El sentido de la vida

EDAD CONTEMPORÁNEA

Edad Contemporánea es un epígrafe controvertido más allá del significado mismo de la palabra. ¿Cuestión de límites? En el continente, la Revolución Francesa de 1789 es un mojón tremendo, imposible de ignorar. Los británicos se pudieron permitir el lujo de ignorarlo y comenzar su contemporaneidad en el de 1914 –que ése sí les cambió la vida–.

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Pero hablando de mojones, el de “contemporánea” es bastante inconsecuente a no ser que sea ventajista. Porque parece creado para no ser cambiado. ¿Qué época no será contemporánea? Como si en una carretera se pusiera el rótulo “AQUÍ”. No engañaría nunca. Y si se cambiase dejándolo atrás crearia mucho más desconcierto del que creó el de “MODERNA”. Y eso es porque nuestra “Edad” nos plantea nuestra relación con el futuro que tal vez sea el fin profundo de la Historia.

Miramos las fotos de nuestro pasado antes de tomar

las grandes decisiones de futuro

Más allá de la discusión sobre si se vieron más cambios fundamentales en el siglo XIX o en el XX, la Edad Contemporánea será una bisagra clave entre todo el pasado y algún futuro. Vapor, electricidad, acero, ferrocarril, telégrafo, aluminio, fotografía, cine, automóvil y teléfono por una parte y genética, átomo, radio, televisión, ordenador, telecomunicaciones, astronáutica e Internet, los dos siglos juntos son la bomba. En doscientos años hemos pasado de un paradigma cuasi animal de ciclos de crecimiento y caída a uno de crecimiento exponencial que…

¿Y si estuviéramos llegando a algún final de una “prehistoria de la Humanidad”? Porque tener todo el planeta en nuestras manos y trasladar la única frontera real a la estratosfera tiene consecuencias que se empiezan a ver.

Hay “modernos” (pienso, por ejemplo, en Elon Musk) que sólo ven el futuro en un paradigma que me parece antiguo, en realidad: seguir conquistando. Es muy fácil imaginar un futuro parecido al pasado donde se enfrentan imperios comerciales (Arthur C. Clark) o compañías multinacionales (Kim Stanley Robinson) con métodos bélicos o financieros en todo el sistema solar en lugar de en Asia o África. La tecnología es lo más fácil de prever. Hasta los tecnólogos se inspiran en la ciencia-ficción. Y los escritores de ciencia-ficción en la historia, como el imperio galáctico-(romano) de las fundaciones de Asimov. Lo que pueda salir de la imbricación de millones de personas sapientes y sintientes es… tal vez imposible.

CAMINO DE INCLUSION

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Tal vez se me tome por ingenuo afirmando que la historia humana es un camino de inclusión. El problema es qué grado de inclusión puede alcanzarse en un sistema abierto, o sea, en nuestras “democracias capitalistas”. Me está resultando útil leer Los enemigos del comercio, de Antonio Escohotado. El comunista de corazón adquiere, según lee, la penosa sensación de tener que darle la razón. Estamos donde estamos gracias al comercio libre. Es el empresario quien crea mundo al arriesgar, cosa que todos sabemos aunque nos cueste admitir (sobre todo pensando en empresarios como Díaz Ferrán). Apenas estamos ensayando sistemas de empresa colectiva y sin ánimo de lucro. O sea, deseamos la igualdad o al menos la equidad, pero funcionamos en la desigualdad.

Eso recorre los siglos

XIX, XX y XXI

Comercio y Ciencia en la función, Justicia en el deseo. Marx nos hipnotizó haciéndonos creer que había convertido la justicia en ciencia capaz de domesticar el comercio. Ni siquiera conocía los genes ni las neuronas. Un malentendido del siglo XIX lanzó a muchos audaces del siglo XX a experiencias desastrosas que acababan pareciéndose a dictaduras de otro extremo. La sociedad cerrada, de izquierdas o derechas va hasta contra las leyes de la Física. Y aún en el siglo XXI hay gente que no se convence de que la equidad no es cuestión únicamente, ni principalmente, de poder.

Una revolución acaba triunfando (nunca se trata de un plumazo) cuando lo que pretende hace tiempo que es evidente para la mayoría y se sabe perfectamente como se quiere vivir después. La revolución no debe cerrar, sino abrir y para ello basarse en reglas más complejas que las que había, pero sobre todo, asumidas por la mayoría. Los liberales de 1789 tenían un siglo de experiencia exitosa. El deseo sin experiencia complicó las cosas y trajo el Terror y la Comuna de París y la revolución bolchevique y las demás.

El problema de muchos comunistas no es buscar la equidad sino no tener unos planos creíbles. El problema de muchos liberales es no buscar la equidad de corazón.

Desconfiad del liberal que se detiene en el simple funcionamiento «adecuado» de la economía. La buena fe no puede suponérsele. Pero el comunista… ¿sigue haciendo ciencia? Marx escribió en el XIX, su ingenuidad se comprende. ¿Dejará el comunista que la mejor teoria de equidad siga perteneciendo a un liberal como Keynes? Tal vez llegue un día en que esa distinción pierda sentido, pero aún no. Tal vez el liberal y el comunista acaben siendo el mismo, pero aún no.

Si la bondad del comercio se basa en el uso adecuado de la libertad y en la equidad del juicio ¿dejaremos que el tópico y el rumor sigan gobernando las voluntades como lo vienen haciendo? En las clases de Historia se habla de Política, de Economía, de Ciencia, ahora también de Cultura… ¿no habría que hablar de la Educación misma? ¿Acaso no es la Edad Contemporánea la que definitivamente ha tomado en consideración la educación de todos? ¿Los jóvenes que se alistaban alegremente para luchar en la guerra mundial… sabían lo que estaban haciendo? ¿Quién y cómo había educado a sus profesores?

¿La gente que defiende sólo su país como si fuera una isla en el mundo o una unidad de lucha imbatible… sabe lo que está haciendo? ¿Quién y cómo ha educado a sus profesores? ¿La gente que defiende sólo una buena «formación» para una buena «colocación» que le acerque a una élite… sabe lo que está haciendo? ¿Sus profesores veían el mundo en su conjunto?

ENTENDER Y AYUDAR

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El psicoterapeuta Víktor Frankl superó su internamiento en Auswitch y Dachau porque había dado sentido a su vida: entender y ayudar. Salió y siguió ayudando a entender y encontrar sentido.

Una buena escuela ayudaría, tal vez, a

no requerir psicoterapeutas

Sin duda Marx empatizó con los obreros pero no conoció al ser humano. No lo entienden los políticos de izquierdas que hablan principalmente de hegemonías, cosa que no pasa de ser un tema académico. Probablemente, el socialismo o el comunismo no es una guerra contra otro sino contra nosotros mismos. No acabaremos con los malos matándolos o «reeducándolos», sino educándonos todos. Creo que la Historia Contemporánea se hará con buena fe o no se hará. También con comercio y ciencia. Pero sobre todo con Educación. Y la educación es que:

Todos lean y que todos hablen,

sin tópico ni rumor

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