“Aprender no es el objetivo de la escuela, sino ganar; la atención nunca se centra en la calidad del pensamiento o en el rendimiento, sino en algo por completo distinto: alcanzar el círculo de los ganadores.”

John Taylor Gatto: Armas de instrucción masiva.

Imagina la línea de salida de una carrera de 12 km en la que van a participar unos 30 chicos y chicas. Ninguno de ellos ha elegido libremente participar en esta competición, pero todos saben que su futuro (laboral, pero también personal) dependerá en buena parte de su posición de llegada.

Estos chicos y chicas solo tienen en común su edad cronológica. A algunos de ellos les gusta correr y tienen buenas condiciones para ello. De entre estos, los hay que tienen talento para las carreras de fondo y otros, para las carreras de velocidad. También los hay a los que no les gusta correr, los que tienen grandes condiciones para otras actividades deportivas e, incluso, hay algunos que presentan algún hándicap físico.

A pesar de la diversidad, todos tienen que participar obligatoriamente en esta carrera de 12 km, sin tener en cuenta sus diferencias personales, ni sus intereses ni sus habilidades o talentos. Se les va a juzgar a todos bajo las mismas condiciones y se les va a exigir a todos que lleguen los primeros o su participación en esta competición se va a valorar como un fracaso. ¿No te parece que las condiciones en las que se celebrará la carrera son injustas? Ahora piensa en cómo son las escuelas.

¿Eres capaz de ver el paralelismo?

La escuela cuyo objetivo es ganar es una escuela selectiva, competitiva, pasiva y reproductiva; cuando en realidad la escuela debería de ser inclusiva, cooperativa, activa y creativa. Es una escuela que se sustenta en una premisa que suele ser falsa en demasiadas ocasiones:

Un expediente académico excelente es sinónimo de

más y mejor aprendizaje

En realidad, un buen expediente académico suele significar una buena capacidad para adaptarse al sistema: memorizar a corto plazo unos contenidos para responder un examen y luego olvidarlos.

En la escuela, todos y cada uno de los alumnos y alumnas deberían tener la posibilidad de desarrollar sus talentos y de perseguir sus sueños (o buscar su Elemento como diría Ken Robinson). En esta escuela, el nivel de exigencia en cuanto al trabajo y el nivel de lo que debe estudiarse debe necesariamente muy alto.

Hay que exigir a cada alumno el máximo de sus posibilidades. Hay que proponerle retos y desafíos que despierten su curiosidad y despierten el interés por el aprendizaje. No se trata de que los alumnos hagan solo lo que les venga en gana… se trata de personalizar el aprendizaje para exigir el máximo a todos y cada uno de ellos, pero disfrutando del proceso de aprendizaje. En esta escuela todos ganan, nadie se siente derrotado ni fracasado.

En esta escuela no se enseña a ganar,

se enseña a vivir