A.M.D.G.

La violencia hiere el cuerpo y la mente

Del que la ejecuta – Del que la sufre – De los que lloran – De toda la humanidad

Nos rebaja a todos

Kathy Reichs

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Eran las 6:45, 26 de agosto 2015. La joven periodista Alison Parker entraba en directo en el programa matinal de la cadena WDBJ7 para hacer una entrevista a una funcionaria de la Cámara de Comercio, Vicki Gardner, en Virginia (EEUU). Su compañero Adam Ward grababa la escena en el Bridgewater Plaza, una zona deportiva y recreativa de la localidad.

El Huffington Post presenta en uno de los vídeos cómo Lee Flanagan, –que fue presentador de la cadena–, se acerca, pistola en mano, al lugar donde se está grabando la noticia. En ese momento, el cámara, Adam Ward, está recogiendo escenas de los alrededores y, en un momento dado, se gira para grabar la entrevista. Flanagan apunta la pistola hacia la periodista, Alison Parker, a la que dispara varios tiros. Inmediatamente después, el asesino echa a correr y se corta la imagen. El asesino explicará después en su cuenta de Twitter con el nombre de Bryce Williams, por qué les había matado. A continuación, avisa a sus seguidores en Facebook de los dos vídeos que había colgado con la grabación del asesinato.

Hasta aquí los hechos. Se ha comentado el caso desde diferentes ángulos, la sociedad norteamericana ha polarizado el debate, una vez más, en la cuestión de la posesión de armas. Nuestro análisis se centra en algunas relaciones entre violencia (representaciones violentas) y medios de comunicación (convergencia mediática).

La relación entre la violencia y los medios tiene una larga trayectoria en los estudios de la comunicación en la tradición anglosajona, ya desde los años 30 (Blumer, 1933; Peterson y Thurston 1933; Katz y Lazarsfeld 1955), por citar solo algunos de los más significativos. Los datos contrastados apoyan la hipótesis de que los medios pueden inducir a comportamientos violentos, a una posible identificación con el agresor y una mayor tolerancia a la violencia real. Sin embargo, como señala McQuail (2010: 516) , se mantiene la polémica: el modo en que los medios representen la violencia no es causa de actos violentos; la aplicación a situaciones reales de los resultados de la investigación; la relativa importancia de la representación de la violencia en la “ficción” respecto a su representación en la vida real; así como la posible independencia de los medios.

¿Qué dicen los estudios de la comunicación de masas (antes) y los social media (ahora), sobre las relaciones entre violencia real y representación de la violencia en los medios? Según muchos indicios, se basan en que se produce cierta correlación, y que tienen efectos significativos, aunque existe poco consenso para precisar el alcance y la naturaleza de estos efectos. Hemos conocido y analizado casos muy mediáticos como el asesino de la Katana fue muy célebre por el simplismo y la banalización. La tragedia se vinculó al uso de videojuegos, y en concreto a “Fantasia Final 8”. El Daily Mail recoge otro caso, en el que un destacado titular señala “Jugador de Xbox de 13 años le corta el pescuezo a un amigo después de conocerse online, jugando al videojuego Gears of War 3”.

En fechas más recientes, hemos observado los casos de Ferguson y Amanda Tood. En el primero, Michael Brown, un joven afroamericano, muerto a manos de un policía blanco en la ciudad de Ferguson, Misuri, un 9 de agosto de 2014, por robar un paquete de cigarrillos en una tienda. En el segundo, Amanda Todd una joven de quince años canadiense, decide suicidarse después de varios años de extorsión y acoso.

El análisis que hicimos con nuestros alumnos aplica las diferentes teorías sobre audiencias y recepción: caso Ferguson y caso Amanda Todd en el que un 7 de septiembre de 2012 la adolescente colgó en YouTube un vídeo de nueve minutos de duración: My Story: Struggling, bullying, suicide and self-harm (Agobio, acoso, suicidio y autolesiones), con tarjetas escritas que expresaban su experiencia.

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Ofrecemos el siguiente resumen y destacado, del conjunto de análisis que realizamos en clase.

Son dos ejemplos en los que la representación de la violencia en los medios aparece de modo diferente y con distinto tratamiento. Suscita tal y como hemos descrito, múltiples y complejas reacciones en la audiencia, según los particulares contextos de recepción. Este análisis invita a pensar en que los “media” no inventan nada, ni inducen –por sí solos– a la violencia, sino que:

“Proceden de la sociedad y a la que es devuelta por los medios”

(McQuail).

Este autor recoge de los numerosos estudios de la construcción televisiva de la realidad (Hawkings y Pingree, 1983), algunos indicios de las diferentes relaciones entre ver la televisión y la percepción de la realidad social. Ver la televisión hace que se construya determinada realidad social de un modo concreto, y esta construcción de la realidad social también podría estimular un comportamiento respecto al ver la televisión.

Violencia y medios mantienen una compleja complicidad. Es preciso un análisis y una interpretación que evite y supere 7 reduccionismos .

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A mayor exposición de contenidos violentos, más actitudes violentas.

La representación mediática es la causa y el motivo de los comportamientos agresivos y antisociales.

La violencia es siempre la misma: en su naturaleza, representación y repercusión.

Los medios lo único que hacen es reflejar la violencia que existe en la sociedad.

Los violentos son un problema, como lo es la violencia.

Más tolerancia para determinados tipos de violencia.

La violencia de los guapos, buenos y vencedores es menos nociva.

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El “directo” de la representación del asesinato de los dos periodistas en Virginia, supone un valor aditivo al propio contenido mediático, que es probable que agrave la propia naturaleza del suceso, y sus posibles efectos y consecuencias en el entorno social. El tiroteo, divulgado por internet y repetido por las cadenas de televisión de EEUU, se produjo en la zona comercial de Bridwater, en la población rural de Moneta, que fue acordonada por agentes de la Policía de los condados vecinos.

Como recoge noticias Univisión el hombre que disparó y abatió en una transmisión en directo a dos periodistas, abre un nuevo episodio en el uso de las redes sociales al mostrar su acto en Twitter y Facebook, grabándose y subiendo los vídeos a Youtube. Con el nombre de Bryce Williams como seudónimo, Lee Flanagan ejercía de periodista de nuevo. Se observa que una cámara se acerca a escena. De pronto, una mano con una pistola entra en cuadro.

El asesino espera que ocurra algo para realizar su transmisión en directo, enseguida la mano que agarra el arma se alza por segunda vez y apunta a la periodista, Alison Parker. A continuación se oyen disparos y gritos y la pantalla se cierra en negro. Una serie de tuits publicados después del ataque @bryce_williams7 intentan explicar la acción. Más tarde, la policía anuncia que Flanagan se ha suicidado.

El directo recoge un complejo escenario en el que sentir-estar en el espectáculo sumerge al espectador, también usuario, en las redes sociales. Realidad y espectáculo en una voraz retroalimentación.

Ficción y realidad en inmediata expansión. La visión de las imágenes en directo por la propia cámara, y las que grabó el asesino y cuelga en las redes sociales, construyen una muerte en directo. Después de tuitear los vídeos, el asesino exclama en “grabé estas imágenes”. Como recoge Macu Jackson en muerte en directo y viral, las redes muestran estas imágenes que se repiten automáticamente mediante los autoplay, lo que significa que en Estados Unidos estaban viendo las imágenes de los asesinatos en sus notificaciones de las redes sociales.

Señala Imbert en información y discurso de la actualidad:

“El directo, hoy, ya no es sólo una técnica de retransmisión de lo que “ocurre” –aquí y ahora–, del acontecimiento en su acontecer mismo; el directo es una filosofía, una manera de estirar el tiempo hasta anular su historicidad: de estrechar la relación sensible entre espectador y referente, de anclarlo en un tiempo vivido, dentro de una co-temporalidad que une tiempo vivencial (del espectador), tiempo referencial (de la actualidad) y tiempo narrativo (del relato)”

¿Es lícito que las cadenas emitan estas imágenes?

¿Lo justifican su posible valor informativo y el hecho de que ya fueran subidas a las redes sociales?

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De los diferentes enfoques en el estudio de la violencia en los medios destacamos, el de Albert Bandura, con sus teorías del aprendizaje social, donde propone que el aprendizaje social dispone de un lugar a través de cuatro etapas principales: contacto cercano, imitación de los superiores, comprensión de los conceptos, y comportamiento del modelo a seguir. Y George Gerbner, con su teoría del cultivo, que propone que mientras la gente pase más tiempo viviendo en el mundo de la televisión, será más fácil que crean que la realidad social se asemeja a la realidad retratada por la televisión.

Estas dos posiciones nos conducen a la propuesta de Mar de Fontcuberta cuando sugiere un desplazamiento de la violencia al conflicto. La violencia es negativa, el conflicto no. Los sujetos violentos no son un problema, el problema es la violencia que ejercen. Entendemos el conflicto como oportunidad, tal y como se recoge en “Miradas fascinadas, miradas en conflicto”.

Aplicado al análisis de las audiencias infantiles y juveniles, observamos que es cierto que el joven es vulnerable, que experimenta procesos de adaptación y desadaptación, que siente la presión del entorno. No entendemos el conflicto como algo negativo, sino necesario; como una oportunidad para crecer. El adolescente vive dentro del conflicto, también los padres y madres que soportan la incomodidad y la incertidumbre de verlos crecer.

Los jóvenes se debaten entre la corriente contradictoria interior, que les pide salir, explorar, descubrir su identidad; probar, acariciar los riesgos; y la exterior, que establece límites, normas y obligaciones. En una molesta y complicada crisis de identidad, ejercitan la lucha diaria consigo mismos, con los demás y con el entorno, buscando descubrir y apropiarse de su personalidad.

Desde la interacción de mensajes, relaciones, percepciones, posiciones y afectos. Desde los escenarios de intervención de todos los agentes y todos los factores, es posible una mediación. Los estudios de la comunicación son interdisciplinares: psicología social, ética, semiótica, economía, sociología, son algunas disciplinas científicas que argumentan esta investigación.

Sabemos que el tema no es fácil, pero sí es necesario abrir y sostener un debate ético que implique a todos los agentes sociales y los medios de comunicación.

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CUESTIONES

para la hoja de ruta

¿Están los medios legitimados para emitir y publicar estos contenidos?

¿Valoramos del mismo modo la emisión de las imágenes que la subida de los vídeos a las redes sociales?

¿Es pertinente y necesario emitir las imágenes-grabaciones de este tipo de acciones?

¿Es pertinente y necesario publicar en las redes sociales la intenciones y el informe facilitado por el asesino (en este caso)?

En la emisión de las cadenas televisivas y en la publicación de las redes sociales ¿existen diferencias en el tratamiento del contenido, su finalidad y repercusión?

¿Tiene más credibilidad y rentabilidad el “directo” que otro tipo de cobertura informativa?

¿Podemos prescindir de una fuente primaria (transmisión en directo) por otras secundarias, dada la naturaleza de la información y su posible repercusión?

¿La transmisión del directo refuerza el impacto?

¿La exposición a contenidos violentos aumenta la tolerancia a la violencia real?

¿Es suficiente la Ley General de Comunicación Audiovisual y los códigos deontológicos para establecer los límites del cómo, dónde, cuándo y por qué se emiten contenidos violentos?


José

Carmen

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