Llevo un tiempo acumulando sensaciones y pruebas de que la aparición de una nueva Escuela es un proceso imparable. Lento, muy lento quizás, pero irreversible. Y lo último que me ha hecho ver este fenómeno ha sido la celebración del EABE de Córdoba los días 17 y 18 de abril. Los EABE empezaron siendo encuentros andaluces de blogueros educativos pero han ido evolucionando y se han convertido en encuentros de personas (la mayoría docentes, pero no sólo docentes porque también van acudiendo familias, asociaciones y colectivos, alumnado, etc.) ilusionadas con la Educación y con otro modelo de Escuela y de aprendizaje. En los EABE se pone en juego la inteligencia colectiva para ofrecer soluciones y alternativas, se pueden comprobar experiencias educativas que demuestran claramente que ya llevamos mucho camino recorrido y predomina la formación horizontal, informal y cercana donde el protagonismo es de todos los asistentes. Que, por cierto, cada vez son más y cada vez aparecen nuevas y nuevos docentes que nos van dando el relevo a los más veteranos. O mejor, empiezan también a acompañarnos.

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Fotograma de la película: Forrest Gump

Reflexionado sobre el encuentro, se tiene esa sensación descrita más arriba, la sensación de consolidación de este movimiento de renovación, e incluso de disrupción educativa. Por la ilusión, por la cantidad de buenas prácticas, por la necesidad de compartir y colaborar y por los comentarios sobre las pegas encontradas que no pueden con la decisión tomada de cambiar de una vez por todas las dinámicas de trabajo en las aulas. Sí, en las aulas. Allí donde los cambios apenas parecen que llegan. Allí donde se testa el éxito o el fracaso de las iniciativas innovadoras. Y por eso el proceso es imparable, porque ha llegado a las aulas para quedarse y extenderse.

Sin embargo, los que llevamos ya tiempo en esta tarea y los que empiezan ahora, sabemos que hay pegas y obstáculos. Muchos inventados o fingidos, que se manifiestan como mantras o mitos difíciles de vencer, como la oposición de las familias, del alumnado o de la administración. Eso, y perdonen la crudeza, sólo se lo creen ya los que no quieren moverse de sus zona de confort. Los que sí lo hemos hecho y lo hemos llevado al aula desde hace tiempo sabemos que contamos con las familias, con el alumnado y con la administración. Puede que los verdaderos obstáculos estén cerca, pero son otros.

Uno, quizá el más importante, es la propia Escuela. Una Escuela cerrada, industrial, inflexible, academicista y cuyo objetivo es la consecución de títulos y de notas. Su estructura apenas permite cambiar horarios, espacios, objetivos y cierra la puerta así a muchas iniciativas innovadoras. En definitiva, con el modelo de Escuela que tenemos es muy difícil cambiar porque la propia Escuela, debido a su organización inflexible y falta de reflejos, lo impide.

De este principal obstáculo derivan los demás: las direcciones que dificultan proyectos de aprendizaje, docentes temerosos de cambios que le hagan perder el control del aula, familias que no entienden esos cambios, alumnos inseguros ante las nuevas posibilidades de aprendizaje y administraciones faltas de decisión y llenas de incoherencias que dicen fomentar la innovación pero que no quieren problemas ante el choque de intereses entre los objetivos actuales de la propia Escuela (títulos y notas) y los que vendrían definidos por la Escuela del cambio (aprendizaje autónomo y mayor relación entre el aprendizaje formal y el informal).

Pero, a pesar de los fuertes obstáculos, hay esperanza porque hay ilusión. Pero también hechos, datos, proyectos y experiencias que lo refrendan y que hacen ver que otra Educación es posible, que otra Escuela es posible y que otro Aprendizaje es posible.

Por eso, el proceso es imparable.