Los medios de comunicación nos tienen muy mal acostumbrados. Sus historias sobre jóvenes, en versión negra (informativos), en versión rosa (publicidad), además del formato sexista, están muy presentes en la narrativa mediática. Unos relatos que simplifican, banalizan y distorsionan la realidad de la juventud, que es diversa y compleja.

La crónica negra sobre los jóvenes, de modo particular en los informativos (asociados a violencia, drogas y paro), son una viciosa repetición, como han expuesto en diferentes estudios del CAC y otros que desmontan la “repetida generación ni-ni”, como recoge el INJUVE .

La crónica rosa funciona muy bien en las series juveniles y la publicidad con el embalaje del “cuerpo diez”, personajes populares y siempre triunfadores. Si observamos como describen los medios los usos que hacen los jóvenes de la tecnología digital, vemos un discurso doble. O bien se asocian estas prácticas a una pérdida de tiempo, abusos o dependencias, aislamiento y trastornos educativos y sociales. O bien, enfatizan la figura juvenil del “nativo digital”, competente en el uso de cualquier escenario virtual, dotado de una alfabetización natural para resolver cualquier tipo de conflicto y expectante ante el último dispositivo móvil.

Son discursos que obedecen a un paternalismo moral y del mercado. Moral, porque mientras los jóvenes son vulnerables y frágiles, o si sólo buscan bronca o litrona, necesitan las medidas proteccionistas o sancionadoras de la sociedad que perpetúa su sistema y su control. Mercantilista, porque mientras el eslogan siga siendo que “lo bueno es lo nuevo”, los jóvenes sólo interesarán como mercado al que le dirigen los productos tecnológicos para su consumo.

Las pantallas nunca tuvieron buena prensa, los jóvenes tampoco, los usos que éstos hacen de las pantallas o bien explotan la fascinación de la tecnología o bien los convierte en víctimas que necesitan socorro. Ni los padres y madres, ni los educadores, ni los propios jóvenes necesitan estas simplistas representaciones.

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Una investigación más corrobora que los medios no se enteran o no se quieren enterar de quiénes son los jóvenes. El estudio “La imagen de los/las adolescentes en el prime time televisivo” nos facilitan los siguientes destacados:

El colectivo adolescente ha sido tradicionalmente excluido de la investigación en comunicación a pesar de que la etapa adolescente es una de las más complejas y fundamentales en la construcción de la propia identidad

Los y las adolescentes, la adolescencia, no son prioritarios en la construcción del prime time español, representan menos de un tercio del total de la emisión televisiva en ese horario

El colectivo adolescente se ha convertido en parte del decorado de los productos de ficción, es un personaje sin voz ni acción que mayoritariamente complementa las acciones de terceros o simplemente observa, como espectador pasivo, qué sucede en las tramas narrativas en las que está involucrado

En informativos el/la adolescente es prácticamente invisible, menos de un 3% de la emisión de noticias en total, no existen como protagonistas de la información y se limitan a aparecer casi como objetos en las imágenes retransmitidas, y cuando aparecen están directamente relacionados con noticias de espectro negativo

En una primera aproximación al análisis del discurso del macrogénero publicidad se identifican tres imágenes concretas que reflejan al colectivo adolescente: la imagen del conflicto generacional; la imagen de su personalidad (básicamente de rebeldía y situación asocial); y la de colectivo unido por encima de cualquier circunstancia como grupo social diferenciado al resto (aunque realmente responda a estereotipos y roles genéricos a cualquiera de los otros grupos).

Es decir, el relato que construye la televisión de los jóvenes es una crónica negra (versión informativos) o una crónica rosa (versión publicidad).

¿Están los y las jóvenes satisfechos con esta imagen?

¿Cuántas veces sus inseguridades y dudas, sus ansiedades y frustraciones, sus pasiones y desvelos, sus subidas y bajadas, son debidas a cómo se ven y los ven? El maltrato sutil es un sugerente relato en el que la tensión entre lo interno y lo externo chocan como dos trenes de alta velocidad. Alcanzar la perfección física se ha convertido con frecuencia en un sueño imposible, donde no sólo, pero sí también, la moda y la dictadura de la imagen son sustanciales.

Las representaciones mediáticas construyen unos modelos y unos estereotipos juveniles que falsean, simplifican e impiden reflejar su pluralidad, diversidad y riqueza. A continuación tenemos una buena galería de ejemplos  No es fácil la aventura.

Ser Uno Mismo

Hace un tiempo disfrutamos de la ponencia impartida por los profesores Carlos Fanjul y Cristina González de la universidad Jaume I de Castellón: “Influencia de los estereotipos somáticos y publicitarios” en el marco de la ética publicitaria con los alumnos de cuarto de Periodismo de la universidad de Zaragoza.

Comenzaron desgranando los códigos no verbales que componen nuestra comunicación y que la publicidad explota en su máxima expresión. Códigos kinésicos (movimiento), proxémicos (espacio), del entorno, cronémicos (tiempo), paralenguaje (tono, timbre, pausas), aspecto físico, artefactos, comunicación háptica (táctil), olfativa y visual, forman el conjunto de la comunicación no verbal, que imprime e impone unos estímulos poderosos a la percepción, que la escuela de la Gestalt  tiene muy bien estudiados. Este conjunto de códigos construyen un entorno comunicativo que decide en gran medida las relaciones humanas.

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El concepto de belleza ha ido evolucionando con el paso del tiempo y la historia, desde diferentes áreas curriculares se ha trabajado mucho y bien este tema, pero quisiéramos destacar el ámbito lingüístico. Por tanto, entendemos este canon de representación como una construcción que obedece a un contexto cultural, a unas representaciones y a unos intereses concretos, siempre cambiantes, en permanente mutación. Hasta que hemos llegado al siglo XXI en el que “el carpe diem, hedonismo, individualismo y materialismo” como indican los ponentes, es la norma.

La imagen corporal idealizada se construye sobre “el buen cuerpo” que sintetiza el éxito en todos sus sentidos (social, sexual, político (poder), económico, estético). Los medios de comunicación son su ritual, y la publicidad su altar. En las mujeres, el estereotipo dominante refleja una actividad física y unos cuidados que proponen una delgadez extrema. En los varones, el estereotipo aceptado fomenta el desarrollo y la tonificación muscular.

La publicidad presenta el “cuerpo perfecto” simbolizado con esbeltas y delgadas mujeres, y depilados y esculturales hombres. Son estereotipos que responden a criterios mercantilistas, pero no saludables.

En este sentido la publicidad se convierte en laboratorio de frustración, pues provoca deseos insatisfechos en búsqueda del cuerpo 10. Pero el encuentro con el espejo se convierte, en muchas historias vulnerables, en una maldición.

Hasta hace sólo unas décadas, no apareció el estereotipo masculino en la publicidad, debido a los cambios sociales, provocados por la sociedad de consumo (ahora en crisis) y la aceptación social de la homosexualidad.

Aparece una nueva psicopatología que deriva en cuadros obsesivos-compulsivos. Los usuarios se ven carentes de cualquier atractivo físico. Irrumpe la vigorexia: obsesión por el culto al cuerpo, en hombres jóvenes, de 18 a 35 años y que se manifiesta en la potenciación y desarrollo muscular. Que responde a factores multicausales (sociales, interpersonales e individuales) pero que denotan una importante falta de autoestima. Con un grave riesgo: el consumo de esteroides y anabolizantes, que aceleran el crecimiento del músculo, pero destrozan los órganos internos.

Anorexia, como la suscitada por comentarios de celebridades como Ladi- Gagá y vigorexia son dos lacras de la sociedad del consumo. La primera enseguida enciende la alarma, porque exhibe deterioro del cuerpo y asoma la enfermedad. En cambio, la segunda, al inicio provoca la admiración, pero a medio y largo plazo mata por dentro. Un buen semáforo para tener en cuenta los educadores, agentes sanitarios y comunicadores.

No todo puede valer en publicidad. Existen unos códigos de regulación, una constitución que señala los derechos del ciudadano, de los menores, de la mujer. La publicidad tiene unos límites que hay que respetar y que a todos nos afectan. Publicistas, comunicadores, padres y madres, educadores, sanitarios y políticos.

Abrimos el foro y el debate con el siguiente decálogo del CAC que busca ofrecer una representación más diversa, más real, más compleja y menos banal de la juventud.

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PUNTOS

1

Evitar las simplificaciones y los estereotipos cuando se informa de las personas jóvenes.

2

No tratar a las personas jóvenes como un colectivo homogéneo, sino teniendo en cuenta la diversidad.

3

Valorar en cada caso si es relevante informar sobre la condición de joven del protagonista de la noticia, sobre todo, cuando el hecho connota negatividad.

4

Evitar culpar a las personas jóvenes de los poblemas o de las conductas sociales de las cuales no son directamente o únicamente responsables.

5

Documentar las fuentes de información sobre las personas jóvenes, contextualizando los problemas y las realidades específicas.

6

Prestar especial atención a los problemas estructurales que afecten a las personas jóvenes.

7

Respetar el derecho a la intimidad, a la imagen y a la dignidad de las personas jóvenes.

8

Dar voz y acceso a los medios de comunicación a los colectivos juveniles implicados socialmente.

9

Utilizar las personas jóvenes como fuente informativa en las noticias en las que son protagonistas, pero también en otras de interés general.

10

Potenciar los productos y los espacios informativos creados y realizados por personas jóvenes.


José

Carmen

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