El otro día estuve hablando con un maestro de esos de verdad, del que tuve la suerte de disfrutar de sus enseñanzas como alumno y posteriormente como compañero, porque los docentes de los compañeros aprendemos mucho. Reflexionamos sobre actitud, compromiso,  innovación, miedos…  Términos de los que se habla mucho cuando nos referimos al sistema educativo, pero se valora poco.

Los docentes en muchas ocasiones solemos echar la culpa al sistema de los males de la educación. La carencia de medios informáticos, de libros de texto, de espacios e incluso de personal docente en los centros son algunos de nuestros argumentos preferidos.

Pero hablando con mi “maestro”, nunca mejor dicho, llegamos a una conclusión y es que al final los medios no son lo importante, lo importante es la actitud y la vocación.

En la sociedad actual en la que tenemos acceso a todo o casi todo, desde la enseñanza gratuita, libros de texto, comedor, etc, nos damos cuenta de que el abandono escolar no ha sufrido un descenso considerable con respecto a otras épocas.

Según datos del Ministerio de Educación el abandono escolar temprano se situó en el primer trimestre de 2017 en un histórico 18,5% la mejor media móvil que se logra en la historia de España, según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA).

La media móvil disminuye 0,5 puntos respecto a la del trimestre anterior que corresponde al dato anual de 2016 cuando se situó en el 19%.El abandono escolar temprano continúa siendo mayor en los hombres que en las mujeres en las mujeres.

En lo que se refiere a la evolución del abandono por Comunidades Autónomas, Canarias no está entre las primeras, pero sí entre las que ha obtenido mejoras más significativas junto a Ceuta y Melilla conjuntamente (-6,0 puntos), La Rioja (-5,6 puntos) y Canarias (-4,9 puntos).

A pesar de los medios, continúa habiendo abandono, aunque se vea que a la baja. Hablando con mi “maestro” llegamos a una conclusión clara, uno de los problemas es la falta de vocación de muchos docentes –entre otros, claro está–. Estudiantes brillantes que escogen una carrera por las vacaciones, el sueldo o el prestigio social y donde es la nota la única llave de acceso para poder entrar en esa facultad.

Pero lo que pasa con los maestros pasa con los médicos. ¿O ustedes creen que por tener los mejores currículos en bachillerato, tendremos a los mejores médicos del futuro?

Estamos equivocados y de eso

los propios médicos saben mucho

Hablando días atrás con un amigo jefe de servicio de uno de los hospitales más importantes del archipiélago me decía contundentemente: “cuando vienen MIR (Médicos Internos Residentes) al hospital, antes de que lleguen podemos tener una idea de qué médico puede ser, por la nota”.

Yo pensaba que me iba a decir que a mejor nota, mejor médico, pero fue al contrario, a número de MIR más bajo, mejor médico. Y su explicación fue muy clara:

«Un alto porcentaje de estudiantes, se hacen médicos por su capacidad de estudio, pero no se valora la vocación, el talante, las habilidades sociales, la empatía, la amabilidad, la solidaridad, etc., aspectos tanto o más importantes que la capacidad de sacar una nota más alta».

Mientras los médicos y los maestros en España accedan a las facultades por la nota, mal lo llevamos. Porque tendremos a los estudiantes más brillantes, por nota, pero no a los futuros mejores profesionales en la rama, porque hemos dejado de valorar otras capacidades que quizás si las pusiéramos en valor, muchos de esos estudiantes que se han quedado en el camino con la ilusión de ser médicos o maestros y no llegar por la nota, todo cambiaría.

Con esto no quiero decir que metamos en el mismo saco a todos estos profesionales de la medicina y del magisterio, sino que, quizás, es el momento de plantearnos la manera de acceder a la universidad de manera más justa y acorde al perfil profesional que se va a desempeñar.

Los medios no son lo importante,

lo importante es la actitud y la vocación