La Inclusión educativa nos enfrenta a la valoración de las diferencias: no sólo las de los niños, jóvenes y adultos –que recibimos en la escuela–; sino también las de las voces de todos los colectivos cuyos conocimientos, investigaciones y aportes a la educación son susceptibles de difusión. En este sentido, el Sistema Educativo debe reconocer lo complejo, lo particular y definir objetivos comunes.

Que la escuela debe ser inclusiva no se nos plantea como una discusión; porque se trata de una institución que tiene capacidad de respuesta, frente a la diversidad y la necesidad; el desafío es la superación del plano hipotético de lo discursivo, para pasar al plano real de las prácticas.

“La escuela es la confrontación construida con la alteridad. La organización del descubrimiento de que existe “algo” en otra parte. Un descubrimiento harto difícil, ya que la propensión de cada uno a reducir el mundo a su universo personal es muy grande. Un descubrimiento que nunca se acaba, ya que lo infantil nos sigue de cerca, nos lleva a rechazar lo que no nos pertenece, lo que no nos quiere o lo que no nos concierne”

Philippe Meirieu (Carta a un joven profesor)

UNA-SOLA-ESCUELA-PARA-TODOS-Magazine-INED21

INCLUSIÓN  VERDADERA

La inclusión verdadera no se instala únicamente a partir de normativas, sino que se debate en el plano de las políticas, las culturas y las prácticas y es por eso que constituye un desafío de y para todos. No se trata de normas o medida excepcionales, se trata de adoptar un modelo de currículum que facilite el aprendizaje de todos en la diversidad.

La escuela inclusiva es aquella que tiene lugar para todos, y eso significa pensar en un lugar vacío a construir con cada niño, con cada joven que llega; a quienes debemos:

  • Alojar.
  • Educar.
  • Ayudar a aprender con felicidad.

En este orden de cosas, las escuelas inclusivas garantizan la igualdad de oportunidades y la plena participación, contribuyen a una educación de calidad, fomentan la colaboración entre todos los miembros de la comunidad educativa y constituyen la base de sociedades más inclusivas y democráticas.

POLÍTICA  EDUCATIVA

Desde la política educativa, impulsar la inclusión conlleva la escucha activa de voces que expresen distintas perspectivas, que sumen en la diferencia, y cuyos aportes construyan –desde la adversidad– un puente para mejorar el aprendizaje y la participación.

La inclusión es ‘acción orientada a eliminar o minimizar las barreras que limitan el aprendizaje y la participación de los alumnos’. Tales barreras no se encuentran –únicamente– dentro de las escuelas; sino también, en las sociedades, en el sistema.

Por ello, es importante revisar nuestra perspectiva sobre los diferentes tipos de diagnóstico. Éstos nos deben permitir conocer información acerca del niño; pero no para estigmatizarlo –claro está–, sino para hacerle un lugar en la escuela.

ACEPTAR LA DIVERSIDAD

Los profesores deben aceptar la diversidad y trabajar con un repertorio de estrategias que la contemplen, trabajar sobre los obstáculos que impiden el aprendizaje. Del mismo modo, también se deben diseñar situaciones de aprendizaje que sean significativas, partiendo de la consideración de que el desarrollo personal y social del alumno es tan importante como su desarrollo cognitivo.

Los invito a que aprendamos como escuela, familia y comunidad a hacerle un lugar a todos; porque los niños acompañados de adultos comprometidos valoran y aprenden en la diversidad. El desafío –insisto– es reestructurar la cultura, las políticas y las prácticas de las instituciones educativas, para que puedan atender a la diversidad. Así, tendremos la escuela inclusiva que necesitamos todos en nuestra ciudad y en nuestro país.

POST SIMILARES

  • La escuela vive una situación contradictoria en la que al final priman más los resultados que los procesos, y se buscan todo tipo de fórmulas y de apaños, para mantener la ilusión o la apariencia de que se atiende a la diversidad, cuando lo que se está practicando son distintas formas encubiertas de selección, acompañadas de una tendencia creciente hacia la igualación a la baja.

    Por citar algunos ejemplos: las exigencias se reducen para que haya más que las puedan satisfacer; los profesores tienden a delegar su responsabilidad en los especialistas y solicitan que los alumnos con dificultades manifiestas sean atendidos privadamente, fuera del aula; cuando es posible, los grupos se dividen en otros grupos más pequeños, buscando que el nivel académico de los alumnos sea lo más homogéneo posible o intentando aislar o neutralizar los alumnos más problemáticos o conflictivos; mientras que la ley lo permita, se busca el momento más idóneo para que los alumnos repitan curso, con la esperanza de que maduren, se solucionen sus dificultades o recuperen el retraso. Incluso los padres son selectivos, buscando aquellos colegios donde consideran que es más alto el nivel y menor la conflictividad, lo que dichos colegios consiguen a base de seleccionar los alumnos que contribuyan a ello y denegar la plaza a aquellos que no se ajustan a cierto perfil. Todo ello sin cuestionar la premisa principal: para seguir estudiando, una vez terminada la enseñanza obligatoria, es necesario haber demostrado que se saben ciertas cosas.

    Y cuando no se demuestra se culpabiliza a la escuela, que al ser inclusiva lo tenía que garantizar y no ha hecho todo lo que debiera para conseguirlo, obviando la responsabilidad de los propios alumnos, sus familias y el resto de la sociedad.

    http://www.otraspoliticas.com/educacion/%C2%BFinclusion-o-seleccion

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