Desde mi modesta experiencia personal como docente, quizá uno de los momentos más determinantes ha sido aquel en el que decidí desvincularme del aula para observarla desde fuera, sin el horizonte apabullante, y muchas veces cegador, que otorga el día a día y sus innumerables quehaceres en la misma, sobre todo, administrativos, desafortunadamente…

En este sentido, creo que la experiencia de «emanciparse» del aula es enormemente feraz porque, teniéndola presente continuamente, dedicado ahora a la formación de profesorado, aprendes de ella mucho más de lo que esperabas, básicamente porque cuentas con tiempo para reflexionar, buscar las fuentes más sólidas que explican los complejos procesos que siempre se dan en el aula, compartir, conocer otras realidades de aula, etcétera. En definitiva, tienes tiempo para formarte, desdichado el panorama español en la formación inicial del profesorado…

Curiosa la paradoja que esta parte del viaje a Ítaca nos ofrece en este recoveco del camino…

FORMACIÓN

Antes de meternos de lleno en el tema que nos ocupa hoy, queremos subrayar que iniciamos con éste una senda de cuatro artículos en los que nos proponemos analizar el posible impacto en las aulas de la formación del profesorado. Damos comienzo a ello desde la perspectiva de la formación que antes citábamos, de cómo se vive y se prepara esta singladura.

Se intenta siempre que la formación se desarrolle dentro de un encuadre específico, acorde con las necesidades reales de aquellos que deciden formarse, principalmente en un contexto que abarque a la totalidad del claustro de un centro (momento de risas enlatadas…) o, al menos, a una parte significativa del mismo. De hecho, pensamos que esta debería ser una de las condiciones imprescindibles en todo tipo de actividad formativa.

Queremos centrarnos ahora en lo que realmente se persigue con la formación, y que de forma tan brillante se refleja en este vídeo que les invito a ver para que puedan deleitarse durante los 20 minutos que dura; si no les pillase bien de tiempo, pueden pasarlo hasta posicionarse en el minuto 17; de ahí en adelante es puro oro molido.

 

 

¡Ojos brillantes!

Shiny eyes!!

Efectivamente, a los ojos ilusionados que se despiertan en el aula, a ese maravilloso fenómeno, dedicamos gran parte de nuestros empeños, ya que son la meta decidida de nuestro diario proceder: trabajamos para despertar esos ojillos inquietos que no quieren clases aburridas,  enlatadas y encorsetadas, sino amanecer a un aprendizaje que les dé garantías para una vida fortalecida por conocimientos funcionales para su vida. 

En eso estamos. Y somos muchos y muchas, dentro y fuera del aula, que conste.

En numerosas ocasiones, no somos testigos de ese despertar; sólo percibimos atisbos de ello, imaginados, tras charlar con docentes que han tenido el privilegio de asistir a tan espléndido acontecimiento. Hace poco una brillante profesora de matemáticas me comentaba cómo un alumno con una cierta etiqueta despertaba en el aula cuando, en el marco de una tarea bien diseñada de aprendizaje cooperativo, se dio cuenta, junto con sus compañeros, de su enorme potencial personal y grupal.

Menudo regalo de ojos brillantes que sólo pude saborear y recrear en mi imaginación…

Por suerte, son momentos intensos que saboreamos con la mayor de las alegrías.

Nuestro propósito, nuestro reto es llegar así a mucho alumnado. Es verdaderamente electrizante imaginar el potencial impacto de nuestro trabajo como formadores si pensamos en la cantidad de alumnado que hay en torno al profesorado que decide formarse para mejorar su práctica docente. Como bien comenta una experta profesional de la formación de mi ámbito de trabajo, nosotros, las formadoras y formadores, somos como ese piloto que con su avioneta fumiga de semillas hectáreas de terreno que, posteriormente, trabaja y potencia con su trabajo esmerado el profesional en su aula.

No debemos engañarnos: aquellos que estamos en esto, pero sin presencia cotidiana en el aula, somos una rara avis que en numerosas ocasiones –¡ay, son demasiadas!– está mal vista por el profesorado, lástima de la desconfianza del profesorado en torno a nuestra labor. Sin embargo, tenemos el honor de trabajar con el reto de dejar huella en aquellos docentes que apuestan por seguir aprendiendo a hacer un mejor trabajo en sus aulas.

Todo un lujo contribuir, o al menos intentarlo, a un curriculum vitae personal, salteado  de innúmeras huellas que dibujen un espléndido panorama de innovación en el aula.