calidad Euskalit (en donde ha sido evaluador en procesos de gestión integral) y con centros educativos en los que requieren su asesoría.
Alvira cree en los vínculos como herramienta educativa, entendiendo que el currículo es la excusa para ayudar a cada alumno a desarrollar sus capacidades. Habitual de foros, cursos y encuentros, el valor añadido de Alvira es su capacidad para comunicar, reconocido como orador, su fuerza está en la pasión con la que transmite, algo que queda igualmente patente en su faceta como escritor, con varios best-sellers en su haber y su reciente “La Novela de Rebeca” (Ediciones-B) presente en España y Latinoamérica.