Son las siete de la mañana de un sábado de finales de octubre, aún está amaneciendo, el termómetro marca los cinco grados positivos, pone un pie en el frío suelo y el contraste con la confortable manta es aplastante. Sus dudas, sus tentaciones de quedarse en la cama son grandes, pero sabe que para estar en forma la próxima primavera ha de salir a rodar por las heladas carreteras de su ciudad… así que, dejando atrás perezas y conformismo, sale a pedalear un día más…

OCTUBRE-INED21

Si el entusiasmo va ligado a un futuro ilusionante y lleno de retos, como intenté exponer en el primer escrito que hice en este magazine educativo, la constancia es lo que hace que el presente sea una semilla que, con el tiempo, brotará en forma de objetivos y sueños cumplidos.

Constancia, según la Real Academia de la Lengua, significa ‘firmeza y perseverancia del ánimo en las resoluciones y en los propósitos’.

Si nos ponemos a pensar (ejercicio que deberíamos hacer a menudo en nuestras aulas), la vida de cada uno está colmada de sueños por lograr, metas, objetivos e ideales.

Cuando nos proponemos alcanzar una meta, vemos que el trayecto a seguir no se distingue por ser llano, por tener fuertes descensos (volvemos al símil de la bicicleta), al contrario, está lleno de dificultades, fuertes subidas con altos porcentajes, piedras que nos provocan desalientos, pinchazos inoportunos, desafíos, retos, que debemos intentar superar con determinación, esfuerzo y perseverancia.

La constancia va muy de la mano del éxito educativo, sin constancia no puede haber adquisición de hábitos, sin hábitos no puede haber aprendizaje significativo, sin aprendizaje significativo no puede haber competencias adquiridas. Pero, en todo caso, vayamos al núcleo central de esta propuesta de reflexión: La constancia del docente (sin esta habilidad, se me hace difícil pensar que muchos alumnos puedan llegar a metas educativas reseñables).

¿EN QUÉ MOMENTOS PONEMOS EN PRÁCTICA ESTA HABILIDAD?

En primer lugar, por ejemplo, en el día a día, al llegar a la escuela, en nuestra comunicación verbal y no verbal al saludar a nuestros alumnos o a nuestros compañeros. Ese saludo cordial, acogedor y entusiasta, no siempre es fácil, ya que todos tenemos una historia fuera de la escuela que puede provocar que no siempre lleguemos a ella con los mismos ánimos, pero si logramos mantener una constancia en esa acogida inicial, nuestros alumnos encontrarán en nosotros esa figura con quien estar a gusto y acogidos.

Constancia en nuestra manera de dirigir al grupo. No hay mayor error en una gestión de grupos, y más en escolares, que aquel docente que no es constante en sus decisiones, que un día es el más exigente del mundo y al otro el más benevolente, que un día sanciona por un respiro y al otro pasa por alto un altercado, ser constante en tu manera de dirigir, de exigir, de alabar, de sancionar, provocará que los alumnos sepan de que pie calzas como docente, sabrá tus límites, sabrá hasta dónde quieres llegar y hasta donde pueden ellos llegar. Una de las mayores dificultades como maestro actualmente es la disciplina, y uno de los caminos que pueden conducir a ella es la constancia de las decisiones y acciones de un docente (nada que ver con ser serio, duro, recto e inflexible).

Constancia en la metodología. Estamos en tiempos de cambios educativos, no descubro nada si constato que en pleno siglo XXI hay aspectos de la educación que han de evolucionar, de estar enquistados en métodos pasados hay que pasar a hacer una revolución en toda regla. Pero esa revolución pasa por la formación del profesorado, por exigirnos un plus de constancia para llevar a cabo ese cambio educativo, un plus de constancia para salir de nuestra zona de confort y descubrir nuevas maneras de hacer. ¡¡¡Pero peligro!!! Este cambio educativo, esa nueva manera de enseñar (dígase proyectos, flipped clasroom, trabajo cooperativo…) ha de ir ligada a este primer proceso de formación del profesorado, no creo que sea adecuado lanzarnos hacia nuevas propuestas metodológicas sin antes un proceso de formación previa. Cuánto daño podemos hacer a nuestros alumnos si les proponemos nuevos retos educativos sin antes nosotros estar preparados para ellos, les estaremos proponiendo algo, que sin dudar iremos dejando con el tiempo ya que la constancia quedará en un segundo término cuando no sepamos hacia donde ir o dirigirnos. Me indigna enormemente, el despilfarro económico que muchas escuelas hacen en dotar a sus clases o alumnos de ordenadores, pizarras interactivas, tablets… sin antes una formación para poder sacar el máximo uso educativo a ellas.

En definitiva, soy un firme defensor de la constancia como clave del éxito del profesorado, mantener la constancia en tus acciones, en tus deseos de formación, en tus comportamientos, provocará una mejora del ambiente académico y una mayor repercusión positiva en el alumnado.

A la vuelta, después de más de tres horas encima de la bici, ya no recuerda las ganas que tenía de quedarse en cama, de la pereza al levantarse, del frío al salir a la calle, de los dolores de huesos al dar las primeras pedaladas, el subidón es tal, que sólo recuerda la satisfacción por haber logrado un día más escalar ese puerto de montaña, el dolor de piernas le provoca un estado emocional tan grande que cierra los ojos y disfruta imaginando los nuevos retos que tiene por delante, y no tiene ninguna duda… mañana más.

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