Universidad de la calle, también conocida como Universidad de la vida

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Yo era soldadora cuando decidí ir a la Universidad. Con mucho esfuerzo y sacrificio tomé ese camino. No fue una decisión ni buena, ni mala, simplemente fue la mía. La mayoría de mis compañeros del barrio optaron por la universidad de la vida, y tampoco les ha ido mal.

Tengo amigos (muchos) que son grandes expertos en comunicación audiovisual (qué le vamos a hacer, la carrera de moda de mi generación), otros lo son en relaciones laborales, otros en marketing de entidades culturales… Y aquellos que os comentaba antes…  sencillamente son sabios.

No se avergüenzan de no tener estudios universitarios. Ellos, sin tener conocimiento alguno de pedagogía, sin estar al corriente de las últimas tendencias Lifelong Learning, saben que tienen una educación: han estudiado la vida. Conozco a algunos que incluso son máster en el asunto.

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Cuando en las redes sociales, en el casillero “estudios”, escriben “universidad de la calle”, no nos están tomando el pelo ni nos están diciendo que no tienen estudios: están reivindicando su aprendizaje autónomo.

Lo que los profesionales de la educación llamamos educación informal ellos lo llaman escuela de la calle. Es una cuestión de nomenclatura.

Son los que “fracasaron” en un sistema formal que no supo dar respuesta a sus inquietudes. Pero yo no veo fracaso alguno cuando llenan salas de conciertos, sacan adelante a sus familias gracias a sus negocios o simplemente viven felices sus vidas haciendo lo que les gusta.

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Supieron sacar partido a lo que la vida enseña.

Pero no todo es tan romántico. Estas personas han sido capaces de aprovechar sus talentos y han tenido la valentía de emprender porque han contado con el apoyo de sus familiares y amigos. Han tenido cerca a gente que creía en ellos a pesar de lo que la escuela les decía.

Otros tantos lamentablemente no han tenido tanta suerte y han caído por el camino. Cuando la educación formal te sentencia al fracaso, es muy difícil no caer en el efecto Pigmalión.

Yo, que soy firme defensora de las metodologías de la educación no formal y de la educación informal en sí misma, no podía dejar de hacerme eco de una realidad que conozco de cerca.

La educación que adquirimos fuera de la escuela pesa mucho más de lo que a veces queremos admitir. Varios estudios demuestran que los  aprendizajes que precisamos para realizar nuestro trabajo provienen de la educación informal en un porcentaje situado entre el 75 y el 90%1.

Además, al espacio social tradicionalmente generador de aprendizajes informales, hay que sumarle hoy el ciberespacio y su infinito potencial educativo.

Por todo esto las aulas deben abrir sus puertas a la realidad. Por todo esto hay que estimular el aprendizaje informal y trabajar en su reconocimiento.

Yo también lo reivindico. En la Universidad tradicional aprendí muchas cosas, pero mi sabiduría… esa viene de la calle.


1Peter Casebow, P. y Ferguson, O. (2010) : How managers learn. A survey of managers’ learning activities and their effectiveness

Cross, J. (2003) : Informal learning, the other 80%