Hace cinco milenios el mundo comenzó a humanizarse. Al menos, entonces la memoria empezó a fosilizar. Hasta entonces sólo fosilizaban los huesos y determinadas creaciones humanas, pero no lo más íntimamente humano, que es el pensamiento y la identidad: yo estuve aquí, pensé, decidí, hice.

¿Había terminado la hominización? Eso nunca se acaba. ¿Y la humanización? Tampoco. Sólo se había descubierto cómo fosilizar el lenguaje. Y aún estamos en eso, porque lo humano es estar en algo. Lo llamamos “sentido de la vida” y no existe, lo traemos nosotros, uno a uno, y puede que algún día nos pongamos de acuerdo en alguno común.

DEFINIR LA HUMANIDAD

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La escritura fue la puerta de la escuela (véase Noah Kramer) y del saber. Por eso, en la historia avanzamos mientras que en la prehistoria éramos empujados. Por eso, en la prehistoria éramos más animales que humanos y en la historia, progresivamente más humanos. No pretendo sentar tesis, pero como tema de discusión no está tan mal. Definir la humanidad. ¿Origen? ¿Meta?

…lo humano es estar

en algo

¿Qué es la civilización? Ciudad, si nos atenemos a la etimología. Lo que no es naturaleza, estrictamente hablando, los héroes echan a las fieras. Donde a las leyes naturales se superponen otras nuevas creadas con la velocidad del pensamiento. La naturaleza repta, la cultura vuela. Un territorio limitado ya puede mantener a decenas o cientos de miles de mamíferos de gran tamaño. La conciencia humana se adapta a los cíclos de la naturaleza, los “comprende”. Pero inconscientemente los desborda. Ciudades, ligas, reinos, imperios. La historia es una flecha.

Una nueva fuerza se abre paso en la naturaleza:

la imaginación

El rey-dios siempre se imagina en los confines del mundo. Las comunidades son imaginadas, todas. Los orígenes son imaginados y el destino se planea. El orden cósmico es imaginado.

Tal vez hablamos poco en las clases sobre cosmogonías. ¿Cómo hemos imaginado el mundo y cómo nos ha desmentido? Tal vez toda la historia humana sea un inacabable debate entre el hombre y la naturaleza. ¿En qué medida “decidimos” ser distintos? ¿Por qué nos incomoda venir de un mono y necesitamos un padre excepcional?

IDENTIDAD Y PENSAMIENTO

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Tal vez la identidad, la autoafirmación sea el primer gran invento de la Humanidad. Tal vez, toda la Historia sea una lucha desesperada por acceder al derecho a la identidad, a la inclusión diríamos ahora. Aún hoy no puede decirse que el registro civil y el derecho a voto nos la proporcione integralmente. Gilgamesh, Keops, Quin Shi Huang…

Las primeras identidades. Mucho trabajo (¿animal?) para cimentar pocas identidades humanas. Ya al final del Imperio Antiguo egipcio detectamos las primeras revueltas sociales: “¡Estamos aquí!”.

Un grito de humanidad: éramos animales, pero ya no. Tres mil años después los esfuerzos piramidales únicos se habían disuelto en infinidad de momias con rostros pintados en madera y enterrados en las arenas de Egipto (el Fayum). Estaban allí.

La primera identidad es egoísta y egotista. El rey y el héroe sólo hablan de sí mismos. La gloria de Ramsés, la cólera de Aquiles. Pero entre esas identidades exclusivas se va abriendo paso la certeza del dolor, la compasión, la conciencia de humanidad. Tarda en salir a la superficie, pero sale.

Es asombroso asistir a esa explosión de la conciencia en apenas dos siglos. La Era Axial, como la denominó el filósofo Karl Jaspers. Entre el 600 y el 400 a. C. piensan Sócrates, Confucio, Buda, isaías… La filosofía y las religiones que han perdurado. Los dioses siguen cabalgando, Alejandro y César se convierten en ídolo y concepto. Pero lentamente avanza la inclusión, en ciudades cada vez mayores, de ciudadanos que piensan y sienten.

¿Por qué nos incomoda venir de un mono y

necesitamos un padre excepcional?

Confucio y Sócrates se convierten en fuente. Ambas cosas conviven hoy, dos mil años no son tanto. La humanidad fue fundada, pero su desarrollo es aún precario. ¿Son demasiado jóvenes con catorce años para pensar en lo que fue y sirvió o en lo que es y servirá?

JUSTICIA

¿Quién soy? ¿Qué lugar ocupo? ¿Qué me deben y a qué me debo? Las primeras leyes sumerias tienen poco más de cuatro mil años. El babilonio Hamurabbi sentó plaza en la historia del Derecho. Solón, la Ley de las Doce Tablas, quien no llora no mama. Una sociedad civilizada, no ya inclusiva. Los dioses son sagrados, los humanos, aún no.

Se mata mucho

Nadie pone objeciones aún a la ley principal del mundo, la del más fuerte. Pero al menos el animal humano empieza a traer las leyes humanas donde no las había: el Derecho, la Justicia. Pobres y pequeñas piezas primerizas de una maquinara que ha de ser formidable en algún futuro.

ADMINISTRACIÓN

La naturaleza se administra sola, insensible al dolor. La ciudad humana no lo tolera. El animal humano, llámese Calígula o Cómodo puede ser insensible y arbitrario, pero la comunidad, no. Tarde o temprano la insensibilidad despierta las defensas del animal humano, la conciencia.

La humanidad se defiende entrando en crisis. El estado romano se edificó sobre una ambivalencia primigenia: animal/humano, esclavo/ciudadano. Insensibilidad. Había que ser muy fuerte para salir adelante en una ciudad romana. El cuerpo se defendió con religión y pensamiento.

El cristianismo fue una medicina que tal vez llegó tarde y además se corrompió. Era una conciencia que venía a completar la mera inteligencia que se había derrochado en simple burocracia y milicia.

El Imperio no despertó amores ni creó complicidades, no creó anticuerpos. Más allá bullían gérmenes, vida. El cuerpo enfermó. Le hemos llamado Edad Media. El enfermo no murió, se hizo más grande y ganó algo en conciencia. En el fondo la animalidad decrecía.

ESENCIAS

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Creo que en todo esto se contienen ziqqurats y pirámides, guerras médicas y púnicas, partenones y coliseos. La Historia tiene sus contingencias y sus esencias.

¿Qué dosis de cada suministramos a niños y jóvenes? ¿Que necesitarán ellos? ¿Y si lo hiciéramos todo presente en las escuelas y dejáramos que ellos lo absorbieran? Nuestra misión es convencerles de la importancia de cada cosa.

Mi opinión es que las esencias se discuten y las contingencias se pescan. Y no tiene sentido que las pesquemos nosotros para que ellos simplemente se las coman.

SIGNIFICADOS

Mesopotamia, Egipto, Fenicia, Israel, Grecia, Cartago, Roma. Iberos, fenicios, griegos, cartagineses, romanos… ¿Qué secuencia de contingencias adoptamos? ¿Qué les contaremos a jóvenes de origen chino, ecuatoriano, iraní… sobre “su” pasado? ¿La historia de un país contingente o la de una humanidad esencial? ¿Qué abrirá más las mentes, la contingencia o la humanidad?

Para los que desarrollen vocación por la historia siempre podemos crear un taller de historias contingentes. Libros, murales, cronologías… eso puede estar a disposición y se encontrará siempre a lo largo de la vida.

Pero los significados son para la clase con profesor. Los profesores deben compartir significados en su interior, con sus colegas, y, después, con los jóvenes.

Josep Maria Turuguet
Licenciado en Prehistoria e Historia Antigua. Profesor de EGB y Primária entre 1980 y 2000. Redactor de textos escolares y enciclopedias juveniles para la editorial TEXT/LA GALERA. Autor de novela juvenil. Postgrado de Edición en la UOC. Autor del proyecto Biblioteques d'Investigació Jove y del blog LLIBRE DE TEXT: L'ANCIEN RÉGIME. Miembro de la Societat Catalana de Pedagogia y del grupo "Narració i pedagogia". Actualmente retirado.
  • A lo largo de la Historia, encontramos civilizaciones que han primado lo espiritual sobre cualquier otro tipo de inquietud o necesidad humana, y otras que han antepuesto la subsistencia y la satisfacción de las necesidades materiales sobre las manifestaciones artísticas o místicas, o que han concedido mayor importancia al arte que a la religión o la tecnología.

    Todas ellas tuvieron su momento de grandeza, aquel de máximo desarrollo de la opción elegida. Valgan como ejemplos la seguridad y el bienestar material logrados por el Imperio Romano, el esplendor artístico de la Grecia de Pericles o la espiritualidad que impregnó la Baja Edad Media y se plasmó en la construcción de las catedrales. Todas ellas, también, declinaron y desaparecieron víctimas de sus excesos, del desprecio o la poca atención a los otros componentes de lo humano.

    Esto debería hacernos reflexionar sobre nuestra sociedad y su futuro, sobre la ideología que la soporta, que no ve más allá del aumento de comodidades y seguridades, la acumulación de cosas y la preservación y prolongación de la vida. Una sociedad cuya cosmología carece de trascendencia y de poesía, que concibe al ser humano como un accidente afortunado en una evolución ciega, en una batalla perdida contra el triunfo final de la entropía. Una sociedad que sacia pero que no alimenta, que entretiene pero no satisface, que alegra pero que no proporciona la felicidad.

    http://www.otraspoliticas.com/educacion/ni-celeste-ni-terrestre