Somos muchos los que nos dedicamos a la enseñanza. Muchos tipos de docentes: jóvenes y no tan jóvenes, mayores, con poca o mucha experiencia, pero cada cual con una personalidad propia reflejada en las caras de sus alumnos. Cada docente tiene una actitud, unas capacidades o intereses que le hacen diferente o igual al resto de colegas.

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Los cambios sociales y tecnológicos provocan la coexistencia de docentes anclados en metodologías tradicionales junto a otros que experimentan con metodologías activas. Podemos encontrarnos con profesores que han tecnificado altamente su docencia junto a otros que se resisten a cualquier nueva tecnología si no es por imposición o vergüenza propia.

Afortunada o desafortunadamente, no todo es blanco o negro. Podemos encontrar profesores que hacen un uso básico de la tecnología pero que basan su práctica docente en metodologías activas: proyectos, clase invertida, trabajo colaborativo, etc. Y, por otro lado, profesores muy amantes de las TIC que siguen, pese a todo, con una enseñanza tradicional donde el alumno se dedica a escuchar, tomar apuntes y memorizar un temario para unos exámenes finales.

Observo incluso unos pocos docentes muy experimentados con el uso de la tecnología educativa que parecen querer volver a técnicas más manuales, artísticas o menos computerizadas: gusto por la lectura en papel, más tiempos de desconexión a Internet, interés por las manualidades, etc. Docentes de vuelta que, si estuviéramos hablando de una competición de atletismo, habrían doblado al resto de participantes, volviendo en algunos aspectos de la enseñanza al punto de partida.

Luego tenemos docentes polémicos, comunes, ególatras, colaborativos, interesantes, a la defensiva o al ataque, aburridos, motivados, nerviosos, estimulantes, críticos, conformistas, amistosos, clasistas, bien o mal humorados, amantes de su profesión o resignados, estrictos, pacientes, etc. Al final, disfrutamos o padecemos tantos tipos de docentes como personalidades humanas. Incluso aparecen hoy día, junto a las redes sociales, los docentes amantes del postureo que muestran su personalidad o actividad docente igual que harían con un desayuno en Instagram.

Catalogarse o calificarse como docente me parece algo sano. Como profesor merece la pena realizar autocrítica de nuestros comportamientos, actitudes y tipo de relación con nuestro alumnado. Ser un tipo cualquiera no es difícil, pretender ser un docente inolvidable es una aspiración aconsejable pero también al alcance de todos.