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EL CONSUELO

Arte de hacer bien al alma

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UNA GENERACIÓN DE AISLADOS

Estamos entrando en una fase, de gran crecimiento científico. La gran cantidad de innovaciones técnicas, de comunicación y de ocio, hace que las personas se aíslen, pierdan el contacto con los demás. Nos convertimos en una generación de aislados, no por nuestra voluntad, sino porque es la sociedad la que nos lleva a ello. Lo que conlleva a crear soledad, desconfianza, lo que produce en nosotros frialdad, dando lugar a un rechazo hacia la gente que nos rodea.

Nos hemos olvidado de que hay ocasiones en que necesitamos a la gente, porque nosotros mismos no somos capaces de arrancar. Necesitamos ser consolados, y esto es lo que nos dice Irmtraud Tarr en su magnífico libro “El consuelo, el arte de hacer bien al alma”.

El sentido del consuelo es unirnos, crear lazos profundos entre nosotros. Porque nuestro Fin como personas es llegar a saber relacionarnos con los demás.

¿Hay algo más importante en el mundo?

Pero hay que ser valiente para admitir que necesitamos a los demás y que los demás nos necesitan. La vida es dura incluso la cotidiana y necesitamos pruebas de que no estamos solos para afrontarla.

Como mujer que es, dice que el consuelo se da más en este sexo que en los hombres. Tiene que ver con la capacidad de empatizar, de sentir con el otro.

A veces los hombres creen que deben dar consejo, buscar una solución práctica… Ven un problema y sienten que han de resolverlo. Pero no es necesario. El consuelo es otra cosa, es estar ahí, acompañar, abrir un espacio para que el otro haga y diga lo que quiera, para que se plantee preguntas, se enfrente a sus problemas y les dé las vueltas que haga falta. A veces, ni siquiera es necesario hablar. Es suficiente con mirar o con estar presente y emitir la señal que el otro espera:

«Puedes contar conmigo»

SABER ESCUCHAR

La importancia de escuchar, sí, nada funciona si no se escucha. Y escuchar es algo muy difícil. Se trata de concentrarse en lo que está diciendo el otro, de permitirle silencios, de no caer en la trampa de estar buscando cómo reaccionar, qué decir, qué preguntar, qué aconsejar… Escuchar es poner atención a lo que el otro dice, abrirse totalmente a él, tratar de comprender lo que está diciendo y sintiendo, percibir lo que dice, lo que no dice y lo que quiere decir. Cada persona es distinta.

Debemos escuchar en silencio, poner toda nuestra atención, porque implica sentir verdadero interés por la persona que se tiene delante, hacerse receptivo con todos los sentidos: con los ojos, con los oídos, con las manos, y sobre todo con el corazón. Cuando se escucha así, sin querer saberlo todo inmediatamente, sin analizar, permitiendo que el otro nos llegue al corazón, se descubren más cosas que cuando uno simplemente se fija en lo que está diciendo el otro. Hay una diferencia sutil. El silencio activo permite oír, percibir y escuchar de una forma más fina.

Muy importante también en el consuelo, es darle tiempo, estar a su lado, sin prisa esperar. Es el mejor regalo que se le puede hacer a una persona que necesita consuelo: darle una parte del tiempo de nuestra vida. Basta con dedicarle un rato más de lo habitual, que es como decirle: tengo tiempo para ti, te escucho, puedes desahogarte». El simple hecho de estar ahí ya ayuda. Lo importante es el calor que se transmite a través de una caricia, una mirada… le estamos diciendo a la persona que pensamos en ella, que nos sentimos cerca de ella, que nos gustaría apoyarla, protegerla.

ERRORES

¿En qué errores caemos al intentar consolar? Como nos sentimos impotentes, tendemos a querer sacar al otro lo antes posible de su dolor. Le decimos: «no estés triste», «lo superarás», «ahora has de ser fuerte», etc. Nos cuesta soportar el sufrimiento. Pero hemos de contener este impulso automático de salvación, porque el consuelo se basa justamente en respetar el dolor del otro, en ofrecerle la posibilidad de sentirlo. No hay que disimular ni negar las circunstancias, sino dedicar a la persona tiempo, afecto y atención, abrir un espacio para que pueda encontrarse a sí misma. Y para que sepa que alguien la está viendo y escuchando.

El consuelo se basa justamente

en respetar el dolor del otro

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No hay que atosigarlo, hay que permanecer a su lado, haciéndole saber que cuando él esté dispuesto, cuando sienta que quiere o que ya puede afrontar su dolor, podrá encontrarnos, porque seguiremos ahí. En los silencios y las pausas del otro merece la pena esperar y no precipitarse.

EMPATIZAR

No debemos subestimar la Importancia de ponerse en el lugar del otro, empalizar. Es muy importante a la hora de consolar, ser empaticos con la persona a consolar: tenemos que percibir el lenguaje no verbal, lo que el otro expresa con su cuerpo, sus gestos y sus palabras, sin interrumpirle, conteniéndose un poco y renunciando a sacar conclusiones. Nunca debemos dar consejos, hablar, contar nuestras propias historias que no tienen nada que ver con lo que la persona siente en esos momentos. Se puede desarrollar la capacidad de percibir las necesidades de los demás en las señales que nos hacen y en su forma de pedirnos las cosas. Hay que estar atentos, porque constantemente nos estamos cruzando con peticiones de otras personas.

¿Qué podemos ofrecerle a las personas que necesitan consuelo?

Un abrazo

El animal humano necesita del contacto físico para su bienestar. El abrazo es una forma muy especial de tocar”

Se dice que un abrazo:

Es un instinto, una respuesta natural a los sentimientos de afecto, compasión, alegría

Alivia el dolor, la depresión y la ansiedad.

Ahuyenta la soledad.

Aquieta los miedos.

Abre la puerta a los sentimientos.

Aprender a tocar

Acariciar el pelo, ofrecer un hombro, coger la mano… El simple contacto físico establece un vínculo, transmite serenidad y apoyo, que el otro percibe de inmediato.

Lo que te salga del corazón

Muchas veces el mejor consuelo es decirle a alguien que nos importa mucho, que queremos lo mejor para él o que nos preocupamos por él. Lo importante no son tanto las palabras sino la energía psíquica que hay detrás de ellas. Tendemos a querer decir «lo correcto» pero siempre es mejor escuchar el corazón y buscar las propias palabras.

El silencio

El silencio es una de las experiencias más hermosas e intensas que una persona puede compartir con otra. Puede consolar muchísimo. Deberíamos confiar más en la fuerza del silencio, porque a menudo es el único lenguaje que es capaz de llegar al corazón de las personas que sufren. Hay que aprender a esperar, escuchar, sentir, no impacientarse.

¿Qué hacer si el otro llora?

Dejarle llorar y no interrumpirle. No podemos eliminar el dolor de otra persona; ese dolor es suyo. Pero con nuestra presencia podemos hacer que le resulte más llevadero. Sentirá que estamos junto a ella. Posiblemente llorar es el primer signo de que el dolor quiere desaparecer. Libera, deja que los sentimientos empiecen a fluir.

A quién recurrir para solicitar consuelo

Muchas veces son los amigos quienes nos consuelan, otras veces la familia pues como dice Tarr en su libro “la familia siempre esta ahí como ancora de salvación, la que, en su función y en su necesidad, es la verdadera garantía de ayuda y reciprocidad”.

A veces nos movemos solos

A lo largo de la vida, pasamos momentos dolorosos, momentos cargados de soledad, de vació interno y que tenemos que pasar solos, Si tienes una buena relación contigo mismo, sacas fuerzas y consuelo. Porque además los otros solo confían en ti en la medida en que tú ya lo haces. Se puede aprender a ser amigo de uno mismo, debemos darnos aliento sin caer en el desanimo, Cada uno tiene que buscar sus propias fuentes de consuelo.

SUGERENCIAS

Irmtraud Tarr” en su libro nos da algunas sugerencias.

Las personas tenemos necesidades de imágenes “padres, amigos etc.” estas imágenes interiores con las que hablamos aunque sea interiormente, nos darán lo que necesitamos.

Otra forma sería escribir un diario.

Escribir poemas puede también ser una manera de consolarse uno mismo, son formas creativas de comprenderse y así de conocerse y consolarse.

Guardar aquello que nos dio alegrías alguna vez, “una carta de amor, un poema que nos llenase, una foto, etc., y así sacarlas cuando necesitemos consuelo.

Mi espacio, sea un sillón una habitación. Un espacio que sea nuestro.

Concentración, aunque sea haciendo las tareas cotidianas, con lo que nos tranquilizaremos y podemos meditar.

Hacer ejercicio físico, pasear.

Escuchar música, alimenta el alma.

Leer, con la lectura podemos experimentar todos los sentimientos.

Adoptar un animal doméstico.

Salir a la naturaleza, en ella nuestros pensamientos negativos se trasforman, interpretamos las cosas de distinta manera, mas positiva.

Saquemos nuestras pinturas y lápices de colores y dibujemos, dediquemos parte de nuestro tiempo a pintar, saquemos de nuestro interior aquello que este deseando salir al exterior.

Disfrutar de los placeres que nos dan los sentidos.

Disfrutemos de las pequeñas cosas cotidianas que nos da la vida.

Un buen baño, conviértelo en un acto ceremonial.

Terminaré el artículo, con una frase que dice la autora al final del libro:

«Necesitamos consuelo

para que la mochila cargada de decepciones y fracasos

que todos llevamos en la espalda

no se haga demasiado pesada»