El adulto tiene ventajas y desventajas con respecto al niño en el aprendizaje de una segunda lengua. No todo van a ser luces y no todo van a ser sombras.

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Aunque existe una tendencia generalizada a creer que para dominar un idioma es imprescindible comenzar a aprenderlo desde la más tierna infancia, los estudios al respecto no son concluyentes.

La teoría que sustenta esta creencia es la del condicionamiento biológico de Lenneberg, la cual habla de un período crítico en la pubertad. Según el lingüista y neurólogo, las lenguas hay que aprenderlas durante la infancia, cuanto antes mejor, dada la plasticidad cerebral y la falta de especialización cortical que caracterizan esta fase que concluye, según él, con la llegada de la pubertad.

Esta teoría ha sido muy seguida pero también muy criticada. Varios expertos en el campo de la lingüística, como por ejemplo Stephen Krashen o Robin Scarcella, afirman que la lateralidad cerebral finaliza sobre los 5 años de edad, por lo tanto, mucho antes de la pubertad. Por su parte Christine Weber-Fox y Helen Neville sostienen en sus diferentes estudios que no es tan simple: puede haber diferentes períodos críticos para diferentes habilidades lingüísticas, diferentes tipos de cambios y a diferentes edades.

La especialista en introducción del inglés en Educación Infantil María del Carmen Ruiz concluye que no es aconsejable embarcarse en el aprendizaje de una segunda lengua hasta que se haya adquirido un dominio de la lengua materna que permita realizar asociaciones entre objetos y términos.

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Incluso hay autores como James Asher y Ramiro García que complementan lo biológico con aspectos didácticos sosteniendo que la razón por la que los niños aprenden mejor la segunda lengua puede ser la cinestesia: los pequeños aprenden en situaciones lúdicas y de acción en las que la lengua va sincronizada con movimientos físicos, sin embargo los adultos aprenden en situaciones estáticas en las que su sistema cinético no está sincronizado.

Se sigue investigando sobre el tema, no es un asunto para nada cerrado.

Puesto que no existe una ley absoluta y dado que cada vez se tiende más a hablar de periodo “sensible” en lugar de “crítico”, no vamos a dejarnos arrastrar por el efecto Pigmalión que genera la limitadora creencia de que pasada la infancia no podemos hacernos con una segunda lengua.

Como en las películas, empezamos con las malas noticias y dejamos las buenas para el final. Veamos primero pues las desventajas del adulto:

Menor plasticidad lingüística con respecto al niño
• Mayor timidez a mayor edad, sentido del ridículo que dificulta la expresión oral
• Mayor confianza en la escritura y la gramática
• Impaciencia como consecuencia de su sentido de la economía del tiempo y el esfuerzo
• Curiosidad limitada, pues generalmente recurre a la formación en la medida en que ésta responde a una necesidad
• Menor tiempo por delante para acumular años de uso de la lengua

Pero también hay buenas noticias, los adultos tienen numerosas ventajas:

El adulto ha aprendido a aprender
• Tiene mucha más capacidad de concentración que el niño
• Sus recursos nemotécnicos son superiores
• El adulto es más disciplinado
• Tiene más claro porqué está aprendiendo una segunda lengua y para qué le sirve
• Mayor capacidad de pensamiento abstracto
• La experiencia es un grado
• Ha elegido él mismo el aprendizaje de la segunda lengua
• Y lo más importante: tiene una meta que le motiva a aprender

Si preguntamos a un niño la razón por la que quiere aprender un idioma nos responderá casi con total seguridad, de un modo u otro, que es porque sus padres quieren que lo aprenda. Al niño le falta la motivación intrínseca, y ésta es la mayor ventaja que puede tener el adulto.

De modo que como digo siempre:

Motivación + pasión

=

aprendizaje

Ya habéis visto que con la edad hay que luchar contra algunos factores que nos van a dificultar el dominio de una nueva lengua, pero también os habéis encontrado con otros factores que juegan a vuestro favor así que, adultos, no os deis por vencidos.

¡Centraros en vuestras ventajas!


Para saber más

Asher, J. J. y García, R. (1969): “The Optimal Age to Learn a Foreign Language”, en Child-Adult Differences in Second Language Acquisition, Krashen, S. D.; Scarcella, R.C. y Long, M.H. (eds.) 1982. Newbury House

Krashen, S. D.; Scarcella, R. C. y Long, M. H. (eds.) (1982): Child-Adult Differences in Second Language Acquisition, Newbury House

Lenneberg, E. (1967): Biological Foundations of Language. John Wiley & Sons

Ruiz Calatrava, M. C. (2009): “El aprendizaje de una lengua extranjera a distintas edades”, en Espiral. Cuadernos del Profesorado, 2

Strevens, P. (1974): “A Rationale for the Teaching of Pronunciation: The Rival Virtues of Innocence and Sophistication”, en ELTJ, V-XXVIII

Weber-Fox, C. & Neville, H. (1999): “Functional neural systems are differentially affected by delays in second language inmersion: ERP and behavioral evidence in bilinguals”, en Birdsong, D. (ed), Second language acquisition and the critical period hypothesis. Mahwah, NJ: Lawrence Erlbaum, associates.