UNA TARDE CON MIHÁLY CSÍKSZENTMIHÁLYI

UNA TARDE CON MIHÁLY CSÍKSZENTMIHÁLYI

Iniciamos esta serie: “Una tarde con”, donde iremos dialogando con autores de diferentes disciplinas (pedagogía, neurología, psicología, sociología, filosofía…). Un diálogo que implica todas las modalidades que permite esa maravillosa palabra: estar de acuerdo, disentir, contraponer, matizar y, también, perderse. Esa libertad nos permitirá diferenciar esta serie de otra que tuvo una gran acogida entre nuestros lectores: “Una metáfora”. Si aquella era más sistemática y expositiva, ésta quisiera ser lo que el enunciado indica: una tarde con autores a los que admiro y que permiten ese diálogo sobre lo que somos y nos apasiona. Gracias a  todos ellos desde esta tarde.

M.Csikszentmihalyi  es un referente mundial en el campo de la psicología de la creatividad. Es imposible nombrar flujo sin que asociemos esta experiencia a su análisis y descripción. Fluimos cuando tenemos esa experiencia óptima que nos alimenta por sí misma. En palabras de M.Csikszentmihalyi ,“Hablando con ellos quedaba claro que lo que mantenía su motivación era la calidad de la experiencia que sentían cuando estaban enfrascados en la actividad en cuestión”. Todo el que crea experimenta el fluir. R. Sennett nos explicó la corrosión del carácter en el capitalismo actual, lo redefiniré de esta forma: un sistema económico que anula la capacidad de flujo de los sujetos. Enuncio la duda solamente: ¿puede sobrevivir en su actual forma un sistema que genera tanta frustración e ira? El lector decide. Solo alguien que viene de la corriente de la psicología positiva de M.Seligman, podía reconsiderar qué significa ser creativo y las consecuencias de ello para el individuo y la sociedad. Un reto para nuestra vida personal y profesional: transformar nuestra vida cotidiana. Una pregunta educativa sobre nuestro presente, ¿qué habilidades de motivación tenemos en nuestras aulas? La mediocridad tiene muchas definiciones. Les propongo una: alguien que nunca se puede motivar con lo que hace. Motivar y motivarse se necesitan mutuamente.

Hay un momento de nuestra vida donde reconocemos y asumimos las influencias, en este caso reconocidas de la psicología humanista de Maslow o Rogers. El ser humano quiere y necesita autorrealizarse, no es solamente un ser de carencias o reprimido, aunque el paradigma psicoanalista haya extendido esta concepción limitante de lo que somos. Eran el psicoanálisis y el conductismo los verdaderos adversarios en el inicio de la carrera de M.Csikszentmihalyi , por confesión propia. Algo que tantas veces ocurre: la fuerza e intimidación que tienen las modas intelectuales.

Freud es una lectura apasionante, pero tiene contraindicaciones. Una idea que hemos repetido muchas veces: el pesimismo tiene un prestigio que no merece. Es más, la crisis actual es un escenario donde el pesimismo es ya una competición. Lo sentimos, no lo somos, ¿por qué se admira tanto esa hipercrítica que anula cualquier acción o mejora sobre la realidad? El optimismo es una palabra que muchos, instintivamente,  critican o desprecian. A pesar de los tópicos, nada más difícil que ser optimista: no hay comodidad en el optimismo racional. Estoy seguro que M.Csikszentmihalyi asiente en silencio esta afirmación. 

Nombrar creatividad es, queramos o no, regresar al paradigma romántico que monopoliza la cultura popular. Desde ella el creador es un genio, el creador actúa mediante inspiración, el creador es una humanización del poder creador de Dios. Dos pequeñas críticas hacia lo anterior: esa creatividad romántica no es educable, queda limitada a una élite que la concreta por su singularidad humana; esa creatividad no es real, aquí la tradición psicológica ha criticado con razón y derribado el mito romántico. La escuela actual mata la creatividad nos dice Ken Robinson. Es verdad, pero me temo que hay cadáveres que nuestra sociedad justifica. O quizás tenía razón Alejandro Dumas, “Si los niños son tan inteligentes y los adultos tan estúpidos, algo falla en nuestra educación”.

M.Csikszentmihalyi  nos ha explicado de una forma fascinante una de las características de la personalidad creativa: la complejidad. Así la define, “Con esto quiero decir que muestran tendencias de pensamiento y actuación que en la mayoría de las personas no se dan juntas”. Concreta diez criterios que demuestran esa dimensión. Si alguna vez hemos conocido a alguien verdaderamente creativo, sabemos que es verdad. Todo creador es sedentario y nómada de sí mismo, todo creador es vida y muerte en su esencia. Quien ha leído a Dostoievski o Tolstoi, quien ha escuchado a Mozart o Beethoven, quien ha comprendido a Newton o Darwin, lo sabe. El espíritu creador necesita recorrer lo que el intenso Nietzsche identificaba como lo apolíneo y lo dionisíaco: el orden y el caos. Por ello tantas veces se malinterpreta a la personalidad creativa, desborda nuestro sentido común que busca continuamente tipologizar a las personas. Simplificar es, también, una forma de pereza mental y emocional.

Recuerdo la maravillosa definición de F.Pessoa: “Ser poeta no es una ambición mía, es mi manera de estar solo”. Es extraño, a veces una autobiografía cabe en trece palabras. Vivimos en una época red que tiene un peligro para el desarrollo de la creatividad: ¿dónde estamos solos? ¿comprenden nuestros alumnos la necesidad de estar solos? ¿no es la soledad un lujo en nuestra tecnologización del tiempo y el espacio? Hay un arte de la vida que cada día se valorará más: inventar nuestra soledad. Tú y ese instante que nadie conoce. Juan Ramón Jiménez, todo un poeta de la síntesis en su mejor poesía,“No corras, ve despacio, que adonde tienes que ir es a ti solo”. Alguien que no tiene una soledad productiva, es difícil que desarrolle las cinco fases clásicas del proceso creativo ( preparación, incubación, intuición, evaluación y elaboración). Un matiz importante: nuestro autor las asume como un proceso recurrente, en continua retroalimentación. Los procesos lineales son un espejismo cuando se aplican al proceso creativo. Todo profesor debería saberlo y aplicarlo metodológicamente.

M.Csikszentmihalyi  ha desarrollado el triángulo que explica la creatividad: campo, ámbito y persona individual.  Leamos sus definiciones, campo, “consiste en una serie de reglas y procedimientos simbólicos. Las matemáticas son un campo;…”. Pero además de los campos, existe el ámbito,“que incluye a todos los individuos que actúan como guardianes de las puertas que dan acceso al campo. Su cometido es decidir si una idea o productos nuevos se deben incluir en el campo”. El tercer elemento es la persona individual. Hay creatividad cuando ese creador introduce una  novedad en un campo, aceptado por el ámbito del mismo. La estrategia de M.Csikszentmihalyi en su investigación del fenómeno creativo, está resumida en esta frase, “Por eso la primera pregunta que hago acerca de la creatividad no es ¿qué es?, sino ¿dónde está?”. Una lección para aquellos que siguen pensando románticamente los procesos creativos.

Toda paradoja retrata la impotencia de un pensamiento racional. Les propongo una: la psicología de la creatividad es una línea de investigación que se desarrolla en conexión directa con la tecnología militar y el capital humano. Durante la Segunda Guerra Mundial, la necesidad de seleccionar  a los mejores pilotos ante nuevas situaciones, puso en primer plano la insuficiencia de los CI tradicionales. De ahí que J.P.Guilford empezará a estudiar la originalidad y la flexibilidad, y diera su famosa conferencia sobre la necesidad de la creatividad como objeto de estudio de la psicología en 1950. Gracias al gran Guilford, hemos incorporado el pensamiento convergente y el pensamiento divergente, como lenguaje psicológico y pedagógico.  M.Csikszentmihalyi nos lo cuenta en su “Creatividad. El fluir y la psicología del descubrimiento y la invención”: nada más terminar de leer estas palabras, vayan a él. Un detalle que siempre me ha llamado la atención: hay dos tipos de libros. Unos donde las citas son prescindibles, otros donde son cuerpo del texto. En nuestro caso, las leemos con devoción. Les propongo otra del mismo libro: “ Entre los psicólogos, Howard Gruber ha afirmado con frecuencia y elocuencia que siempre confundimos las cosas al aplicar el término “creativo” a chicos inteligentes y a personas que responden los test con mucha labia (…)”. Aprendamos la advertencia: no es lo mismo un sujeto creativo que un sujeto brillante o ingenioso…

Hace poco más de un año, desde INED21 enunciamos la necesidad de introducir la competencia creativa y la competencia emocional. Es necesaria una transformación radical del currículum y de la competencia metodológica del profesorado. ¿Por qué? Porque como lo analizamos hace tiempo, la creatividad necesita reciprocidad, solo habla su mismo lenguaje. No podemos establecer escuelas creativas, hasta que nos atrevamos a cambiar y profundizar en nuestra imaginación didáctica. En  “Mentes creativas”, H. Gardner, aparte de otras muchas consideraciones, identifica tres elementos básicos para explicar la creatividad: la relación entre el niño y el maestro, la relación entre el individuo y el trabajo al que está dedicado y la relación entre el individuo y otras personas de su mundo. Es una responsabilidad concreta: hagamos que ese maestro pueda entrar en nuestra escuela. Podemos, me está diciendo M.Csikszentmihalyi esta tarde…