Exponer es el resultado necesario de recopilar o investigar. Se dice que el profesor “expone” el tema para que los alumnos lo desarrollen. La exposición muestra lo investigado y recopilado. Se espera que los alumnos también expongan lo aprendido. Tanto para uno como para otros, exponer incluye tanto el qué como el cómo. La forma no es indiferente si queremos que el contenido llegue.

Se dice que un profesor explica bien porque ha comprendido bien a su vez. La claridad de la exposición demuestra una comprensión ordenada y profunda. Los balbuceos indican la inseguridad de lo mal asimilado. También los alumnos explican mal lo mal aprendido. Tanto profesores como alumnos se examinan en esa plaza. Y el “mercado” ha de ser limpio y transparente, los productos deben ser bellos y claros a la vista o al oído. El producto ha de ser seductor. El orden y pulcritud de las paradas nos inclinará a la adquisición.

De la misma manera el orden y la claridad en un aula muestran la bondad de lo que en ella se hace. El escritorio de tu ordenador ha de pregonar el orden e intensidad de tus proyectos. Una ojeada experta a la pantalla del ordenador o de la tableta debería poder ser material de evaluación. Dice de ti lo que publicita una consulta de médico acogedora o un despacho de abogado cuyo orden ya proclama solvencia.

El aula no es diferente. Si va bien se ve qué proyectos hay en marcha. Un inspector avisado no necesitaría espiar lo que pasa durante una clase, simplemente pasearse por ella cuando están todos en el patio. Después, interesarse por los problemas con los afectados.

En un aula, tal como la veo, no debería faltar la biblioteca bien ordenada con sus cajones y registro de préstamos. Los cajones personales de material, donde se guardan blocs y portafolios y otros logros. Los cajones de láminas de trabajo bien etiquetados y con sus murales clasificados. Pero tampoco los expositores.

Si hay un proyecto en marcha, deben estar expuestos los libros y las láminas de trabajo u otros objetos necesarios. El expositor no es difícil de construir, el conserje de mi escuela nos fabricaba las cosas más inimaginables (una mini-biblioteca de Alejandría, recuerdo, con sus rollos). Igualmente las pizarras blancas con sus caballetes donde cada grupo podría hacer los “planos” de su proyecto y discutirlo como si de una empresa tecnológica se tratase. También peanas, soportes, plataformas… El museísta se examina ante el público. La exposición promueve ideas y sugiere nuevas investigaciones y ulteriores exposiciones… O fracasa si no despierta la imaginación.

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Creo sinceramente que la exposición de libros y materiales previa al trabajo de proyecto amuebla la mente del joven y le prepara para lo que va a hacer. Es en sí misma una imagen y un orden que refuerza lo que el profesor ha dicho y ha esquematizado brevemente en “su” pizarra. Y después evaluar los libros que pueden serle útiles (para comprender, no para memorizar) en abierto contraste de pareceres con sus iguales previa exposición del maestro. Ese hojear, comparar, mirar, enseñar lo atrayente, compartir, decidir… e ir al patio, que mañana nos ponemos. Y al día siguiente ya tenemos una imagen y sabemos lo que vamos a hacer. Es posible que lo consigamos mejor que con un libro de texto que es nuestro y lo llevamos a cuestas. En el “texto” los párrafos son tarugos de información a aprender. Las ilustraciones son los muchos “santitos” de un libro. En el aula expuesta, los libros son ideas para aprehender y las láminas son sujetos a quienes mirar a la cara y entenderse con ellos.