MOTIVO

‘El motivo que nos lleva a la acción’

«A estos jóvenes de hoy no les importa nada», «están desganados», «nada les gusta, nada les llama la atención, no tienen aspiraciones».

Éstas y tantas otras afirmaciones inundan las conversaciones sobre los jóvenes en la actualidad. Decenas de padres aseguran que sus hijos están pasando por una mala etapa, que «están desmotivados». ¿Cómo se recupera el entusiasmo en estos casos?

Para empezar, resulta verdaderamente esencial plantearnos qué entendemos por motivación. Cuando preguntamos esto, por ejemplo, a padres o docentes, las respuestas suelen reflejar que, para ellos, existe una clara sinonimia entre motivación y ganas. En cambio, si nos remontamos al origen etimológico de la palabra en sí, encontramos que deriva del latín motivus o motus, que significa ‘causa del movimiento’, el ‘motivo que nos lleva a la acción’.

Esto nos indica que motivación no es sentirse efusivo y deseoso de llevar a cabo determinadas tareas, sino llevarlas a cabo porque conozco el motivo o porqué de emprenderlas. (Dejaré mi opinión sobre el sistema educativo «en el banquillo» esta vez para ajustarme a la situación actual).

Resulta por esto imprescindible comenzar a trabajar con hijos y alumnos la búsqueda de sus porqués, ayudarles en la ardua tarea de reconocer lo que les mueve para hacer algo:

¿Estudio porque deseo llegar a ser un gran experto en marketing?

¿Hago deporte porque sé que le reporta beneficios a mi salud?

¿Leo porque me gusta?

¿No leo porque quizás no me gusta, o porque no he encontrado mi libro ideal?

UNA BASE SOBRE LA QUE CONSTRUIR

Cuando les resulte complicado dar con los motivos de su ocupación, es una gran idea animarles a encontrar los beneficios que le podría estar reportando. Ante el famoso «estudio porque me obligan, no me gusta», podemos formular una estupenda pregunta: «y, ya que lo tienes que hacer, ¿crees que podrías estar aprendiendo algo o creciendo de alguna forma?».

Está claro que los jóvenes no van a disfrutar más del estudio o de otras obligaciones por conocer sus motivos para ponerse en marcha, sin embargo, esto les regala una base sobre la que construir.

En segundo lugar, Una vez logrado esto, hemos de prestar atención a la segunda parte de la definición de motivación: la acción. Esta es, en mi opinión, la parte esencial.

No recomiendo hablarles de la «dureza de la vida» ni de un enorme sacrificio, eso asusta y, sobre todo, engaña porque en ningún caso es realidad, solo un punto de vista. No obstante, a los jóvenes hay que hablarles sin pudor de trabajo, de movimiento, de voluntad.

Existe una creencia muy extendida que dice que con ganas se hacen las cosas, y olvidamos que, haciendo cosas, no siempre las ganas, pero sí la satisfacción llegan solas. Me gusta recordarles a los jóvenes que sus ídolos no siempre tienen ganas de grabar películas, jugar partidos o lucir impecables, pero eso no impide que lo hagan.

No todos los días apetece hacer incluso aquello que nos apasiona y esto no es motivo suficiente para no hacerlo. Si esperásemos a que cada pequeño paso nos apeteciese, no terminaríamos nunca nada. Hay pequeños precios que pagamos o pequeños momentos que sacrificamos por algo más grande, eso no es negativo, se llama arriesgar y, en definitiva, crecer. Y, paso a paso, sin prisa, pero sin pausa, sin expectativas precipitadas los resultados irán llegando.

AUTOESTIMA Y RESILIENCIA

Conocer las fortalezas y aceptar los límites

Por último, hemos de tener en cuenta dos factores que quedan directamente reflejados en el interés que vemos: la autoestima y la resiliencia. Cuanta mejor autoestima tenga un adolescente, mayor voluntad mostrará en su labor. Creer en uno mismo, conocer las fortalezas propias y aceptar los límites amplía las posibilidades de intentar y trabajar por algo, ya que se asume más fácilmente que se puede. Por otro lado, entrenar la habilidad de sobreponerse tras momentos clave y reconocer en ellos, la oportunidad en la adversidad aumenta las posibilidades de valorar como retos y aprendizajes las tareas, en lugar de verlas como obstáculos.

Hablar de adolescentes y jóvenes desmotivados, al fin y al cabo, es reconocer que no estamos aportando en ocasiones las herramientas vitales que requieren para superar su día a día. Sin entrar en hasta qué punto se responsabilizan o no ellos mismos, hay una labor educativa de acompañamiento que nos compete y en la que tenemos mucho por hacer.

¿Nos sumamos a la reflexión?

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Orientadora de vida y futuro juvenil. Especialista en adolescentes. Madrileña licenciada en Filología Inglesa. Apasionada del mundo de la Educación y el Talento. Máster en Neuropsicología, Inteligencias Múltiples y Mindfulness para jóvenes y adultos. MentorCoach. Formación continua en Inteligencia Emocional, Oratoria, Emprendimiento, Coaching o PNL. Conferenciante y formadora. Actualmente, trabajando el Liderazgo Emocional con las personas para transformar sus vidas y con su propio método para orientar adolescentes de forma que consigan tomar decisiones responsables y de calidad sobre sus vidas personales y sus futuros profesionales. Cree firmemente en la felicidad y en el potencial humano a cualquier edad: “Nunca se es pequeño para soñar en grande”.