NATURALEZA

El físico nuclear Enrico Fermi quiso al principio ser naturalista. Pero le fascinaba la simplicidad y eso le ganó para la investigación en física fundamental. Se le atribuye, sin embargo, una frase pronunciada al cabo de muchos años que es más o menos así:

«Si llego a saber que salen tantísimas partículas fundamentales en los aceleradores, para eso ya me hubiera dedicado a la botánica».

Los científicos son dados a las frases humorísticas, pero ésta tiene su miga. Revela la relación que tenemos con el mundo real y con el saber. Una amiga me dijo una vez que la ciencia consiste en poner puertas al campo y me pareció una metáfora muy fructífera. No estaría mal: una puerta con el rótulo «río»; otra con la leyenda «macizo granítico»; una tercera «bosque de hayas».

REGLAS Y EXCEPCIONES

Si luego encontramos en él una encina podemos decir que es una excepción. Las manos siempre tienen cinco dedos excepto cuando tienen seis. Obviamente, no iremos explicando a los niños que las manos pueden tener cinco o seis dedos porque una vez de cada millón o diez millones se dé este último caso. Sin embargo, creo que hay una pedagogía de las reglas y, también, una pedagogía de las excepciones y sus razones.

Hay dos tipos, entre otros muchos, de espíritus científicos: los normativistas y los coleccionistas. A unos les fascina lo regular, lo que siempre se cumple, el campo bien compartimentado. A otros les motiva lo diferente, la infinita variedad y creatividad de la naturaleza. En realidad, nunca están separados del todo… excepto a veces en la escuela.

Una pedagogía basada en libros de texto será más tributaria de la regla, la clasificación estanca. El «texto» no es fácilmente ampliable y crea –en sí mismo– una sensación de completitud, de que nada queda fuera. Y sabemos que es falso, aunque lo usamos por comodidad.

De eso ha hecho una editorial bandera con su serie de libros «Esto no venía en mi libro de…». Los coleccionistas tampoco son el ideal, yo diría que Fermi odiaba ese espíritu, aunque entendiera que la simplicidad de unas reglas básicas expresada en un mundo extenso produce una variedad de posibilidades enloquecedora que da para toda clase de compendios siempre inacabados, siempre incompletos.

VÉRTIGO

A veces, salir al campo o al bosque e intentar explicarlo da vértigo. Por eso vamos pertrechados con reglas muy estrictas: hay hierbas, plantas, arbustos y árboles. Bueno, también están los musgos, los helechos, los hongos y los líquenes. Las plantas tienen raíz, tallo y hojas y, en una época se visten de flores para reproducirse y la flor se compone de… . Las clases y los esquemas son necesarios, pero no nos previenen de las confusiones y las mixtificaciones. Porque todas las clases, aquello que puede ponerse en ficha, en el mundo está en realidad en movimiento y unas cosas se transforman o se mezclan con otras o invaden su espacio, o se disfrazan, o copian a la competencia o al socio.

Hay dos formas de explicar la naturaleza que no son excluyentes, que para los naturalistas se complementan: la de Linneo y la de Humboldt. Mejor la de Darwin. La Naturaleza en catálogo y la Naturaleza en proceso. Mejor, la Naturaleza a por la excepción: simulación, parasitismo, simbiosis, trampa.

TRASTO INCÓMODO

El profesor amante de seguir libros de texto con sistema suele tender más a lo primero. Los amantes de los proyectos al segundo. El editor «de texto» esforzado intenta ofrecer variedad dentro de su producto único, pero siempre verá que «la vida se le abre camino» más allá de sus posibilidades. El profesor hará lo que quiera, pero sus materiales han de ser diversos. Y, en cualquier caso, un libro de texto siempre será un trasto incómodo tanto en el campo como en un laboratorio.

Si la realidad es cambiante y diversa, los materiales han de ser también cambiantes y diversos. Las puertas del campo (metafóricas) tienen su utilidad, pero hasta ellas han de ser diversas según lo que encierren. Pero como el campo también tiene historia y algún día apareció un niño con seis dedos que causó impresión en el mundo, necesitamos narraciones.

El libro de texto fue muy necesario en el principio, cuando Comenius intentaba establecer una escuela para todos en un mundo estrecho, pobre y ciego, con un libro para sintetizar el mundo. Pero ya hemos superado ese estadio y aprender más todos no significa un material individual idéntico. El manual debe evolucionar, socializarse y convertirse en:

Esquemas de lo regular que pueden venir en LÁMINAS de trabajo.

Catálogos de lo principal que pueden venir en FICHAS de clasificación.

Historias de la naturaleza que pueden venir en LIBROS de divulgación.

Además de:

Instrumentos de medición, catalogación y observación de toda clase.

Por lo demás, la Naturaleza no pide a los niños y jóvenes que la estudien sesudamente. Sólo quiere que la conozcan, la respeten y hablen de ella. Si llegan a amarla, entonces tal vez se dediquen a la Botánica y no le harán ascos a un libro de texto. Quizá Fermi, renacido, sea uno de ellos.