Qué bien suena aquello de la Inteligencia Emocional, tan mencionada, buscada y aludida en estos tiempos que corren. Gana terreno el saber reconocer, aceptar y gestionar emociones para hacer la vida de uno más sencilla y auténtica.

No obstante, cuando este tipo de información llega a un profesor de Secundaria casi inmediatamente surge la pregunta:

¿y cómo aplico yo esto en mi día a día?

¿Cómo gestiono emocionalmente un aula llena de adolescentes donde las emociones son tan diversas?

Lo primordial sobre la Emoción en el aula es aceptar que no es ni será nunca uniforme y homogénea. La clase está formada por un número de entre veinte y treinta personas con diferentes creencias, contextos y maneras de gestionar sus vidas, incluido el profesor.

Por tanto, lo primero y más importante es la aceptación. Si ponemos nuestro foco en esforzarnos porque eso cambie perderemos el tiempo, los nervios y hasta la vocación.

Es esencial distinguir después entre dos partes: la emoción del profesor y las emociones de los alumnos. No hemos de olvidar que el trabajo como docentes o educadores se limita a aquella parte del trabajo que SÍ depende de nosotros. Es decir, no podemos responsabilizarnos de lo que un alumno consiga o no consiga una vez hemos dado nuestro 100%.

Partiendo de este punto, la emoción del educador es clave. Puede partir de una sencilla pregunta. Teniendo en cuenta que las emociones básicas son alegría, tristeza, miedo, asco, sorpresa y enfado, «en la mayor parte del tiempo ¿desde qué emoción educo en el aula?». La respuesta ya te va a aportar pistas. Has dado el primer paso, has reconocido tu emoción. Da igual cuál sea, no es buena ni mala, sino provechosa o no. Vuelve a preguntarte «¿qué necesito para que sea esta otra emoción? Y, para ello, ¿qué puedo hacer que sí depende de mí?». Llegado a este punto comenzarás a generar ideas para gestionar esa emoción: puedo relajarme más y mejor, puedo focalizarme 100% en la clase para no dejarme influenciar por ámbitos externos, puedo comenzar a poner límites, etc.

Respecto a las emociones de los alumnos adolescentes, no hay que olvidar que son ellos mismos quienes las sienten y deben aprender a gestionarlas. Entonces, el papel de profesor será el de facilitarles a estos alumnos herramientas para gestionar sus propios estados emocionales: ayudarles a reconocer emociones (propias y en textos, vídeos, compañeros o similares), transmitirles la importancia de la aceptación y acompañarles en su proceso de gestión emocional mientras descubren qué les ayuda o podría ayudar a modular su intensidad.

Cualquier tutoría o momento será bueno para ello. De esta forma, crecerán personalmente cada uno de los miembros de la clase generando un ambiente sano, empático y social y educativamente rico.

Lo primero siempre son las personas y si están

aprendiendo a vivir, nuestra prioridad absoluta

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Orientadora de vida y futuro juvenil. Especialista en adolescentes. Madrileña licenciada en Filología Inglesa. Apasionada del mundo de la Educación y el Talento. Formación continua en Inteligencia Emocional, Mentoría, Oratoria, Emprendimiento, Coaching, Mindfulness o PNL. Conferenciante y formadora. Actualmente, trabajando con su propio método para orientar adolescentes de forma que consigan tomar decisiones responsables y de calidad sobre sus vidas personales y sus futuros profesionales. Cree en la felicidad adolescente y en su potencial: “Nunca se es pequeño para soñar en grande”.