DE CERO A TRES

Estamos estrenando gobierno en Canarias y hemos leído a través de la prensa que la Consejería de Educación trata de impulsar la enseñanza de 0 a 3 años como una prioridad para completar todas las etapas y como herramienta fundamental para las familias monoparentales y la conciliación laboral.

También hemos escuchado que se está trabajando por la flexibilidad horaria de los empleados públicos, donde se amplían los supuestos para obtener permisos. Al hilo de esto, me gustaría que tuviéramos en cuenta la Ley Canaria de Educación en su artículo 29, que se refiere a la educación infantil, donde se afirma que:

«Las administraciones públicas promoverán un incremento progresivo de la oferta de plazas públicas en el primer ciclo. Asimismo, coordinarán las políticas de cooperación entre ellas y con otras entidades para asegurar la oferta educativa en este ciclo. A tal fin, determinarán las condiciones en las que podrán establecerse convenios con las corporaciones locales, otras administraciones y entidades privadas sin ánimo de lucro».

El punto 10 de esta misma Ley afirma que:

«De acuerdo con lo que establezcan las administraciones educativas, el primer ciclo de la educación infantil podrá ofrecerse en centros que abarquen el ciclo completo o una parte del mismo. Aquellos centros cuya oferta sea de al menos un año completo del citado ciclo deberán incluir en su proyecto educativo una propuesta pedagógica».

Tal y como está estructurado nuestro Sistema Educativo, y con el estado, a nivel de infraestructura de los centros, se me antoja harto difícil integrar en los colegios públicos, al menos en la mayoría, a los niños de entre 0 y 3 años.

El primer problema con el que se va a encontrar nuestra consejería es que la mayoría de centros educativos canarios tienen una antiguedad media de más de 30 años, con infraestructuras obsoletas y con grandes problemas de accesibilidad.

Los niños de estas edades donde deben estar es jugando el mayor tiempo posible, y si es cerca de sus padres mejor. Por ello, antes de crear nuevas infraestructuras para albergar esta franja de edades, que tendría que crearlas y eso  implica tiempo y dinero, habría que promulgar políticas de conciliación  familiar al estilo de las que se llevan a cabo en países nórdicos.

Propondría a nuestra consejera que se estudie la creación, como en Dinamarca, de una Comisión para la Conciliación de la Vida Familiar y Laboral, donde se impulsen medidas reales de conciliación familiar y no sólo en adaptar la jornada laboral semanal de tal forma que el trabajador se pueda ausentar del puesto de trabajo al inicio o al final de la jornada a cambio de compensar las horas otro día o en «escolarizar» a los niños desde los primeros meses de vida, ya que es en esta etapa donde más tiempo debe estar con sus padres y familiares y no en otros ambientes, aunque sean educativos.

No es fácil, lo sé, pero deberíamos aprender de Dinamarca, donde se aplica además otra  propuesta para hacer más flexible la vida laboral, lo que denominan el «fondo flexible» que permite el disfrute de un período largo sin actividad laboral, mientras los niños sean pequeños, eligiendo a cambio el aplazamiento de la jubilación por ejemplo.

En Galicia, por ejemplo, hay otra experiencia que me encanta, y que se han puesto en marcha hace muy poco tiempo, lo que se denominan casas-nido u hogares de crianza, un proyecto piloto que se basa en la idea de las madres de día de Montessori y donde profesionales de la educación ofrecen en su propio hogar un servicio de cuidado a niños menores de tres años en grupos reducidos, no más de cinco, ofreciendo un ambiente muy familiar atención personalizada.

Estas y otras medidas, que habría que estudiar, podrían ser viables de aplicar, a nivel profesional, para los padres; y, a nivel educativo, en lo referente a los primeros años de vida escolar de los niños y niñas, y que deberían ser fundamentales para su desarrollo; ya que configura sus habilidades psicomotoras, cognitivas, lingüísticas, emocionales y sociales.

No hay que olvidar que la franja de edad entre 0 a 3 años el aprendizaje es inconsciente y un ambiente familiar agradable, tranquilo y donde pueda ser estimulado de manera temprana es un pilar básico para su desarrollo.

EN TIERRA DE NADIE

Porque con lo que sí que estoy de acuerdo es con que esta etapa de 0-3 ha estado un poco en tierra de nadie y los centros municipales y privados en su mayoría carecen de proyectos educativos, convirtiéndose en guarderías más que en escuelas infantiles.

La realidad  que tenemos en España es una vida laboral muy intensa, donde trabajan los dos cónyuges, con un poco de suerte, y en muchas ocasiones «tratamos de colocar» a los niños con los abuelos, algún familiar o en la guardería más cercana, sin estudiar el proyecto educativo, y lo peor de todo, en muchos casos proyectos educativos obsoletos que no son supervisados por las administraciones competentes, entre las que hay un «toma y daca» de competencias tratando de eludir responsabilidades.

La Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño (1989), establece que:

«La educación a que tiene derecho todo niño es aquella que se concibe para prepararlo para la vida cotidiana, fortalecer su capacidad de disfrutar de todos los derechos humanos y fomentar una cultura en la que prevalezcan unos valores de derechos humanos adecuados».

Por lo tanto, habría que reestructurar el concepto de guardería que tenemos hoy en día con el de escuela infantil y cuyo objetivo, como bien subraya Naciones Unidas:

«Es habilitar al niño desarrollando sus aptitudes, su aprendizaje y otras capacidades, su dignidad humana, autoestima y confianza en sí mismo».

En este contexto afirma también que «la educación» engloba un amplio espectro de experiencias vitales y procesos de aprendizaje que permiten al niño, ya sea de manera individual o colectiva, desarrollar su personalidad, dotes y aptitudes y llevar una vida plena y satisfactoria en el seno de la sociedad.

DESDE EL PRIMER CICLO DE INFANTIL

Y, con esto último, es con lo que quiero concluir, ya que la educación es más que una «escolarización oficial» y lo que habría que buscar son marcos donde nuestros niños y niñas puedan vivir experiencias, desarrollar su personalidad y formarse, poco a poco, para la vida futura.

Sentar los pilares de la vida escolar futura. Quizás, como dice la propia Ley Canaria de Educación habría que estudiar primeramente los acuerdos con los ayuntamientos para lograr un incremento progresivo de la oferta de plazas públicas en el primer ciclo y coordinar políticas de cooperación entre ellas y con otras entidades para asegurar la oferta educativa en este ciclo a través de convenios.

Lo mejor es que moderemos las fuerzas y dediquemos los esfuerzos, primeramente, a mejorar lo que tenemos, para, poco a poco, y a modo de pilotaje, ir creando centros potentes con proyectos educativos interesantes y liderados por profesionales innovadores y que tengan la idea de continuidad, desde el primer ciclo de Infantil hasta el Bachillerato.