A menudo me acosa,  como maestro, la

sensación de NO exprimir a mis alumnos y alumnas al máximo.

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Verán, una de mis máximas como docente es que debo sacar a la luz todo el potencial posible de cada uno de los pequeños a los que doy clase. Cada cual en su medida y forma. Sin embargo, con tantos objetivos, competencias, deberes, tareas, actividades extraescolares, etc. Resulta casi imposible que el alumnado llegue con la motivación y las ganas necesarias para exprimirse. Con este problema tan enorme entre manos, no me queda más remedio que aplicar la técnica del N-1; es decir, simplifiquemos la tarea, descompongámosla en fragmentos asimilables. Así pues, ¿qué es lo que más me urge hoy?

Hoy, la productividad.

Muy probablemente estén hartos de escuchar hablar sobre la Ley de Parkinson (esa que nos dice que el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para ella). Sin embargo, como maestro, creo que es uno de los pilares básicos para una educación integral. Es decir, ¿para qué enviar tareas repetitivas que ocupen toda la tarde, día tras día, cuando podemos realizar inputs realmente efectivos en espacios de tiempo mucho más breves? El ejemplo más usual que encontramos en cualquier centro probablemente sea el de hacer una lectura obligatoria para la que se tiene un trimestre y que se procrastina hasta la última tarde disponible, en la cual: o bien, se copia la tarea de uno que sí haya leído el libro (cosa cada vez más rara de encontrar); o bien, se miran resúmenes en la red y se hace un mix de copy and paste y listo.

En esta situación, por cierto, se dan dos casuísticas negativas bastante usuales por desgracia: la primera, el mal fomento de la lectura (de la que hablaremos otro día) y la citada procrastinación. Si los alumnos van a realizar la tarea el último día a última hora, ¿la diferencia entre darles tres meses y darles una semana cuál es? Exacto, que si les doy una semana o dos solamente, podré enviarles todavía más. ERROR.

Que no, que lo que pretendemos es hacer mejor con menos esfuerzo; no hacer todavía más. Solemos olvidar que la tarea primordial y la única preocupación de los niños y niñas debería ser el juego, y no abarcar conocimientos a mansalva.

Que no. Que yo quiero alumnos dispuestos a aprender, con hambre de conocimientos y de que quieran beberse mis palabras. Pero si acaban su jornada escolar y además los machaco con más tareas de enfoque “productivo” es simple cuestión de tiempo que aparezca lo que llamo burn out educativo.

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La productividad educativa –para lo que uso la ley del señor Parkinson– tiene como fin mejorar mis horas lectivas y algún momento en la tarde, de manera que deje el máximo tiempo libre a los niños y niñas para su uso personal y disfrute. Para despejarse. No para que se levanten pensando en el colegio y se acuesten pensando en el colegio. Una vez más:

Que no, que esa NO es la función de la escuela.

  • Josep Maria Turuguet Salgado

    Recuerdo que en mi escuela había una norma, que los deberes se daban de una semana para otra, de miércoles a miércoles, por ejemplo. La coartada era que usasen la agenda, aprendiesen a organizarse y no pudieran quejarse de inmediateces multiplicadas por cada asignatura. “¡Es que todos los profes ponen deberes para el mismo día!”. La verdad es que procrastinaban (he leído la palabra varias veces y tengo que buscarla siempre) bastante. Con ello se rompía la dinámica natural de lo que se estaba haciendo y se creaba una dinámica burocrática. Pero es que todo era bastante burocrático. Creo que lo sigue siendo. De todas maneras, no será fácil airear la mente de alumnos que ya tenemos “burocratizados”.

    • Alejandro Montaña Sola

      La herramienta de la agenda como organización está bien (yo mismo no vivo ya sin mi Evernote), el problema es que no se explica su uso correcto. No basta con apuntar la fecha de entrega; hay que enseñar a planificar las tareas para que, cuando llegue esa fecha, estén realizadas. Y esto es lo que no suele explicarse en la escuela. En mi opinión, es muchísimo más útil a nivel funcional y para interiorizar habilidades núcleo el enseñar a planear correctamente por semanas día a día: el lunes tengo que hacer el borrador de la redacción; el martes, dibujo; el miércoles, dos actividades de matemáticas y pasar a limpio la redacción,…
      ¡Gracias por comentar!

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  • Jose Blas

    Me uno a las palabras de Josep , en el sentido de que no será fácil airear la mente de alumnos que ya tenemos “burocratizados”. En realidad creo que el error está en pensar que el alumnos tiene periodos de aprendizaje y periodos de descanso. Quizás tenga periodos de aprendizaje formal y otros de aprendizaje informal, pero en realidad, ninguna persona, (niños y jóvenes incluidos) tiene “cortes de luz”. El aprendizaje es permanente, continuo … y para toda la vida. No dejamos de aprender dentro y fuera del aula. Por tanto, se trata de unir una cosa y otra. Lo de la escuela, con lo de fuera de la escuela. Los alumnos no tiene vidas paralelas, su vida es una. Leer un libro, ver un í escuchar una audición …dejan de ser deberes cuando forman parte del interés suscitado en el alumno. Son tareas, de hecho, que realiza constantemente. Cuando dejamos de “dar clase” y nos ponemos a promover la curiosidad, no hay que imponer deberes, los alumnos ya no necesitan nuestras palabras porque buscan, contrastan y crean las suyas, …incluso fuera del aula.

    • Alejandro Montaña Sola

      No puedo estar más de acuerdo. No podemos o no debemos pensar que solo se aprende en la escuela. Tal vez, por madurez de los alumnos podamos distinguir aprendizajes más “pesados” que otros , pero en mi opinión no cabe duda que el error está en el enfoque que le estamos dando a la función del colegio. Precisamente de este enfoque hablaré en mi próxima entrada, de como el colegio y lo que allí se enseña se ha distancia “demasiado” de la realidad del contexto social.

      Gracias por el comentario.

  • Isabel Almajano

    Alejandro me ha encantado tu post. Ojalá la mayoría de los profesores lo vieran como tú!!!
    Parece como si el objetivo final fuera llenar las horas y no que los alumnos aprendiesen.
    Me parece fundamental dejarles tiempo para jugar, y yo diría como Jose, para aprender. Porque ahí está el famoso 70/20/10 en cuanto a como se produce su aprendizaje.
    Los docentes nos ocupamos del 10%, de la parte formal. El 20% de ver lo que hacen otros, pero ese 70% de su aprendizaje lo obtienen de la vida real, de experimentar, de hacer, por eso necesitan tiempo libre, y no que con ese 10% de aprendizaje formal se les ocupe todo el día.
    ¿o queremos alumnos que se queden solo con el 10% o a lo sumo 30% de su potencial?
    Saludos

    • Alejandro Montaña Sola

      Muchísimas gracias por tu comentario. Creo que cada vez más somos los docentes que tenemos este tipo de visión, por suerte, y esta página es una muestra de la evolución educativa. Como le puse a él, estoy completamente de acuerdo; poco más se puede añadir sobre el enfoque (¿erróneo?) que se le está dando a a ese 10%. Me gustaría conocer tu opinión del próximo post (en principio el día 6 se publicará) que va en este mismo sentido también, aunque profundizo más en los aspectos metodológicos.

      Saludos

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