Yo guío a personas, no amaestro monos.

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Dice la RAE que amaestrar es adiestrar, domar a un animal para que pueda hacer habilidades1.

De guiar dice que es ir delante mostrando el camino2.

Sin duda, guiar me gusta más, aunque prefiero ir al lado. Lo de ir por delante lo dejaré para el sentido metafórico.

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Siempre he sentido debilidad por quienes se saltan las normas arbitrarias y/o injustas y menosprecio hacia los abanderados del “porque lo digo yo”. No es algo que vaya por ahí contando, pero seguro que se me nota. Puede que esa sea la razón por la cual suelen pasarme a “los conflictivos”. Así es: trasladan a mi grupo a “los indomables”; siempre desde casi el inicio de las clases, y siempre terminan el curso conmigo.

Tras el primer informe didáctico alguna que otra madre se me acerca diciendo que soy la única profesora que ha considerado que su hijo se porta bien. “Todos dicen que es muy desobediente, que es muy revoltoso, que no presta atención”.

1

Ser desobediente no implica tener mal comportamiento; desobedecer significa no hacer caso a lo que se ordena, punto. Portarse bien no es ser obediente, estamos un poco confundidos. Los niños todavía tienen la osadía de revelarse, de negarse a hacer lo que consideran que no les conduce a nada. Si somos capaces de hacerles entender el beneficio intrínseco que les reportará lo que les estamos solicitando (es decir, motivarles, no es necesario ordenar) asistiremos a la demostración en vivo del Pedid y se os dará. Palabra.

2

Ser revoltoso es lo normal en la mayoría de los niños. Ni es algo patológico ni tiene nada que ver con el mal comportamiento. Cuántas veces habré oído el consabido: “Pero qué niño más malo. ¡Es que no para quieto!”… ¿Desde cuándo la inquietud es algo malo? Me ofende. Tengo mis truquillos para encontrar el equilibrio y los momentos a lo largo de la clase para la “calma” que precisan algunas actividades a realizar y la “revuelta” con la que tanto disfrutamos, ellos y yo. Dejad que los revoltosos vengan a mí. No les tengo miedo.

3

No prestar atención es no mostrar interés por lo que está sucediendo en el aula. Tampoco es sinónimo de portarse mal. A lo mejor es que lo que está sucediendo no es interesante, o no sabemos transmitir lo interesante que puede ser. O simplemente no tiene que interesarnos a todos lo mismo, porque de todo tiene la viña.

Estos tres “síntomas” tienen en común la falta de motivación intrínseca.

Cuando me encuentro con desobedientes, revoltosos e inquietos agradezco el regalo: es con ellos con los que más aprendo y crezco profesionalmente. Si algo debe saber hacer un educador es guiar y motivar.

Un animal amaestrado muestra las habilidades que el amo le ha enseñado, bien para rehuir el castigo, bien para obtener un premio.  Los “trucos” adquiridos no son extrapolables fuera de contexto. El amaestrado vive con miedo a decepcionar  y movido por  el interés egoísta.

Una persona guiada muestra en su día a día las competencias que autónomamente ha ido adquiriendo a lo largo de la vida.

Por lo tanto yo guío, no amaestro.


1 http://buscon.rae.es/drae/srv/search?id=bHQsE00XVDXX2cZpfudY
2 http://buscon.rae.es/drae/srv/search?id=Qx9vOGSJ0DXX2ZclJXBF