Un país educado presupone

una sociedad educada

EL BUEN COMPRADOR

A mi modo de ver estamos lejos, pero eso sería también un acicate. Si desde la sociedad y desde la política lo enfocamos bien no podemos aburrirnos, hay mucho sentido por delante para muchas vidas. Todas las que vengan.

El otro día hablé de la política. Yo también empiezo la casa por el tejado. Todos los que criticamos al gobierno somos políticos en potencia y merecemos críticas como ellos. La voluntad política no es la de ellos, es la nuestra. La sociedad es lo primero, aunque sea de consumo. Si la política también la hemos convertido en un producto de mercado y los políticos quieren vender, los consumidores hemos de exigir productos de mejor calidad y saber qué queremos.

Las compañías adoran a los tecnófilos que compran todo lo que sacan, pero el buen comprador es el que sabe adaptar el consumo a su sentido propio de la vida, a las funciones que efectivamente le darán bienestar y satisfacción mucho después de haber adquirido.

EL BUEN CONSUMIDOR

una-sociedad-educada-ined21

El buen consumidor no puede pasarse la vida haciendo rúbricas o tablas de especificaciones, usa la intuición. Según el profesor José Antonio Marina, la intuición es ese sentido común informado de forma subconsciente por todo nuestro saber y nuestra cultura. El brazo de Rafa Nadal resuelve ecuaciones lineales y no lineales sobre la marcha. Igual sus piernas y todo su cuerpo. Ellos no lo saben, pero ¡qué magníficas matemáticas hacen! Necesitamos una sociedad que juegue bien y con sentidos comunes que se entiendan bien entre todos.

En cierta manera el sentido común gobierna el mundo. Rajoy lo sabe y es lo bastante astuto para querer naturalizar el suyo. Un sentido común de legalistas, la ley convertida en última trinchera del imperio (sí, ayer vi Los últimos de Filipinas, ley o reglamento, da igual, y la vida… a su servicio; cómodo para los acomodados). Y ¿dónde se educa nuestro sentido común?

SENTIDO COMÚN

En las casas están los adultos que fueron formados por padres de preguerra o postguerra. Malos tiempos para el sentido común. La experiencia demuestra en parte que la mayoría de la gente acaba viendo el mundo de una manera razonablemente correcta a pesar de su circunstancia. Pero también dice que muchos anudan su razón con sentimientos muy liados. Eso valía para el olvidado siglo XX, pero no para el atolondrado siglo XXI. Entre el olvido y el atolondramiento, ¿quién necesita sentido común? Y con él perece la cultura. No sé si podemos fiarnos de las casas. Especialmente cuando el capitalismo más descarnado lucha por ocuparlas. ¿Quién da a sus ocupantes la fuerza mental y moral para resistir? Tal vez un gobierno educado y…

…Las escuelas, el sistema escolar, mejor dicho. Es un sistema interesante porque reúne mucha gente potencialmente interesante aunque se la haga cavar trincheras. Las escuelas son vivero de iniciativas sociales pero podrían serlo mucho más sin esa presión de los currículos. A través de ellos se cuela el capitalismo, es decir, el funcionamiento del mundo, que corre por la simple obligación de la carrera: «responder a los retos del siglo XXI (?)», la carrera como fin. Profesionales que podrían ser artistas y filósofos, se convierten en productores: los editores. Todos somos conscientes de que hay mucho trabajo también en el sistema escolar, pero nuestro sentido común no converge.

Entre el olvido y el atolondramiento,

¿quién necesita sentido común?

Al final están los movimientos sociales y los intelectuales. La acción y la opinión. La acción sin opinión nos lleva al la queja por sistema. «¡Todos contra los recortes!» «¿Cuáles?» «Todos, da igual». No ponderamos (sopesamos las cosas) porque no lo practicamos ni en las casas ni en las escuelas. No se trata de hacer más Filosofía sino de aprender filosóficamente (sin perjuicio de estudiar filosofía que entonces se entendería mejor). Dice Matthew Lipman (“La Filosofía en el aula”, Ed. De La Torre, 2014, ibooks, p. 72).

MEJORA DEL JUICIO

una-sociedad-educada-02-ined21

Los niños a los que se ha ayudado a ser más juiciosos, no sólo tienen mejor sentido de cuándo actuar o no actuar; no sólo son más discretos y considerados al tratar los problemas que se les presentan, sino que también son capaces de decidir cuándo sería adecuado posponer el tratamiento de los problemas, o evitarlos, mejor que hacerles frente directamente. Así, uno de los fines de un programa de habilidades de pensamiento sería la mejora del juicio.

Él se da por vencido en el tratamiento filosófico del currículo porque desespera de que el sistema pueda cambiar adaptando los currículos. Así que propone un parche, tal vez momentáneo.

Uno escucha los debates televisivos sobre educación y siente que se piensa tan poco y tan mal en ella que puede estar tentado de caer en la desesperanza: «…evitarlos [los problemas], mejor que hacerles frente directamente».

No ponderamos (sopesamos las cosas) porque no lo practicamos,

ni en las casas ni en las escuelas

Una sociedad educada sabe cuando hablar con reposo y cuando moverse en silencio. Una sociedad con buena intuición y un sentido común contrastado. Los gritos no arreglan mucho. Una multitud firme, tranquila y silenciosa incomoda mucho más a los acomodados porque saben que la fuerza no se extinguirá en el momento. Pero antes los movimientos no han de temer a los intelectuales. No veo por qué el Foro de Sevilla (que también está formado por intelectuales) no puede quedar con el señor Marina (intelectuales puros) y entenderse. Tampoco veo por qué la presencia de la educación en los medios no deba ser mucho más sistemática, coherente y reposada: Vivida por todos.

Pero todo movimiento, al menos en la etapa actual de la historia, requiere un liderazgo. ¿Quién está ejerciendo el liderazgo educativo ahora mismo? He de pensar en ello e informarme mejor.

Compartir
POST ANTERIORENTREVISTA A RAFAEL FEITO
SIGUIENTE POSTLA FLEXIBILIDAD DE LOS VALIENTES
Licenciado en Prehistoria e Historia Antigua. Profesor de EGB y Primária entre 1980 y 2000. Redactor de textos escolares y enciclopedias juveniles para la editorial TEXT/LA GALERA. Autor de novela juvenil. Postgrado de Edición en la UOC. Autor del proyecto Biblioteques d'Investigació Jove y del blog LLIBRE DE TEXT: L'ANCIEN RÉGIME. Miembro de la Societat Catalana de Pedagogia y del grupo "Narració i pedagogia". Actualmente retirado.