En los primeros días de septiembre es cuando los docentes imaginamos, diseñamos, planificamos y organizamos las experiencias de aprendizaje que compartiremos con nuestro alumnado. Para ello hablamos, reímos y debatimos con compañeros en las salas de profesores; compartimos experiencias halladas en el periodo estival; enredamos en RRSS reactivando nuestra red personal de aprendizaje y nos interesamos por algún proyecto colaborativo en la red. También “rellenamos” documentación y programas, comenzamos a leer las nuevas normativas (a las que nos tienen acostumbrados como sorpresa inicial), nos reunimos con compañeros, tomamos contacto con nuestro nuevo alumnado ( aún por medio de sus antiguos profes, de sus nombres y sus informes) y, por fin, nos acercamos a las aulas que transitaremos durante 10 meses. Seguramente encontraremos en ellas el “olor a escuela” clásico que rezuman sus mesas, un tanto desordenadas pero, habitualmente, dirigidas a la pizarra o pantalla, sus armarios cerrados con llave cercanos “al lugar del profesor”…y algunas cartulinas polvorientas grapadas a la pared. Si es así, es el momento de abrir las ventanas que estuvieron cerradas durante los meses vacacionales: ventilando la escuela.

PENSAR LA EDUCACIÓN QUE QUIERO

Sea como sea tu situación, y si no lo has hecho todavía, te invito a abrir las cristaleras y dejar que entre renovado aire en las aulas que vas a compartir próximamente con alumnos y compañeros, un viento fresco que ventile el ambiente viciado, en ocasiones rancio,  y te estimule a comenzar algo nuevo: septiembre es un excelente periodo para innovar y repensar nuestras prácticas docentes. 

Estas acciones renovadoras, alejadas todavía de la bulliciosa actividad del alumnado en las aulas de colegios e institutos, ofrecen una ocasión íntima, liberada de prejuicios para reflexionar, para repasar, modificar, añadir o eliminar algunos aspectos e nuestras rutinas.  También para hacernos conscientes de que algunas de las decisiones de estos primeros días  podrán ser cruciales en los próximos meses para la vida de un grupo de personas (alumnos y sus familias). Es posible que podamos llegar  a mirar diferente y observar que hay otros aspectos importantes en los que, a veces, no reparamos  que son tan claves, o más, para el aprendizaje como la automática transmisión de conocimientos: La organización del espacio puede convertirse en un primer paso hacia la transformación de la práctica. 

Es fácil comprobar uno mismo cómo cuando decides salir de tu zona de confort, y adquirir compromiso con la mejora permanente, la mera intencionalidad de cambio comienza a producir modificaciones continuas, aunque a veces imperceptibles, en nuestro cerebro docente y en la nuestra cultura escolar, que acaban por crear en cada uno de nosotros  una nueva forma de pensar la educación.

“Solo la idea puesta en la cabeza del maestro, de que lo que enseña tiene capacidad de cambiar los cerebros de los niños  en su física y en su química, su anatomía y su fisiología, haciendo crecer unas sinapsis o eliminando otras y conformando circuitos neuronales cuya función se expresa en conducta, cambia ya la propia percepción que el maestro tiene de la enseñanza”

Francisco Mora. Neuroeducación. Sólo se aprende lo que se ama.

Septiembre es un buen momento para ventilar la escuela, para renovar nuestra alma docente abriendo las ventanas de “lo de siempre” y haciendo que corra un aire fresco, renovador en las aulas, que nuestros alumnos agradecerán y con el que nosotros, los docentes, disfrutaremos.

¿QUÉ PODEMOS HACER?

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Las decisiones que tomemos deberán ir relacionadas con los procesos educativos que deseemos desarrollar  y con la forma de aprender que creamos conveniente para nuestro alumnado.

Me interesa especialmente, no es novedoso en mis artículos, cómo la organización del espacio y de  los recursos del aula indican las intenciones educativas que desarrollamos y, además, cómo son capaces de ejercer una oculta retroalimentación: la organización hace hábito y el hábito produce cambios. Algunos principios investigados y apuntados desde la neuroarquitectura y la neuroeducación señalan directamente a que un ambiente físico rico, bien iluminado, organizado, comunicado, amable, con libertad de movimiento y posibilidades de interacción, …en definitiva un espacio emocionalmente estable (entendido como aquel que proporciona seguridad y acogimiento a los que lo habitan) favorece un aprendizaje más potente y duradero, ofreciendo al cerebro la posibilidad de crear nuevas y firmes rutas neuronales de conocimiento y memoria, imprescindibles para avanzar en los aspectos importantes para el crecimiento de una persona: la evolución de su autonomía personal, la capacidad de decidir y hacer (y, a la par, la posibilidad de rectificar y deshacer), el desarrollo del pensamiento creativo y crítico, las competencias relacionadas con la interacción constructiva con otros (empatía y comprensión de otros puntos de vista, colaboración y cooperación en el desarrollo de empresas comunes, compartir y regalar ayuda y solidaridad para con otros,  entender el sentido de la justicia y la equidad, …), el desarrollo de valores, la generación de conocimiento compartido…

Se trata de empoderar el cerebro de nuestros pupilos, y el nuestro propio como docentes, creando rutinas y estrategias en el proceso de aprender y enseñar que nos hagan sentirnos potentes para afrontar cualquier aspecto de nuestras vidas…

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ACCIONES

QUE PUEDES DESARROLLAR DURANTE LAS PRIMERAS SEMANAS DE SEPTIEMBRE Y QUE MARCARÁN –SI LO DESEAS– EL DEVENIR DE TODO EL CURSO

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Piensa dónde puedes preparar una zona de asamblea. Si lo haces tu cerebro docente entenderá que le das importancia al grupo, al aprendizaje social, a la construcción colectiva y al intercambio de experiencias como base organizativa del aprendizaje. Tus alumnos comenzarán a entender que el grupo importa más que la individualidad, que en conjunto aprendemos más que en soledad y que todos tenemos algo que enseñar y algo que aprender.

La organización asamblearia te ayudará a crear conciencia de grupo desarrollando así un currículo invisible. Esta percepción hará que el alumno pueda sentir arraigo y pertenencia, y sabrán que, también en la escuela, su grupo importa. Que el grupo les puede ayudar cuando lo necesitan. Su gente ejerce inexcusablemente modelaje sobre ellos, modelos que pueden ser verbalizados, comentados, contrastados y analizados en esos momentos de asamblea, con la orientación del profesorado. Tratemos los problemas del aula. Generemos poco a poco una rutina, un modelo cerebral con un fuerte desarrollo sináptico hacia la empatía:

y si ME estuviera ocurriendo  a MÍ

Una asamblea te permitirá iniciar la eliminación de la competición y dar paso a la aportación colectiva: todos sumamos. Todos somos importantes y todos tenemos nuestro lugar protagonista como aprendientes y como enseñantes, en esta sociedad construimos entre todos.

Si el aula es pequeña, la biblioteca, la sala de audiovisuales, el patio, el porche, la escalinata de la entrada o el patio, el pasillo, el hall, el salón de actos… y en general los espacios de uso compartido o múltiple, pueden ejercer de foro improvisado, de espacio congresual de lo cotidiano, de escenario habitual de aprendizajes que trascienden lo curricular y se insertan en lo útil y duradero: una asamblea para dar la palabra al alumno y para escuchar a invitados desde otra perspectiva.

En el momento asamblea (que puede estar presente en el horario, o puede ser fortuito, o a petición de un grupo de alumnos) se pueden desarrollar actividades de mindfulness, aprender a través de los problemas de convivencia, a hacer debates más empáticos, a exponer y defender puntos de vista, a despertar la curiosidad con el simple cambio de ambiente y dinámica. La asamblea se puede utilizar como estrategia “para prestar atención”, para cambiar el ritmo y el espacio… Y no me refiero sólo a educación infantil, donde estamos habituados. Sí, el esfuerzo debe estar en lo infrecuente: la educación primaria y en secundaria obligatoria aunque para ello tengas que organizar los tiempos y los currículos de otra forma, con otra visión, donde lo importante sea más necesario que lo extenso y donde lo urgente tenga prioridad sobre lo importante. Una alfombra que se extiende y se recoge, una cinta pegada al suelo, un cartel que anuncia “asamblea”… pueden delimitar un espacio escolar que considero imprescindible.

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Sorprende a tus alumnos y cuando lleguen el primer día haz que se encuentren el aula organizada con una  disposición de las mesas en grupos de 4 como forma básica de trabajo en equipo. Esto llevará implícito que renuncias al trabajo individual como metodología y que, por contra,  promocionas la interacción entre los alumnos como valor para aprender. La disposición de los pupitres dice mucho sobre el tipo de aprendizajes que se van a desarrollar en las aulas: de aprendizajes reproductivos a constructivos. El cerebro del alumnado, y el tuyo mismo, aprenderá a interactuar como sistema básico de aprendizaje, desarrollará capacidades de escucha como base de la comunicación, sistematizará procesos de toma de acuerdos como medio necesario para proseguir construyendo juntos y descubrirá rutinas y estrategias  comunes como procedimiento válido para el desarrollo de conocimientos compartidos.

Las mesas (cualquier modelo)  son cambiables y te permitirán flexibilizar la organización espacial de la clase  ajustándola al tipo de actividad que se desarrolle. Es importante observar que lo importante es la secuencia de aprendizaje que se plantea y ajustar el espacio a la misma, nunca al revés. De una forma u otra, una idea que puedes anclar en tu cerebro docente es que  la esencia de cualquier disposición escolar para el aprendizaje debe ser siempre interactiva: que permita conectar cerebros en parejas y pequeños grupos, que posibilite reflejar neuronas espejo con los compañeros, que facilite la comunicación efectiva y que dé acceso a  compartir experiencias de aprendizaje y a evaluaciones dialogadas.

La secuencia didáctica que preparemos también debe permitir la posibilidad de la disensión, que traerá como consecuencia el desarrollo del pensamiento crítico y divergente y el desarrollo de competencias de respeto y valoración de las opiniones de los otros.

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Como última tarea de desempolve y ventilación, te propongo que en estos primeros días reorganicemos algunos de los recursos que son imprescindibles en las aulas.

Biblioteca de aula y videoteca.

PLE del aula y del centro (y su conexión a la red): Herramientas y apps para aprender. Blog de aula y de alumnos.

Paquete de juegos (tanto lúdicos, mediadores de aprendizajes sociales y mentales, como juegos didácticos, mediadores de aprendizajes curriculares).

Comienzo escribiendo este apartado con algo que hace tiempo deseaba escribir y, aunque es evidente,  no está mal repetirlo:

Estar en contra de los libros de texto escolares

NO implica estar en contra de los libros como fuente del saber

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Libros de lectura recreativa y literaria, textos de consulta y enciclopédicos, científicos, históricos, matemáticos, filosóficos, tecnológicos…y un largo etc. que, para no extenderme, podéis consultar, a modo de ejemplo e inspiración,  en los Catálogos Apócrifos publicados en este magazine por un experto promotor y creador de bibliotecas escolares: Josep María Turuguet.

Organizar una amplia biblioteca de aula y utilizar de manera cotidiana la biblioteca del Centro y del barrio, puede convertirse en una actividad recurrente de nuestro alumnado para buscar, contrastar y evaluar información, documentación y datos que deseemos transformar en conocimiento. Las fuentes de información clásica todavía hoy, constituyen el soporte de información de la mayoría de las escuelas, que complementan, y son complementadas, por las fuentes virtuales y líquidas.

Si te animas a organizar el aula en rincones, puedes montar un rincón “Biblioteca. Un espacio para la lectura individual y silenciosa, para consultar, para tomar libros prestados, para debatir en pareja o pequeños grupos, para hacer lectura compartida u organizar (y que organicen)  tertulias literarias… Un espacio para dar vida a la lectura, para aprender a leer leyendo. Un foco de luz que proporcione visibilidad a la importancia del libro como material para adquirir información y transformarla en conocimiento.

Una estantería repleta de libros. Una leja con libros de colores llamativos. Una mesa con cómic que inviten a ser cogidos. Un bloque de manuales de construcciones, de relatos de misterio, de humor, de amor… Una maleta de madera repleta de  cuentos. Un espacio para el libro del mes. Un escaparate para las novedades. Una sección en el blog o el videoblog de “recomendaciones”. Un ránking físico o virtual que insufle ganas de leer los “más leídos”. Un momento en la asamblea  o un espacio en las redes sociales para compartir una historia leída, una frase encontrada, un capitulo emocionante, un poema inspirador o un cómic para partirse de risa. Una “búsqueda del tesoro” bibliográfica que persiga  la “frase oculta” del día,…

Internet es el recurso por excelencia del siglo XXI y  NO puede quedar fuera del aula. Septiembre es un momento idóneo para actualizar los ordenadores, las tabletas, la wifi. Busca a tu asesor TIC si es que lo necesitas. aprovecha este momento  para trastear herramientas y artefactos que luego las rutinas te impiden. Hazlo con otros compañeros…es mas divertido.  Aprovecha ahora que tienes tiempo. Busca un lugar en el aula y crea el rincón de la comunicación. Piensa en cómo vas a utilizar los móviles en clase y déjales que los traigan. Mejora la wifi de tu aula (a veces con un simple repetidor de señal es suficiente). No olvides tener  preparada una regleta de multienchufes para que se puedan cargar las baterías de los accesorios TIC…

Piensa cómo mejorar el blog del aula. (Si todavía no has creado uno, ahora es el momento. En BLOG Y TIC UM de mis estudiantes universitarios, puedes encontrar cómo hacerlo. Además, hay muchos tutoriales en la red que te serán de gran ayuda). Sopesa tenerlo todo preparado para  la posibilidad de que cada grupo cree su  propio blog,  a modo de portafolio. No le des la espalda a las RRSS. Si buscas, encontrarás en la red cientos de actividades para el uso educativo de las redes.

Actualiza las herramientas en el PC del aula y las apps para aprender qué sueles usar. Busca unas nuevas y amplia  tu PLE para, así, ayudar a que tus alumnos amplíen el suyo, creando, de este modo, un gran entorno de multiaprendizaje colectivo y compartido. En este sentido, puedes echar un vistazo al esquema de la Taxonomía de Bloom para la Era Digital. Déjalo todo preparado para actualizarlo permanentemente, porque estoy seguro que, entre tú y tus alumnos, podéis encontrar los sitios, herramientas y artefactos que más os gustan  y que están más actualizados. Crea un panel real o tablero virtual donde los alumnos tengan todos los recursos TIC organizados para la tarea que quieran hacer.

VENTILANDO-LA-ESCUELA-01-INED21Con estas primeras decisiones  tu cerebro docente se irá acostumbrando a pensar en virtual, irá conformándose para ser capaz de aprender y enseñar desde las TIC. Comprobarás como los alumnos comienzan a colaborar realizando tutoriales explicativos para sus compañeros de grupo y otros. Hay experiencias muy interesantes en las que puedes ver cómo lo hacen. Una de ellas que te recomiendo es el proyecto Marea Inclusiva de @JacintoMolero. Guíales y anímales a participar también en Proyectos Colaborativos, como AporTICs y comprobarán que entre todos podemos saber más, y que la red es un lugar de aprendizaje infinito…casi tan infinito como este post.

Yo, ya estoy ventilando mi aula.

¿Te animas a hacerlo TÚ?